Igual que otros libros de Pedro Corral, ‘Cómicos en guerra’ es un ensayo original y apasionante que narra las vidas de actores de teatro y de cine, empresarios de espectáculos y autores durante la Guerra Civil Leer
Igual que otros libros de Pedro Corral, ‘Cómicos en guerra’ es un ensayo original y apasionante que narra las vidas de actores de teatro y de cine, empresarios de espectáculos y autores durante la Guerra Civil Leer
Los escritores ponen a veces a sus libros unos títulos aparatosos, en cinemascope, buscando el efecto: En Asia se muere bajo las estrellas, La sombra del ciprés es alargada… Los hay, por el contrario, que, de una manera llana, hacen referencia, sin más, al asunto de que tratan: Guerra y paz, Romancero gitano, Castilla… Cómicos en guerra (La Esfera de los Libros) es de estos últimos. Su autor, Pedro Corral, podría haber prescindido incluso del subtítulo: «Historias del mundo de la escena y el cine en la Guerra Civil». Un libro apasionante que va de eso, de los cómicos, como entonces se les decía: actores de teatro y de cine, empresarios de espectáculos, autores…. PCorral ha escrito varios libros de investigación sobre la Guerra Civil. El punto de vista del que parte es siempre original y a la vez de una gran sencillez: solapar el relato de los hechos históricos más o menos conocidos con el de las personas, a menudo insignificantes. Fue el tema de su Vecinos de sangre, una historia de la Guerra Civil en Madrid a través de los porteros y porteras, cuyas actuaciones durante la guerra dieron paso, después de ella, a miles de procesos y condenas a menudo tremendas.. Aquel trabajo colosal en archivos y hemerotecas le ha permitido ahora escribir este no menos fascinante sobre los cómicos. Diría que incluso lo es más, porque cuanto está relacionado con la farándula y con la vida desarreglada a que esta suele dar lugar lo reviste todo de una imprevisibilidad y colorido de lo más excéntricos.. Recordemos antes el escenario, Madrid una vez más. Sólo en Madrid (un millón de habitantes) había en 1936 cincuenta cines, una veintena de teatros, dos o tres circos, varios frontones y multitud de tablaos y cafés cantantes que ocupaban a unos miles de artistas, tramoyistas y representantes, la mayor parte de los cuales lampaban en la bohemia. La cofradía de la pirueta, la llamó Emilio Carrere.. El levantamiento de 1936 contra la República, que en Madrid fracasó, dio paso en apenas unos días a una Revolución en toda regla, Terror incluido. El mundo del espectáculo sufrió entonces las mismas sacudidas que el resto de la sociedad: los obreros se incautaron de locales y empresas, no sin antes llevar a la cheka o asesinar, en algunos casos, a los anteriores propietarios, y pusieron los espectáculos al servicio de la República. Y por supuesto: en Madrid podía faltar de comer, pero las autoridades comprendieron que no podía faltar el entretenimiento que hiciera olvidar la hambruna. Aunque los sindicatos denunciaran como derechistas a la mayor parte de las gentes del teatro y del cine, lo cierto es que, como España entera, quedaron divididas en dos mitades, y el que pudo salir de Madrid, lo hizo, y al que no le quedó otra, se hizo con un carnet de izquierdas, lo que dio lugar, después de la guerra (como en el caso de los porteros), a infinidad de procesos inculpatorios.. Y aquí entra PCorral con su batería de vidas alucinantes: Pepe Isbert, doña Concha Piquer, Estrellita Castro, Margarita Xirgu, Pastora Imperio, La Argentinita, Lola Membrives, el miliciano de Vicente Aleixandre y cien más, actores y coristas, payasos y meritorios, domadores, tanguistas y señoritas pelotaris, delatores, impostores, pícaros, envidiosos…. Desde la historia de la hija de Jacinto Benavente (a cuyo yerno, gerente de un teatro, asesinaron en Madrid al principio de la guerra), a las más conocidas de Muñoz Seca y de Lorca. Solo un ejemplo de aquellas bacanales: vidas paralelas ciertamente (La venganza de don Mendo puede codearse con Bodas de sangre en genialidad), pero sobre todo muertes paralelas: a Lorca lo asesinan los fascistas en agosto de 1936 y a Muñoz Seca los rojos dos meses después, y cuatro más tarde La República quiso honrar a Lorca (y no creo que hubiera secundado un escarnio de tan dudoso gusto), despojando al madrileño «Teatro Muñoz Seca» de su nombre, que llevaba desde antes de la guerra, para convertirlo en «Teatro Federico García Lorca» (que se anunció a partir de entonces en carteleras y periódicos como «Teatro Federico García Lorca. Antes Muñoz Seca».. Y como estas, cien pequeñas historias, más elocuentes que tantas otras sobadísimas; eso sí, este Cómicos en guerra es para lectores con mayoría de edad, lo cual, tratándose de la Guerra Civil, es condición imprescindible y rara de ver.
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