El fotógrafo Ángel Marcos (Medina del Campo, Valladolid, 1955) presenta La casa del agua, una exposición en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid abierta hasta el 28 de junio, que se compone de tres instalaciones que reflexionan sobre la experiencia emocional del entorno.. Seguir leyendo
El fotógrafo Ángel Marcos (Medina del Campo, Valladolid, 1955) presenta La casa del agua, una exposición en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid abierta hasta el 28 de junio, que se compone de tres instalaciones que reflexionan sobre la experiencia emocional del entorno. Seguir leyendo
El fotógrafo Ángel Marcos (Medina del Campo, Valladolid, 1955) presenta La casa del agua, una exposición en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid abierta hasta el 28 de junio, que se compone de tres instalaciones que reflexionan sobre la experiencia emocional del entorno.. Su exposición en el Lázaro Galdiano gira en torno al agua, la casa y el viaje. ¿Qué hilos unen a estas tres temáticas? La tela de araña que puede resultar de seguir los rastros del agua, la casa y el viaje tendría forzosamente un compartimento político-económico, otro con amplia presencia de lo emocional, de los afectos y claro está, de imaginarios muy consolidados, generando deseos y faros a los que querer acercarse.. ¿Cuándo supo que se dedicaría a la fotografía? No fue una decisión tomada en un momento determinado, es una vocación que te asalta, fueron ejercicios fruto de la necesidad de hacer otras cosas, de las pocas posibles entonces para mí. Más bien el encuentro con la cámara se convirtió en un flotador para navegar con ilusión en mi quehacer de entonces, muy opacado por la cultura y el pensamiento dominante en Castilla en los años ochenta.. ¿Qué fotografía ajena le habría gustado tomar? Hay una obra que es una caja de luz ciertamente grande de Jeff Wall: Invisible Man. Burrow. Un hombre de color sentado dentro de un espacio sórdido repleto de objetos, del techo cuelgan muchas bombillas, algunas encendidas, me parece maravillosa.. ¿Hay alguna fotografía indeseable? Sí, muchas, y en la actualidad con la facilidad para realizar imágenes, muchas más. Lo son todas las fotografías que aprovechándose de la verosimilitud de la que esta técnica goza, se usan para generar confusión, mentiras, aprovechamiento económico y de poder. Me corroe todo el tráfico de imágenes de contenido sexual aprovechando a niñas y niños, es algo ciertamente indeseable.. Al echar la vista atrás a su trabajo, ¿cuáles diría que han sido sus obsesiones recurrentes? La memoria afectiva, me refiero al recuerdo cargado de sentimientos profundos. Es importante vaciar a esta memoria de dolor, de resentimiento, pero no olvidar. También los espacios liminares, así como el campo alrededor de mi lugar de nacimiento, Medina del Campo, que siempre ha sido mi gran plató.. ¿Qué es lo más bonito que le han dicho sobre su trabajo? Vela Zanetti, por mi forma de proceder fotografiando, me dijo que tenía “pájaros en los ojos”. Se lo agradecí.. ¿Y lo más extravagante? Cuando asistía a encuentros fotográficos, hace mucho, un organizador de uno de ellos me sugirió, viendo mi trabajo, que no me dedicara a la fotografía. No le hice caso, y aprendí que no hay que pedir opinión a cualquiera.. ¿Qué ha aprendido de la práctica de la fotografía que no se pueda aprender en un libro? La realización de fotografías tiene un componente físico además de mental. La necesidad de estar en lugares, usar objetos y trabajar con personas para fotografiar, confiere a esta un carácter matérico y experiencial. Claro está que con la IA esto puede quedar en entredicho. En mi caso no he prescindido de los sujetos ni los objetos y siempre he estado ligado al territorio, por lo que esta mediación matérica con las cosas me parece totalmente diferencial en relación con el aprendizaje con un libro donde las imágenes se construyen en tu imaginario. Y claro está, esto me ha enseñado a estar en el mundo.. ¿Qué libro tiene abierto en la mesilla de noche? El diario de la señorita Litgi, de Kim Aubert, y Antología poética, de Antonio Gamoneda.. ¿Uno que no pudo terminar? Como no quiero ofender a nadie más próximo, diría El código Da Vinci, de Dan Brown.. ¿Cuál es la película que más veces ha visto? Tengo dudas sobre El espíritu de la colmena, de Víctor Erice, o quizás Comanchería, de David Mackenzie.. Si tuviese que usar una canción o una pieza musical como autorretrato, ¿cuál sería? Epitaph, de King Crimson, una letra premonitoria, aunque es del año 69, que dice: “The fate of all mankind I see is in the hands of fools”.. ¿La última serie que vio del tirón? La verdad es que veo muy pocas series, quizás fue Chernóbil.. ¿En qué museo se quedaría a vivir? Ahora mismo en el Museo Lázaro Galdiano, dentro de La casa del agua, unade las piezas de mi exposición en dicho Museo.. ¿Qué está socialmente sobrevalorado? El éxito, presumir de él, es difícil soportar a los necesitados de contarlo…. ¿Cuál es el suceso histórico que más admira? La Revolución Francesa. Me parece que es la puerta a nuestra época histórica, es cierto que mucho de lo allí propuesto se está desquebrajando, tenemos que estar muy atentos, los lobos siempre quieren comerse a las ovejas.. ¿Tiene algún placer culpable en materia cultural? Sí, escucho copla y las películas del Oeste americano me relajan…Será porque ganan los buenos.. De no haberse dedicado a la fotografía, sería… Me encantaría ser un buen cantaor de cante jondo, pero la voz…
EL PAÍS
