Hay una verdad que siempre ha acompañado a El Hormiguero: cuando el que va a divertirse al programa es como de la casa y es amigo salen los mejores programas. Es lo que tiene la confianza, que libera al que se sienta y al que presenta (Pablo Motos) permitirse determinadas licencias que con otros invitados serían impensables. Pasa cuando se sienta como invitado Juan del Val, Alejandro Sanz, Sergio Ramos, Mario Vaquerizo; pasaba cuando se sentaba Quique San Francisco o cuando se sentó El Cigala; pasó anoche cuando la que se sentó en El Hormiguero fue Malú.
Dicen que donde hay confianza da asco. Pero donde hay confianza lo que hay es la posibilidad de hacer lo que no haría en otro lugar o con otra persona. Entre Pablo Motos y Malú hay tanta, que solo ella se la podía jugar a Pablo Motos
Hay una verdad que siempre ha acompañado a El Hormiguero: cuando el que va a divertirse al programa es como de la casa y es amigo salen los mejores programas. Es lo que tiene la confianza, que libera al que se sienta y al que presenta (Pablo Motos) permitirse determinadas licencias que con otros invitados serían impensables. Pasa cuando se sienta como invitado Juan del Val, Alejandro Sanz, Sergio Ramos, Mario Vaquerizo; pasaba cuando se sentaba Quique San Francisco o cuando se sentó El Cigala; pasó anoche cuando la que se sentó en El Hormiguero fue Malú.. La artista ha estado más de 12 veces en El Hormiguero; pueden parecer pocas, pero no es una cuestión de números, es una cuestión de que ella adora a Pablo Motos y al equipo de El Hormiguero, y que Pablo Motos y el equipo de El Hormiguero la adoran a ella. Cuando Malú se sienta en el programa se transforma, aleja esa sensación de killer que la acompaña y que ella usa como escudo antimisiles, y deja que el público conozca una Malú espontánea, una Malú divertida, una Malú sin armadura, una Malú que, cuando está a gusto, cuando está con los suyos, cuando se relaja, es para comérsela.. Y como se suele decir, donde hay confianza da asco, pero en el caso de Malú con Pablo Motos, y viceversa, cuando donde hay confianza hay licencias y momentos que solo suceden precisamente por esa confianza. Ambos lo han demostrado muchas veces, y anoche lo volvieron a hacer. No solo con la entrevista en la que, además de hablar largo y tendido de su nuevo disco Quince, de por qué se llama así y de una Malú que, pese a los 25 años que tiene ya su carrera (se dice pronto), pese a las veces que ha ido a El Hormiguero, pese a su papel como coach en La Voz, pese a tantas cosas, cuando va a El Hormiguero siempre parece una Malú desconocida.. Anoche lo volvió a hacer y volvió a demostrar que para ella ir a El Hormiguero no es un trámite de «vengo a promocionar lo que venga a promocionar; buenas noches y hasta luego». Lo de anoche fue una jefa de la música sentándose a decir: «Esta soy yo, esto es lo que hay, y sí, me ha dolido, ¿y qué?». Y lo de anoche fue de nuevo una demostración de que cuando alguien está a gusto, está con quien quiere estar, todo es diferente, todo es mejor.. «Yo lo he pasado muy mal conmigo misma. No sé si es síndrome del impostor o qué, pero toda mi vida he pensado que estaba mintiendo. «Yo no canto así de bien, qué angustia, ¿cómo lo hago para estar a la altura?», eran mis pensamientos. El que más se repetía era: «Es mentira, yo no canto bien». A sincera, desde luego, no la gana nadie.. Fue una entrevista intensa como resultado de esa confianza, de ese momento «estoy donde quiero estar y me voy a dejar llevar». Y Malú se dejó llevar abriéndose en canal. Tanto que las hormigas y Pablo Motos, consciente de que Malú estaba a pecho descubierto, quisieron rebajar y relajar tirando de humor, de chistes, de chascarrillos… Y como donde hay confianza da asco, Malú, que estaba en su casa, hizo lo que cualquiera hace en su casa, decir lo que uno piensa sin reparo ni contención.. En un momento de la entrevista Malú reveló que por culpa de ese síndrome de la impostora, de no creerse que cantaba bien ni las capacidades que tenía siendo una niña, le decía a su madre que no iba al colegio porque quería cantar, pero sin creerse que ella podía cantar. Suena raro, pero se la entendió perfectamente: «Yo me puse a llorar y le dije a mi madre que yo no sabía cantar, que lo había hecho solo para no ir al colegio». Y salió Barrancas de su escondite con uno de los habituales comentarios de las hormigas: «Tú cantabas para no ir al colegio y llamas a tu disco Aprendiz. Tienes mucho morro ahí».. Pero el chiste no gustó porque, efectivamente, no era el mejor momento para soltarlo: «No entiendo ese humor. Esa gracia no la he pillado». «Es humor de Barrancas. Voy a hacer una pausa para reflexionar sobre esto que acaba de pasar aquí y volvemos», reaccionó rápido Pablo Motos, que cortó este tenso momento.. Y siguió la entrevista. Malú estaba abriéndose en canal: «Todo empieza en 2018, cuando me lesiono el tobillo y tengo que cancelar una gira. Por primera vez en mi vida paro. Fue un drama… pero cuando pasó todo, me di cuenta de que estaba bien. Aparqué a Malú mucho tiempo. Y cuando tuve que volver, pensé: «¿Dónde está Malú?»». Aquel momento fue un punto de inflexión en la vida de la artista.. «Yo tenía ansiedad, miedos, no dormía. Me di cuenta de que llevaba años sin sentirme bien», contó. «Intentaba controlar lo incontrolable. La terapia me dio herramientas. Yo creé a Malú: era tímida, vergonzosa, insegura… y construí un personaje. Cuando perdía el control del personaje, vivía en ansiedad», añadió. Demasiada intensidad para el prime time, que quiso rebajar Pablo Motos con otro chiste de «chupar gambas» y «Koldo», que Malú, inmersa en ese momento de te estoy abriendo mi corazón, tampoco entendió, y de nuevo, porque donde hay confianza da asco, así se lo expresó al presentador.. No fue una cuestión de tensión entre invitada y presentador, ni muchísimo menos; fue la mejor muestra de que entre amigos, lo mejor es no intentar interpretar ningún papel cuando te están viendo casi dos millones de personas.. Y entonces, después de una de las entrevistas más intensas de Malú en El Hormiguero, apareció David de Jorge con su sección de cocina. Y aquí ya fue la apoteosis de que donde hay confianza da asco, pero asco del bueno.. El cocinero, Malú y Pablo Motos tenían que preparar unas tortitas de morcilla de Burgos, plátano y manzana en honor a Malú. Como siempre sucede cuando va David de Jorge a El Hormiguero, la sección se descontroló por completo. Creo que no hay ningún colaborador que consiga desmontar tanto la escaleta y a Pablo Motos como lo hace él. La última vez que estuvo, Pablo Motos casi echa hasta la primera papilla; anoche, los chistacos de la entrevista fueron devueltos por Malú hasta con intereses.. El plató llevaba dos salsas, una era salsa macha, que pica que rabia, y la otra era una salsa de chile serrano y chile de árbol. Mira que las hormigas se lo advirtieron a Pablo Motos: «Ten cuidado, Pablo. No te pases». Y Malú, que estaba a lo suyo con su morcilla y sus tortitas de trigo, escuchó a las hormigas y decidió probar. Las caras, Juan, las caras. Se podía haber quedado en ese momento de Malú suplicando tener una botella de agua, pero no. ¿Por qué? Porque donde hay confianza da asco.. Con toda esa confianza, Malú se acercó a Pablo Motos, salsa macha en mano, y le dio a probar. «Prueba, prueba», le dijo Malú con esa carita de no haber roto nunca un plató. Y Pablo Motos la probó. A Dios gracias que al presentador siempre que le toca cocinar con David de Jorge le colocan una papelera gigantesca al lado. La probó y, sin pensarlo, porque aquello ya no era un programa sino tres colegas haciendo el gamba, se le escapó un «hija de puta». Y corriendo a escupir a la papelera, mientras Malú regresaba a su sitio con esa cara de «para que vuelvas». Malú había ejecutado su venganza.. Pero Pablo Motos se guardaba su mejor baza, esa que tan bien sabe ejecutar El Hormiguero. El programa no iba a terminar con una ciencia más de Marron sino con la sorpresa que el equipo tenía preparada para Malú y que consiguió lo que buscaba, que Malú acabara apartándose las lágrimas. El Hormiguero creó un videoclip en directo de su nuevo single Primer amor de tal belleza que Malú quedó cautiva y desarmada. Fue el mejor ataque, el más bello y el más emocionante.
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