El segundo artista con más certificaciones de la historia vuelve a España después de lidiar con crisis de salud mental y ser cancelado por su comportamiento cercano al nazismo Leer
El segundo artista con más certificaciones de la historia vuelve a España después de lidiar con crisis de salud mental y ser cancelado por su comportamiento cercano al nazismo Leer
Han pasado más de 20 años. Aquel 2 de marzo de 2006 fue la última y única vez que Kanye West actuó en España. Un fenómeno ya del hip hop que interpretó en la sala Razzmatazz de Barcelona los temas de sus dos álbumes para… 2.000 personas. Esta noche en el Riyadh Air Metropolitano de Madrid se calcula que serán 70.000 los que disfrutarán, casi en exclusiva en toda Europa, del monumental show del rebautizado ‘Ye’ que incluye temas de sus ya 12 álbumes, principalmente del último: Bully. Bully es algo más para el gigante de Chicago, aquel ambicioso y algo «arrogante» -en palabras de su madre, siempre presente en todo el éxito del artista, la profesora de Lengua Donda West- productor, creador genial de bases para los demás (entre ellos, Jay-Z en The Blueprint) al que costó dar el salto como rapero: en 2002 firmó con Roc-a-Fella y todo se desbordó. Bully, que debutó en el puesto número 2 de la lista Billboard 200 y varios temas -entre ellos Father con Travis Scott y I Can’t Wait, con la participación de Lauryn Hill- arrasaron en las listas, es, para Kanye, mucho más que todos sus números 1 anteriores. «Al cabo de un año del proyecto, tuve una crisis. Así que esto es una celebración y una victoria, una historia de éxito de personas que, a pesar de lidiar con crisis de salud mental, han logrado superarlas y alcanzar el número uno en las listas con todo lo que se hizo y se dijo», proclamó estos días. Con permiso de Bad Bunny o Nick Cave, es el concierto del verano en Madrid. Pues la expectación se multiplica con un genio asociado permanentemente a la polémica, a las salidas de tono y la provocación. Que ha visto cómo varios países europeos vetaban un espectáculo que, sin ir muy lejos, en abril en el SoFi Stadium de Los Ángeles (su primer gran concierto en EEUU desde 2021), recaudó 33 millones de dólares con una impresionante puesta en escena flotando sobre una esfera terrestre. Que se podrá ver también en el estadio del Atlético de Madrid. El pasado mes de enero, el rapero se disculpó en The Wall Street Journal, en un anuncio a toda página, por su comportamiento cercano al nazismo, especialmente cuando en mayo de 2025 publicó Heil Hitler, tercer sencillo de un disco que iba a llevar por título Cuck y que finalmente no vio la luz: «Hice cosas de las que me arrepiento profundamente. Traté a algunas de las personas que más quiero de la peor manera. Me desvinculé de mi verdadero yo». Un reconocimiento público de su conducta en el pasado en el que habló abiertamente sobre cómo gestiona un trastorno grave de salud mental. Habló de su «fractura» con la realidad, del accidente de tráfico sufrido hace 25 años que le causó «una lesión en el lóbulo frontal derecho del cerebro». «Uno de los aspectos difíciles de tener trastorno bipolar tipo 1 son los momentos de desconexión, muchos de los cuales aún no recuerdo […], pero eso no justifica lo que hice. No soy nazi ni antisemita. Amo al pueblo judí
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