Isabel Díaz Ayuso entró en el plató de Horizonte, miró a su alrededor y quedó maravillada. «Es impresionante», dijo. Le gustaban las luces, las portadas, las cosas que había por allí, el decorado. Normal. A todos nos gusta llegar a un sitio nuevo y sentirnos cómodos. Lo extraordinario fue comprobar que, a medida que avanzaban los minutos, la presidenta de la Comunidad de Madrid iba a sentirse todavía más cómoda. Muchísimo más.
Iker Jiménez prometió que no habría preguntas pactadas: durante 47 minutos la presidenta madrileña desplegó su discurso sobre Sánchez, Sol y el futuro de España ante unos entrevistadores que pocas veces necesitaron llevarle la contraria
Isabel Díaz Ayuso entró en el plató de Horizonte, miró a su alrededor y quedó maravillada. «Es impresionante», dijo. Le gustaban las luces, las portadas, las cosas que había por allí, el decorado. Normal. A todos nos gusta llegar a un sitio nuevo y sentirnos cómodos. Lo extraordinario fue comprobar que, a medida que avanzaban los minutos, la presidenta de la Comunidad de Madrid iba a sentirse todavía más cómoda. Muchísimo más.. Iker Jiménez había advertido antes de recibirla de que no habría «ninguna pregunta pactada». Y seguramente no la hubo. Tampoco hacía demasiada falta. Ayuso es una máquina televisiva perfectamente engrasada. Le das una rendija y te construye una puerta; le das una pregunta y te levanta un discurso; le preguntas por la acampada de Sol y, cuando quieres darte cuenta, Pedro Sánchez es un «dictador», España camina hacia «la revolución», nos gobierna «la mafia», llega «la ley de la selva», vuelve la «lucha de clases» y hasta Nerón se ha pasado por Cuatro. Todo en menos de una hora. Eso sí que es aprovechar el tiempo.. La presidenta había acudido a Horizonte por la acampada de la Puerta del Sol, surgida tras el desahucio de Maricarmen y convertida en epicentro de la batalla política sobre la vivienda. Esa era, al menos, la percha. Pero Ayuso tardó muy poco en ampliar el plano. «Estamos en un momento en el que la izquierda, en concreto el Partido Socialista, ha decidido que no va a dejar el poder de manera democrática», afirmó. Después llegó el resto: «Vamos a vivir escenas durísimas»; Sánchez «desprecia la crítica»; durante la pandemia vio en él «la maldad pura»; «España es una democracia, pero se nos ha colado un dictador en el sistema». Frases menores, como se puede comprobar -nótese la ironía-.. Y aquí apareció el gran misterio de Horizonte. No uno de esos que tanto le gustan a Iker Jiménez, sino uno bastante más terrenal: ¿dónde estaba la repregunta?. Porque entrevistar a Ayuso no es precisamente complicado desde el punto de vista televisivo. Es probablemente una de las políticas españolas que mejor entiende el medio. No necesita calentamiento, ni un rodeo de seis minutos, ni que el entrevistador le extraiga un titular con fórceps. Ayuso se sienta y dispara. Y dispara bien. Otra cuestión es qué se hace al otro lado de la mesa cuando dispara.. Iker Jiménez y Carmen Porter optaron casi siempre por escuchar. Y Ayuso hizo lo que mejor sabe hacer cuando encuentra pista libre: correr.. Cuando habló de Sánchez como un «dictador», no llegó la pregunta sobre semejante afirmación. Sobre ese lenguaje bélico en el que muchos políticos, no solo Ayuso, han encontrado la mejor parcela para abonar. Cuando sostuvo que el PSOE no pretende abandonar el poder democráticamente, tampoco apareció demasiado obstáculo. Cuando el discurso desembocó en la «revolución», la «tiranía», la «lucha de clases» o en que Sánchez «necesita que nos matemos entre nosotros», la entrevista ya había dejado de ser una entrevista para convertirse prácticamente en un monólogo con espectadores privilegiados. Y eso perjudicó incluso a la propia Ayuso.. Porque una buena entrevista no consiste en derrotar al entrevistado. Ni en pillarlo, ni en humillarlo, ni en montar un combate de pressing catch periodístico. Consiste en obligarle a explicar lo que acaba de decir. Si alguien afirma que el presidente del Gobierno no piensa abandonar democráticamente el poder, la siguiente pregunta no tiene que ser hostil. Basta con una palabra: ¿cómo? Si sostiene que España se dirige hacia una revolución: ¿qué hechos concretos permiten afirmarlo? Si asegura que «necesita que nos matemos entre nosotros»: ¿qué significa exactamente eso?. No son preguntas de izquierdas. Tampoco de derechas. Son preguntas. Y seguramente Ayuso habría tenido respuestas. Probablemente muy buenas televisivamente. Ahí estuvo precisamente la oportunidad perdida de Horizonte: tenía delante a una entrevistada capaz de soportar perfectamente una entrevista mucho más exigente y decidió ponerle ruedines.. Hubo un momento especialmente revelador. Carmen Porter abordó las protestas contra la presidenta, incluido el ataúd y los mensajes dirigidos contra ella en Sol. Ayuso aseguró que no se lo tomaba como algo personal y amplió otra vez el marco: «Esto va de muchos», de quienes «creemos en España». Horizonte había mostrado previamente imágenes de mensajes y símbolos contra ella y Jiménez había cuestionado algunos de ellos.. Era un asunto pertinente. Las amenazas y los mensajes violentos contra un político son noticia independientemente de quién sea ese político. Pero también ahí había una entrevista esperando detrás de la entrevista: la crisis de la vivienda que había llevado supuestamente a Ayuso al programa fue quedándose pequeña hasta casi desaparecer bajo la gigantesca batalla Sánchez-Ayuso.. Sol terminó siendo el kilómetro cero de todo menos de la vivienda.. También hubo espacio para el futuro político de la presidenta. Una pregunta de un espectador planteó si concurriría algún día a la Presidencia del Gobierno. Ayuso volvió a demostrar su oficio: «El presidente del Partido Popular es Alberto Núñez Feijóo» y «cada uno tiene que saber dónde tiene que estar». Madrid, añadió, es una «pieza clave». Ni sí, ni no, ni todo lo contrario. Manual del político avanzado, capítulo uno.. Y después llegó otra pregunta: si alguna vez había pensado en abandonar la política. «Ahora es cuando menos. No nos lo podemos permitir», respondió.. Sólo faltó que se apagasen las luces, entrase una máquina de humo y Raphael arrancara con Mi gran noche.. Pero quizá lo más interesante sucedía mientras la entrevista continuaba. En X comenzaron a aparecer críticas a Jiménez y Porter por el tono del encuentro. Lo significativo no es que hubiera espectadores contrarios a Ayuso indignados -sorpresa: las redes sociales siguen funcionando-, sino que entre quienes reprocharon a Horizonte la falta de incisividad había usuarios que se declaraban seguidores habituales del programa e incluso simpatizantes de la propia presidenta. «Soy fan de Horizonte. No tengo casi nada que reprocharle a Ayuso. Pero no me gustan las entrevistas-masaje», escribió uno. Otro resumió: «Me gusta Ayuso, pero vaya entrevista masaje». Y otro recordó al programa las críticas que había dedicado a entrevistas complacientes realizadas en otras cadenas. Ahí está probablemente la cuestión.. Porque Horizonte lleva mucho tiempo construyendo buena parte de su identidad alrededor de una idea: aquí preguntamos lo que otros no preguntan, contamos lo que otros no cuentan, entramos donde otros no entran. Es una marca potentísima y, televisivamente, le ha funcionado. Cuatro acaba de cerrar su mejor septiembre desde 2015, con un 7,1%, y el programa de Jiménez se ha convertido en una de las piezas fundamentales de ese crecimiento.. Precisamente por eso la entrevista de anoche pedía más. Más Iker. Más preguntas. Más «espere, presidenta». Más «explíqueme eso».. Porque Ayuso no necesitaba protección alguna. Es rápida, tiene tablas, sabe escapar, sabe contraatacar y conoce perfectamente el valor televisivo de una frase. Cuando se sienta delante de una cámara no va a sobrevivir a una entrevista: va a conquistarla. Y anoche la conquistó.. Entró fascinada por el plató de Horizonte y salió habiéndolo convertido durante 47 minutos en el suyo. Eso también es televisión. La pregunta es si era una entrevista.
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