El escritor británico elabora en el ensayo Europa en siete capítulos y medio (Taurus) una didáctica síntesis del pasado para prevenir los obstáculos del futuro Leer
El escritor británico elabora en el ensayo Europa en siete capítulos y medio (Taurus) una didáctica síntesis del pasado para prevenir los obstáculos del futuro Leer
Como comprenderán, el paréntesis en el título no es en absoluto casual. Todos tenemos una visión de Europa y, por lo tanto, es imposible consensuar una postura unánime en torno a un continente que, asimismo, es un concepto. Timothy Garton Ash ha transcurrido la mayor parte de sus 71 años a la búsqueda de una síntesis milagrosa que permita transmitir mejor lo que es el Viejo Mundo, sin jamás olvidar sus desafíos de presente y futuro, hasta el punto que muchos le han otorgado el título de historiador de la Europa de nuestra centuria a partir de sus infinitos análisis en la prensa cotidiana.. Traducción de Andrés Barba y Álvaro Marco. Taurus. 208 páginas. 21,90 € Ebook: 10,99 €. Ello no deja de ser injusto, pues no está sólo en esta batalla, pero lo cierto es que nuestro tiempo ama repartir juego de manera unilateral y al británico le ha correspondido ser el adalid de esta idea a base de machaconería en la misma, que articula el pequeño ensayo publicado en España por Taurus.. Europa en 7 capítulos y medio es un compendio de virtudes que podrían ser defectos y viceversa. Entre los primeros, cabe sin duda mencionar el intento de elaborar un manual válido para navegar en la cuestión que nos concierne. Lo consigue mediante el rasgo ausente por antonomasia en la UE, la comunicación. El analista nacido en Londres aúna capacidad de síntesis con un estilo que pretende ser asequible para todos los públicos, lo que, con toda probabilidad, parte de la conciencia de estar ante un reto mayúsculo a causa de dos factores.. El primero es el desinterés que, precisamente, ha provocado el fracaso en difundir qué es Europa y qué somos los europeos. El segundo estriba en el marasmo de incultura de nuestro siglo, donde cada vez es más complicado hallar personas con solvencia para mirar más allá del hoy, como si el pasado no existiera. Sin el mismo es imposible construir nada sólido, por lo que todo, como anunció Marx, se desvanece en el aire. Por eso mismo urge pedagogía, otro don de este libro que, sin embargo, incorpora un riesgo de exigencia.. ¿Estamos ante una didascalia para dummies porque no queda más remedio? A veces el autor se relame en símiles simpáticos para acercarse a lectores no tan cultivados y mostrar características reconocibles para cualquier habitante del Planeta, entre las que figuran la comida y el fútbol.. Al emplear estos recursos Garton Ash se distancia de su tono habitual, más bien solemne y con ínfulas de trascendencia. Al renunciar a ese estilo aflora el esfuerzo de elaborar una prosa que concatene con fluidez las distintas secuencias de su partitura para todos los públicos. El inicio se centra en la geografía, una indefinición por excelencia de nuestro territorio, en general estéril a la hora de fijar en el imaginario colectivo sus fronteras, estableciéndose los Urales como límite oriental, mientras los últimos acontecimientos han apuntalado las occidentales en Ceuta.. Luego seguimos con la Europa histórica, en la que se despliega un decálogo de abreviaturas con aires de tabla química para facilitar la comprensión de lo desarrollado. De este modo, que pretende originalidad y redunda en un trato llano algo perdonavidas, navegamos por Roma, el cristianismo, la Ilustración, los Imperios, las guerras o las ciudades, motivos sin los cuales es quimérico trazar un cuadro decente de una Historia forjada a través de tantos sedimentos acumulados, los mismos que han determinado un hecho diferencial para con la Cultura.. ¿Cómo podemos entenderlo? Garton Ash arranca con lo contemporáneo para no caer en las garras de lo áulico y luego procede a una brillante disección, pues lo cultural no sólo son las artes, sino comportamientos y actitudes. No puede asumirse el ser europeo sin escarbar el instante en que algunos intelectuales asumieron serlo, algo que podemos cifrar entre las Luces del siglo XVIII y la movilidad producida por el ferrocarril durante el siglo XIX, como tan bien ha explicado Orlando Figes en ensayos como, valga la eterna redundancia, Los europeos.. Por lo demás, el moviente cultural también conlleva la crítica del colonialismo, el drama del Holocausto y la constancia de las migraciones. Sin mirarnos en nuestro propio espejo jamás avanzaremos. Tampoco lo haremos sin tener en consideración todas las Europas imaginadas, sueños de tantos estadistas que ambicionaron unir a la miríada de países en una unidad representada ahora por el Poder de Bruselas, contra el que no se presenta queja a modo de conclusión, prefiriéndose cerrar el volumen con los tres envites del decenio.. La Europa de 2030 sucumbirá si no resuelve el trauma del adiós a la protección estadounidense, su dependencia para con China en temas tan candentes como la IA y el renacimiento, si es que alguna vez desapareció, de un voraz imperialismo ruso. La responsabilidad de vencer estos obstáculos corresponde a los mandamases, inútiles si los millones que gobiernan no apuestan por abrazar lo defendido por Garton Ash, una idea que es una realidad territorial demasiado huérfana de apóstoles con mimbres para difundir sus esencias y convencer mediante más palabras y menos burocracias.
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