La periodista Ana Cañil (Madrid, 1958) recupera las voces de mujeres que contaron la Guerra Civil y la posguerra españolas en Rescatadas del olvido (Galaxia Gutenberg), un ensayo que sigue los pasos de autoras como Nancy Cunard, Lillian Hellman o Sylvia Plath. Seguir leyendo
La periodista Ana Cañil (Madrid, 1958) recupera las voces de mujeres que contaron la Guerra Civil y la posguerra españolas en Rescatadas del olvido (Galaxia Gutenberg), un ensayo que sigue los pasos de autoras como Nancy Cunard, Lillian Hellman o Sylvia Plath. Seguir leyendo
La periodista Ana Cañil (Madrid, 1958) recupera las voces de mujeres que contaron la Guerra Civil y la posguerra españolas en Rescatadas del olvido (Galaxia Gutenberg), un ensayo que sigue los pasos de autoras como Nancy Cunard, Lillian Hellman o Sylvia Plath.Rescata del olvido a mujeres extranjeras que escribieron sobre la España del siglo XX. ¿Cómo se encontró usted con ellas? Mientras trabajaba en Los amantes extranjeros, un libro anterior y una sección en A vivir que son dos días, Lourdes Lancho y Montserrat Domínguez preguntaron si no había más mujeres que escribieran sobre España en el siglo pasado. Las había y eran excelentes. La España que testimoniaron, ¿era diferente de la que contaron los hombres? Muy diferente. Ellas cubrieron mucho mejor la retaguardia, la vida cotidiana que siempre pervive durante una guerra. Tres años en los que las mujeres españolas —siempre de negro— se encargaron de alimentar, cuidar y resistir con ancianos, niños, heridos. Todo eso lo contaron periodistas, enfermeras, sindicalistas, amantes contratadas desde sus países por estar aquí. En sus crónicas no hay miedo a los sentimientos ni el exceso de testosterona de sus colegas masculinos. A ellos se les prohibía el sentimentalismo en los reportajes. ¿Cuál de los testimonios que ha rescatado le parece más destacable? Nancy Cunard. Su pasión por España y sus crónicas abren el libro. Es poco o nada reconocida. En realidad ninguna ha sido reconocida por su trabajo. De las que vinieron en la posguerra o al inicio del desarrollismo las hay fascinantes. Es el caso de Sylvia Plath y la viuda Mangada. ¿Qué libro la convirtió en lectora? En la infancia una enfermedad me refugió en los tebeos. El Capitán Trueno —siempre quise ser Sigrid de Thule—, El Jabato. Los clásicos con viñetas creo que de Bruguera: Tom Sawyer, Robinson Crusoe, el capitán Nemo, Tarzán. Y con 12 o 13 años, el beso final de las novelas de Corín Tellado. ¿Y en escritora? Siempre quise ser periodista —la Lois Lane de Superman tuvo algo que ver— y acabé escribiendo libros cuando los reportajes o las investigaciones no entraban en un periódico por extensos. Tengo cierta reticencia a lo de periodista y escritora. Pero ese es otro debate.¿Cuál es la mejor crítica que ha recibido? Los ánimos de Javier Pradera cuando leyó el borrador de La mujer del maquis: “Es un gran trabajo”. Los de Iñaki Gabilondo en Rescatadas del olvido, “es un libro emocionante”.¿Y la peor? La verdad, no lo recuerdo. Pero seguro que hay muchas.¿Qué libro tiene ahora mismo en su mesilla de noche? Elogio de la literatura, de Santiago Alba Rico.¿Uno que no lograra terminar? Bastantes. A medida que me hago vieja pierdo menos el tiempo. Doy a los libros 50 páginas y luego los dejo si no me han captado. La autoficción me aburre. Es más barato que ir al psicólogo o al psiquiatra, pero es muy cansina. Yo y yo. A menudo revela ausencia de imaginación. ¿Cuál es la librer
EL PAÍS
