Hay sueños que uno preferiría olvidar nada más despertarse. Y hay otros que, en manos de Carlos Alsina, dan para un monólogo. En el segundo tramo Más de uno de la nueva temporada, el periodista ha estrenado oficialmente su nuevo territorio dentro del programa: un tramo más abierto al entretenimiento, la cultura, el ocio y las historias que se salen del carril estrictamente informativo. Pero si alguien esperaba que el cambio de tramo implicara también un cambio de Carlos Alsina, se equivocó.
Carlos Alsina estrena el nuevo tramo de Más de uno, más volcado en el entretenimiento y la cultura, pero mantiene intacto su particular bisturí contra la actualidad: Sánchez, Zapatero, Ayuso, Marlaska, Robles y hasta Pegasus pasan por su primer monólogo
Hay sueños que uno preferiría olvidar nada más despertarse. Y hay otros que, en manos de Carlos Alsina, dan para un monólogo. En el segundo tramo Más de uno de la nueva temporada, el periodista ha estrenado oficialmente su nuevo territorio dentro del programa: un tramo más abierto al entretenimiento, la cultura, el ocio y las historias que se salen del carril estrictamente informativo. Pero si alguien esperaba que el cambio de tramo implicara también un cambio de Carlos Alsina, se equivocó.. Su primer monólogo en esta nueva etapa ha vuelto a ser tan afilado como siempre. Incluso más. Porque Carlos Alsina puede cambiar el decorado, ampliar el menú y abrir la puerta a otros asuntos, pero sigue teniendo una especial habilidad para convertir la actualidad política en una trituradora de ironía.. El monólogo ha arrancado en el territorio de los sueños. Un sueño surrealista, por supuesto, en el que José Luis Rodríguez Zapatero aparece en la mesilla de noche, «enjoyado en la posición del loto» y con unos ojos de búho que vigilan al periodista. Hasta ahí, una escena onírica. Hasta que al expresidente se le cae una ceja y rompe una baldosa. «¿Qué ceja tan dura tiene este tío?», piensa Carlos Alsina.. Y entonces empieza el viaje.. Por el pasillo aparece Pogacar, el ciclista esloveno, convertido en una suerte de conciencia del periodista: «Mira bien por dónde ruedas, Alsina». En el baño, Leire Díez y Pedro Sánchez protagonizan una escena de fontanería política en la que la fontanera maneja una llave grifa mientras intenta contener las fugas del presidente. «Se te va la credibilidad a chorros, Pedro», le susurra.. Pedro Sánchez, mientras tanto, ensaya con «un micrófono amarillo, el suyo de siempre, tiene su nombre ya grabado». Sánchez ha arrancado la temporada radiofónica esta mañana en la Cadena Ser. «¿Se me oye? ¿Se me oye?». Nadie responde. La respuesta llega de Díez: «Ya nadie te escucha».. Es el Carlos Alsina de siempre, aunque el tramo sea su nuevo escenario.. La política vuelve a entrar en el monólogo por la puerta grande y lo hace convertida en una sucesión de imágenes imposibles. En la bañera están José Luis Ábalos y Koldo García jugando a las cartas, con Santos Cerdán ejerciendo de comodín. Los tres repiten «Bendita sea Ceuta» como si fuera un salmo mientras Koldo lleva una grabadora y Ábalos, una lista de señoras.. Y de ahí, a la televisión.. En el televisor del sueño se emite una versión disparatada de La Velada del Año. Dos supuestos influencers se están dando una paliza ante la mirada emocionada del narrador. Sólo hay un problema: no son influencers, sino ministros. Margarita Robles y Fernando Grande-Marlaska, rebautizados como «Margarita Rita Rita» y «Mutante Marlaska», se enfrentan con una fusta y una concertina. «¡La cera que se están dando!», exclama el narrador en el sueño de Alsina.. La pelea, eso sí, no la gana ninguno de los dos. La gana Pegasus, es decir, Mohamed VI. Y Robles, en el universo de Alsina, anuncia incluso un nuevo nombre para el CNI: «CNMío. Mi tesoro».. El monólogo se mueve así entre la política, la televisión, el deporte, el cine y la cultura sin necesidad de cambiar de tono. Porque ese es precisamente el ejercicio que parece plantear Carlos Alsina en su nueva etapa: ampliar el campo de juego sin renunciar a la mirada que lo ha convertido en uno de los periodistas más reconocibles de la radio española.. También aparece Isabel Díaz Ayuso, que en el sueño intenta venderle un ático. «Si yo ya no necesito tener vistas», le responde Carlos Alsina. Ella se da la vuelta y se marcha con un «Chao, pescado». Él contesta: «Hasta luego, pescada». «Inclusivo», remata.. Y aparece también Rodrigo Sorogoyen, que irrumpe como otra pieza de ese extraño universo onírico. El director le pregunta a Carlos Alsina si come. «¡Come! Pero come de verdad, no como los actores». El periodista, desconcertado, quiere saber qué comen los actores. La respuesta: pescado.. Pero incluso cuando abandona momentáneamente la política, Alsina vuelve a ella. Porque en medio de ese surrealismo deja planteada una pregunta que ya no es un chiste: «¿Qué comen los actores?». Y otra bastante más incómoda: si el hecho de que una persona cambie a mejor es suficiente para exonerarla de todos sus pecados y, al contrario, si cuando alguien cambia a peor eso significa que nunca fue tan intachable como parecía.. La política, otra vez, se cuela por debajo de la puerta.. El sueño termina como empezó: con Zapatero y sus cejas rompiendo baldosas. Alsina vuelve a dormirse y sueña que son las diez de la mañana y sigue durmiendo sin que a nadie le importe. En la radio, mientras tanto, una voz artificial y pobremente clonada se hace pasar por él: «¡Aquí estamos! Sean todos bienvenidos a Más de uno II».. Un remate que funciona también como presentación del nuevo tramo.. Porque este Más de unoII puede ser distinto en contenidos, pero no parece dispuesto a ser distinto en espíritu. Carlos Alsina se coloca al frente de una franja en la que caben el entretenimiento, la cultura y otras historias, pero su primer monólogo demuestra que no ha dejado en la puerta su particular forma de mirar la actualidad.. Puede hablar de actores, de cine, de ciclismo o de televisión. Puede jugar con los sueños y con el absurdo. Puede hacer que Zapatero pierda una ceja o convertir a dos ministros en concursantes de una velada de boxeo. Pero cuando toca señalar la realidad, el bisturí sigue afilado.. Nuevo tramo. Mismo Alsina.
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