El cineasta venezolano Carlos Oteyza (Caracas, 77 años) mantuvo por casi 40 años en la gaveta de los pendientes la película que acaba de estrenar en Venezuela. En el oscuro 2025, un año en que los venezolanos comenzaron a hablar bajito y las detenciones de presos políticos se dispararon, Oteyza comenzó a organizar las imágenes y los hechos que reúne en el documental 1936: El año en que se perdió el miedo al poder, la historia de la transición política tras la muerte del férreo dictador Juan Vicente Gómez, quien gobernó el país por 27 años. “En 2025 la cosa estaba tan mal, que yo intuía que este 2026 tenía que haber un cambio. Y así fue, y sigue ocurriendo. No hemos visto el final”, explica.
The renowned filmmaker examines the similarities and differences between the opening after the death of dictator Juan Vicente Gómez and the challenges faced by the country following the exit of Nicolás Maduro.
El cineasta venezolano Carlos Oteyza (Caracas, 77 años) mantuvo por casi 40 años en la gaveta de los pendientes la película que acaba de estrenar en Venezuela. En el oscuro 2025, un año en que los venezolanos comenzaron a hablar bajito y las detenciones de presos políticos se dispararon, Oteyza comenzó a organizar las imágenes y los hechos que reúne en el documental 1936: El año en que se perdió el miedo al poder, la historia de la transición política tras la muerte del férreo dictador Juan Vicente Gómez, quien gobernó el país por 27 años. “En 2025 la cosa estaba tan mal, que yo intuía que este 2026 tenía que haber un cambio. Y así fue, y sigue ocurriendo. No hemos visto el final”, explica.
La película recompone un episodio de la historia venezolana que 90 años después tiene eco en lo que se vive tras la salida forzada del poder de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero. Los venezolanos de 1935, afirma Oteyza, también tenían la intuición de que algo cambiaría, cuando en el último mes de ese año falleció Gómez a los 78 años. Venezuela era un país de poco más de tres millones de habitantes —casi todos pobres y analfabetos— al que acababan de llegar las trasnacionales petroleras extranjeras a sacar la brea descubierta bajo el suelo. “Pagaban poco, pero pagaban”, se dice sobre la naciente era petrolera en la película. “Había señales, porque la gente llevaba años esperando que el gomecismo terminara. Ya en el año 35, a mediados del año, Gómez se enfermó y la gente empezó a hablar de lo que podía pasar y de las corrientes para la transición: los que apoyaban al general Eleazar López Contreras y los que apoyaban a la familia de Gómez”.

A López Contreras le tocó ser el presidente encargado de la transición en un país que ya vivía del petróleo, pero en el que la mayoría estaba en la miseria y solo pedía luz, agua, caminos y escuelas, como relataba un artículo recogido en el documental. El consejo de ministros votó por el que tenía el control del Ejército. Era ministro de Guerra y Marina de Gómez, compartía provincia de origen con ‘El Benemérito’, y le acompañó desde sus inicios en la llamada “invasión de los andinos”, la Revolución Liberal Restauradora que puso fin, con mano dura, a medio siglo de guerras civiles en la naciente República. “Definitivamente hay algunas cosas que pueden asemejarse entre 1936 y 2026. Por ejemplo, cayó la cabeza, murió Gómez, aquí se llevaron a Maduro”, advierte Oteyza. “Pero de ahí para adelante empiezan las diferencias”, matiza.
El primer decreto de López Contreras fue abrir las cárceles para liberar a los presos políticos. El documental, producido por Siboney Films, presenta los noticieros oficiales de la época que documentaban la demolición de la cárcel La Rotunda, en el centro Caracas, el infierno en el que estuvieron buena parte de los líderes opositores, convertida luego en la Plaza La Concordia. El lugar fue abierto para que la gente viera los calabozos y salas de tortura. En los periódicos se publicaron caricaturas del presidente y se volvió a opinar. Hubo quien propuso exhibir los grilletes y herramientas de castigo en la nueva plaza para nunca olvidar lo que pasó. Miles de exiliados comenzaron a regresar.
Las resonancias con los frenéticos meses de 2026 van apareciendo entre los más de 400 titulares de prensa que Oteyza compiló para hilvanar el relato de ese año histórico para el país. Esta semana, en la antesala del estreno, se escuchaban los saludos de personas que no se habían visto en mucho tiempo porque se habían ido del país y algunas butacas del cine fueron ocupadas por expresos políticos perseguidos por el chavismo que estuvieron en el Helicoide, sobre el que hace unos meses se anunció su cierre, pero aún se espera su transformación, así como también la liberación de todos detenidos por motivos políticos que aún quedan en otras cárceles.

“La historia nunca se repite, pero no pasa en vano”, advierte el cineasta al inicio de la película. La Venezuela de 1936 no tenía partidos políticos robustos. La dirigencia política era un residuo de los viejos partidos Liberal y Conservador. Y estaban los jóvenes de la llamada Generación del 28, que se habían enfrentado al gomecismo y habían terminado presos, en la clandestinidad o en el exilio. Regresaron en 1936 después de conocer las ideas de un mundo influenciado por la revolución bolchevique. En ese año también estalló la guerra civil en España. En la prensa de Venezuela se seguía el día a día de su propia transición y del conflicto al otro lado del Atlántico. El país estaba dividido entre los republicanos y los nacionalistas.
La muerte de Gómez volvió a poner a la gente en la calle. Hubo protestas y marchas estudiantiles que llegaron al Palacio de Miraflores para reunirse con el Presidente. Líderes como Rómulo Betancourt, uno de los jóvenes del 28, dieron su primer discurso político ante las masas por esos días. Décadas después sería dos veces presidente y considerado uno de los padres de la democracia que se consolidaría en Venezuela a partir de 1958, luego de la caída de una segunda dictadura en el siglo XX. “El año 36 es el germen, ahí nace la democracia venezolana, no en términos de votos, sino porque la gente ya puede hablar, fue un año que se vivió con mucha esperanza”, comenta el cineasta. Entre los exiliados que regresaron, Rómulo Gallegos fue uno de los que se incorporó al gabinete de López Contreras, que también nombró gobernadores a algunos expresos políticos torturados y avanzó hacia la democracia entre presiones que lo hicieron dar pasos atrás, como una elástica que se estira y estrecha.
Así como la libertad de prensa comenzó a fluir, lo que se decía comenzó a molestar y crearon un comité de censura. Luego López Contreras sacó a los gomecistas del poder, pero expulsó nuevamente a los líderes que estaban azuzando protestas y manifestaciones, en medio de debates cruciales como el de la educación laica o religiosa. Eso sí, los envió con gastos pagos durante los primeros días del exilio. Algunos fueron encarcelados de nuevo, pero liberados a los pocos días con juicios. El general tuvo que lidiar con cautela con la violencia contra los gomecistas, algunos de los que sufrieron la quema de sus viviendas.

También confiscó las propiedades de Gómez, cuya fortuna se confundía con el patrimonio público en un régimen claramente cleptocrático. Millones de hectáreas de siembra, industrias de textiles y procesadoras de caña de azúcar pasaron al Estado. Un año después de asumir el poder finalmente encarceló a Nereo Pacheco, el mayor torturador de Gómez que se dice que ponía vidrio molido en la comida de los presos. “En aquel momento, a López Contreras unos le decían que no se dejara ganar por la reacción, y los otros que tuviera cuidado con los que nos iban a llevar a la guerra”, relata Oteyza sobre las tensiones del momento.
Para el cineasta y también historiador, los venezolanos de hoy están mucho mejor preparados que en el año 1936. “Los líderes jóvenes existen, pero no son tan visibles, porque estos últimos años fueron muy duros para todos aquellos que no estaban con el Gobierno, y nosotros perdimos contacto con ese liderazgo. Por muchos años en Venezuela, se encendía la televisión y ahí no salía ningún opositor. Aquí desaparecieron los periódicos. Pero esos líderes están allí y están mucho más preparados, porque vivieron el chavismo, el madurismo y han visto lo que está pasando afuera”, explica.

El largometraje intercala la bitácora de la transición política guiada por el general López Contreras, que más que nunca volvió a usar el uniforme, con escenas de la vida cotidiana de distintos archivos que fueron recuperadas en calidad 4K. El certamen de Miss Caracas, los desfiles deportivos de los colegios, las mujeres que ya estaban por centenares insertadas en las fábricas, mujeres en el hipódromo o jugando tenis, la gira de los boy scouts, los primeros pozos petroleros en Maracaibo, los yanomamis remontando en una canoa y comiendo gusanos. La música del compositor venezolano Daniel Espinoza, ganador de un Latin Grammy, acompaña la narración del actor Sócrates Serrano.
Oteyza es uno de los documentalistas más vistos en el país. Ha realizado películas como Tiempos de dictadura, CAP 2 intentos y Rómulo resiste, entre otras, que reconstruyen la historia contemporánea del país. De las salas pasan al canal de YouTube Cinesa Channel donde algunos acumulan millones de vistas. Aquí no está El pueblo soy yo: Venezuela en populismo, producido por Enrique Krauze. La película cuenta la deriva autoritaria de Hugo Chávez y los primeros años de Maduro. Pero espera mejores tiempos para ser exhibido en Venezuela.
El cineasta resalta que la nueva película la hizo con ayuda de muchos jóvenes, como la comunicadora social Laura Caldera Millán, que hace de productora general en su primera película a los 25 años. El documental también está hecho pensando en los jóvenes. Así lo explica su creador: “Es una generación que necesita conocer qué nos pasó en períodos tan importantes como el 36, en el que la respuestas no estaban dadas, sino que se fueron construyendo, que hay que dejar la emoción y ser más racional. Y que vean otros momentos que vivimos y salimos bien parados. Esta no es una película para convencer, sino para acompañar a los venezolanos en este momento histórico que estamos viviendo. Un momento en que hay que pensar todo y tomar decisiones también”. Noventa años después, es difícil saber si hay otro Lopez Contreras a la vista en Venezuela.
EL PAÍS
