Propuesta interesante en Valencia, concebida como una radiografía del original, que merece verse. Interesante pero no perfecta. Leer
Propuesta interesante en Valencia, concebida como una radiografía del original, que merece verse. Interesante pero no perfecta. Leer
El Palau de les Arts valenciano inicia su temporada con esta ópera de las óperas, que sigue tan pimpante y arrolladora como siempre. Y como siempre también cada nueva aparición llega condicionada por una dificultad y un prejuicio. La dificultad consiste en encontrar los intérpretes adecuados. El prejuicio se refiere a lo que podría llamarse el miedo a la españolada. Tal reticencia encuentra desagradable las muy concretas referencias de la historia al subgénero español, compuesto por gitana de rompe y rasga, soldado cobarde, bandoleros andaluces y el inevitable torero, aquí graciosamente afrancesado como toreador.. Al director Ted Hoffman le produce comezón la españolada, a la que al final se pliega tímidamente; un prejuicio que obliga a presentar a la obrera libertaria de un modo tan abstracto y con el mismo atuendo que el desventurado y lamentable Don José. No se ve su flechazo ni se entienden sus reacciones, la pareja compuesta por una señorita displicente, con blusa y pantalón negro, el mequetrefe con camiseta y pantalón negro también. Vasilisa Berzhanskaya es una excelente cantante a la que no le va el papel y Charles Castronovo un tenor problemático al que tampoco le va el papel. Davide Luciano en el toreador y Ruth Iniesta como la pobre Micaela son las dos figuras que, como personajes, cumplen una función respecto a los protagonista; él aparece para confirmar que los amores de Carmen solo duran seis meses, ella para indicarnos que Don José solo quiere a su mamá, a la que sin embargo desatiende.. La poderosa dirección musical de Michele Spotti nos recuerda lo estupenda que es la música de Bizet, una vaharada entusiasta que sube del foso, pero que no encuentra en las coces el complemento adecuado; tampoco en una puesta en escena de una enconada frialdad, a pesar de los tardíos toques en homenaje póstumo a la españolada, que no debe confundirse con el burdo chafarrinón.. Propuesta interesante, concebida como una radiografía del original, que merece verse. Hoy a la ópera se va a ver quién se acerca a lo que concibieron años ha unos artístas que propusieron sus obras, a menudo maestras, con la seguridad de un talento no exento a menudo de humildad.. El público del Palau de les Arts valenciano, que ama su teatro, aceptó esta versión, tal vez esperando que la próxima Carmen logre combinar mejor el trío tremendo de foso, voz y escena.
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