Antes de alcanzar el reconocimiento como una de las autoras más leídas en español, era miembro de la ‘gente hermosa’, que comprendía a la élite económica que prestaba atractivo a las revistas y reuniones sociales del período de transición. «Recuerda Leer, ‘Éramos parecidos a Almodóvar; fue una época de armonía’,»
Antes de alcanzar el reconocimiento como una de las autoras más leídas en español, era miembro de la ‘gente hermosa’, que comprendía a la élite económica que prestaba atractivo a las revistas y reuniones sociales del período de transición. «Recuerda Leer, ‘Éramos parecidos a Almodóvar; fue una época de armonía’,»
Un empleado me abre la puerta de la casa de Carmen Posadas (Montevideo, 1953), me ofrece algo de beber y me acompaña al impresionante salón con vistas en pleno centro de Madrid. La anfitriona, que aparece al minuto, es amable, pero mantiene siempre cierta distancia. Publica ‘Las Mitford’, una novela sobre las extraordinarias hermanas que escandalizaron a la aristocracia inglesa de los años 30 y 40 del siglo XX. Es ya, para todo el mundo, una escritora, una de enorme éxito, pero en los años 80 y 90 fue otra cosa: una celebrity, parte integral de la beautiful people, aquella élite económica que observaba desde lo alto una España que aún sentía que todo iba a salir bien.. Las hermanas Mitford son una fijación tuya desde hace muchos años.. Sí. Había conocido su existencia cuando estuve viviendo en Inglaterra porque mi padre era embajador en Londres. Tras terminar el libro me he enterado de que mi colegio estaba a 25 kilómetros del lugar donde ellas pasaron toda su infancia, que es un sitio muy extravagante y muy llamativo donde también están enterradas. He tenido que escribir un libro entero para enterarme de lo cerca que estaban.. Eran seis hermanas. La escritora; la pareja de Oswald Mosley, líder del fascismo británico; la amiga íntima de Hitler; la militante antifascista que formó parte de las Brigadas Internacionales; la empresaria de éxito… y Pamela, la segunda, que no hizo otra cosa que ser una niña bien. Es la voz que has elegido como narradora. ¿Por qué?. Porque estas niñas eran tan protagonistas que cada una tenía una novela en solitario excepto ella y siempre me han gustado mucho los personajes secundarios. En la vida y en las novelas. Pamela solo quería estar con sus perros, sus caballos y pasear por el monte. Era lo que se esperaba de la hija de una aristócrata y, en el fondo, era la única normal en una familia de locos.. Salvando las distancias, tú tampoco tuviste una infancia convencional al ser hija de un diplomático. De Uruguay a España y largas etapas en Londres, Buenos Aires y la URSS de la Guerra Fría, todo antes de cumplir los 20.. Sí, esa mezcla que tienen las Mitford entre convencionales y absolutamente enloquecidas, esa esquizofrenia, también la tengo yo. Llevo toda la vida ahogando mi lado esquizo y enloquecido para que no asome. Sale cuando nadie me ve y todavía lo tengo, pero lo escondo bien. He aprendido y así seguirá. Es mejor que sólo lo vea yo.. Desde esas alturas, tanto la de las Mitford como la tuya, ¿se ve el mundo real o se acaba viviendo en una burbuja?. Yo siempre he vivido en el mundo real pese a los privilegios que haya podido tener. Me interesa, me importa, me informo. En realidad, ahora mismo hay mucha gente que vive una realidad paralela y no tiene que ver con la clase social. Hoy, la verdad ya no existe, la verdad se fabrica y cada cual fabrica la que quiere. Puedes decir que la Tierra es plana y la gente te responde: «Ah, que tú crees eso, vale, es muy respetable tu opinión». Es muy chocante. Lo que hay que respetar es el derecho de cada uno a expresar su opinión, pero eso no convierte toda opinión en respetable. Decir que la Tierra es plana es una estupidez y es mentira. Algunas opiniones son respetables y otras son completamente enloquecidas y, muchas veces, crueles, fascistas y dañinas.. Cuando en una mesa de Nochebuena se juntaban, literalmente, una hermana nazi y otra comunista, lo de las dos Españas y la polarización ya parece menos.. [Risas] Cada familia es un mundo, así que imagínate cada país. En su caso todo se explica por la infancia que tuvieron, que fue muy particular. El padre decidió que las niñas no irían al colegio porque lo único que se conseguía yendo era que se les pusieran las piernas gordas de jugar al hockey. Además, ellas estaban muy tristes porque no tenían amigos. Los padres eran súper clasistas y racistas, no querían que se mezclaran con la gente que vivía en Oxford y tuvieron una infancia muy retirada, pero, curiosamente, no les ponían ninguna limitación en lo que leían. Los padres no eran particularmente intelectuales, pero los abuelos sí lo habían sido y la casa estaba llena de libros y estas niñas, que no podían hacer otra cosa, leían vorazmente. Y leían cosas insólitas para una niña de 15 años, lo mismo a Freud que a Marx, todo lo que era la vanguardia del pensamiento en ese momento. Y así se fue fraguando su personalidad las unas en contra de las otras.. La competitividad entre hermanas.. Claro, las peleas de hermanas facilitaron esa división. La fascista y la comunista compartían habitación. Hicieron una línea en mitad del cuarto y la zona fascista estaba llena de retratos de Mussolini y Hitler y la comunista, con Lenin y la hoz y el martillo [risas]. Eso era más radical que lo de las dos Españas, pero, en realidad, ese ambiente tan polarizado previo a la Segunda Guerra Mundial en Inglaterra me recuerda de alguna manera a lo que vivimos aquí ahora.. ¿Existen, pues, las dos Españas?. Sí, claro, durante muchos años pensamos que se había superado, pero la vieja división ha vuelto. Yo fui testigo de la Transición. Tenía 22 años cuando murió Franco y ya tenía una hija. Es muy sorprendente el cambio de actitud general. Cuando murió Franco, la sociedad dijo: «Vamos a olvidar el pasado y a encontrar puntos de encuentro para construir una democracia y un país mejor». Esa reconciliación está simbolizada en ese cuadro de Genovés tan bonito que se llama El abrazo. Y ahí vimos cosas insólitas. Veías a la Pasionaria y a Carrillo abrazados a Fraga. Se consiguió lo impensable porque en aquel momento todo el mundo quería remar en la misma dirección. Era un país feliz. Ahora ocurre todo lo contrario.. ¿Qué crees que ha provocado ese cambio?. Tengo una teoría sobre esto, a ver si la sé explicar sin enrollarme. Los grandes traumas históricos, como la Guerra Civil o la Segunda Guerra Mundial, que traen mucho sufrimiento, injusticias y todos los horrores que uno pueda imaginar, tienen una única ventaja: se convierten en una vacuna para las siguientes generaciones. Después del trauma monstruoso de esas dos guerras seguidas, se empieza a construir en vez de destruir. Ahí se crean los grandes organismos internacionales: la ONU, la FAO, la UNESCO… Todo para evitar que se vuelva a producir aquel horror. Pero hay un problema: esa vacuna tiene fecha de caducidad. Cuando en España llegó la Transición todavía funcionaba la vacuna de la Guerra Civil y el franquismo. Había mucha gente que había vivido ese trauma y no quería repetirlo, pero según han pasado los años ha caducado y su efecto ha ido disminuyendo hasta llegar aquí.. ¿Nos ha faltado inyectarnos un refuerzo?. Exacto. Se ha ido perdiendo la conciencia de que aquello fue horrible y que necesitamos estar juntos para no repetirlo. Eso entre quienes lo vivimos, porque con los jóvenes pasa otra cosa, la nostalgia de lo no vivido. Los jóvenes que nunca conocieron a Franco ahora son franquistas por nostalgia de algo que no conocieron, lo tienen absolutamente idealizado por pura ignorancia. Y en la izquierda sucede algo parecido con el comunismo. Es un fenómeno muy peligroso porque reescribe realidades.. En aquella España de los 80, durante tu matrimonio con el entonces gobernador del Banco de España Mariano Rubio, formaste parte de la beautiful people. Ese selecto grupo de ricos y poderosos que formaron la superélite social del país y copaban fiestas y revistas.. Bueno, como dijo una vez Claudio Boada [banquero y miembro del grupo] cuando le preguntaron si formaba parte de la beautiful people, no sé muy bien de dónde salió aquello porque no éramos precisamente guapos [risas]. Como siempre ocurre cuando estás metido en un ambiente, el que sea, no eres consciente de la percepción que la gente tiene de ese grupo y para mí era algo muy normal. Sencillamente, quedaba a cenar o a salir con mis amigos. Es verdad que nos veíamos mucho y que todos eran gente de mucha valía. El núcleo duro, por entendernos, lo formaban Rafael del Pino, Claudio Boada, José María Entrecanales, Jesús de Polanco, Plácido Arango, Mariano [Rubio], Carlos Solchaga, Miguel Boyer y sus parejas. Ese era el grupo que nos veíamos dos o tres veces por semana.. A ver, un grupo estándar no era.. No. Lo que me pasó a mí es que acababa de llegar de Inglaterra y tampoco estaba tan al día de quién era quién. Me parecía de lo más normal. Mis amigos y ya está.. Una cosa interesante de aquel momento es que esa élite económica se mezclaba sin parar con la cultural que, a priori, era estética, política y socialmente antagónica.. Así es, en Madrid había eventos todos los días y allí coincidíamos todos, lo mismo Almodóvar que Boyer… Había una mezcla entre ambos mundos porque era una época que, si tuvieras que definirla con una sola palabra, sería la de la concordia. Y concordia no quiere decir que estés al cien por cien de acuerdo con el otro. Lo que significa es que aceptas tener una relación en la que cada uno respeta al prójimo y mantienen una relación educada y cordial en torno a un proyecto común de país. La Transición española fue modélica. Se estudiaba en las universidades americanas y todo el mundo decía: «¿Cómo es posible que este país tan cainita y tan complicado tenga a todo el mundo abrazándose? ¿Qué ha pasado aquí?». Lo que había pasado es que existía un deseo enorme de cambio después de 40 años de dictadura y que todos entendíamos que no había que repetir los errores del pasado. Ahora se dice mucho que en España ya no se habla y es mentira. Se habla muchísimo. Todo el mundo habla y nadie escucha.. Me dijo Mario Conde que, en aquella época, España no miraba a la gente con dinero con recelo sino con admiración, como un referente aspiracional. ¿Era así?. Sí, eso es verdad. España adoptó durante un tiempo una mentalidad muy americana. En Estados Unidos la gente no es envidiosa con los que tienen más porque existe la idea de movilidad social: creen que ellos también pueden llegar a tener mucho dinero. El famoso sueño americano. Además, como en Estados Unidos no hay aristocracia ni nada parecido, a los que admiran es a los triunfadores. Esa mentalidad existió brevemente en la España de la Transición y yo creo que quien mejor la encarnó fue, precisamente, Mario Conde. En aquella época todos los chicos querían ser como Mario. Se peinaban con gomina igual que él y caminaban con esa forma de andar tan suya, casi como un torero. Los ricos y triunfadores no eran sospechosos sino un modelo a seguir porque todo el mundo sentía que podía llegar a tener dinero.. No fue así. Conde acabó en prisión y siguió habiendo muchísima gente con apuros para llegar a fin de mes.. Sí. Pasó lo de Mario y cambió todo. Esa admiración por los triunfadores fue desapareciendo.. Tu marido también tuvo que dimitir y fue a prisión por fraude fiscal.. Sí, pero no comparemos. A Mariano lo condenaron por no declarar cuatro millones de pesetas, teniendo en cuenta todo lo que hemos visto… Creo que el tiempo le ha hecho justicia y le ha dado la razón, por desgracia ya era tarde [Rubio falleció en 1999].. Hemos hablado de dos vértices del triángulo, el poder económico y el cultural, y falta el tercero, el político. Tradicionalmente y simplificando, el dinero es de derechas, pero aquella beautiful people tendía a felipista, de Boyer y Solchaga a Polanco.. Es que la relación con el poder político también era de igualdad, como te contaba de la cultura. Ahí la gran amalgama fue la Movida porque fue una explosión de creatividad en la música, el cine, la literatura y tantas otras cosas que era algo muy atractivo a lo que todo el mundo podía sumarse. También nosotros lo hicimos. Aunque Mariano no tenía nada que ver con ella sociológicamente, porque pertenecía a otra generación, iba a ver las películas, leía las novelas, estaba al día… Era algo muy transversal y, de alguna manera, simboliza esa conexión entre la cultura, la política y la sociedad de aquella época con una figura aglutinadora como Tierno Galván.. Mariano menos, pero tú sí estabas en edad de disfrutar de la noche madrileña.. Un poquito. Los chicos de la Movida eran algo más jóvenes que yo, pero sí, algo salimos. Siempre he tenido muchos yoes. Si ves mi armario, tengo disfraces diferentes para cada uno de ellos. Tenía el disfraz para ser la de las fiestas de la beautiful people y tenía disfraz para ir a la Movida con la cazadora de cuero.. Habiendo conocido a tantos, ¿eran tan diferentes aquellos políticos de los actuales?. Sí, por una cuestión básica. En la clase política que yo conocí en los 80, eran todos los primeros de su promoción en la universidad y tenían todos carreras profesionales de éxito. Otra cosa fantástica, y muy necesaria, que ocurrió en la Transición es que quienes entraban en la política eran gente de primera categoría. Dejaban su profesión para dedicarse al servicio público porque pensaban que podían ayudar a su país. Era otra mentalidad. Ahora la mayoría son políticos profesionales, sin experiencia fuera de la política ni una carrera a la que volver, así que su prioridad es seguir viviendo de esto. Eso lo cambia todo en cuanto a preparación y objetivos.. Carmen Posadas, la noche en la que ganó el Planeta de 1998, junto a José Manuel Lara padre y José María Mendiluce.EFE. ¿Cómo convivían la celebrity y la escritora?. Me costó que me tomaran en serio como escritora, esa es la verdad. Debo decir que los amigos de Mariano siempre me respetaron, pero fuera del grupo ese menosprecio era constante. Una vez vino Michi Panero a hacerme una entrevista y su primera pregunta fue: «Oye, Carmen, tú que vas a tantos cócteles, ¿cuándo escribes?». Así, sin anestesia. Y yo le respondí: «Tampoco voy a tantos cócteles, pero si ese es el baremo, explícame dónde quedan Truman Capote, Proust o Evelyn Waugh, que estaban todo el día de eventos sociales». Una cosa no tiene nada que ver con la otra, pero sí existía esa mentalidad de «qué tiene que contarnos esta que dice que escribe».. Como si fuera un capricho.. Claro, como si fuera una chica pija de la alta sociedad que está aburrida, tiene que hacer algo para matar el rato y, en vez de jugar al bridge, se dedica a escribir.. ¿Cuándo cambió esa percepción?. Con el Planeta [en 1998 por ‘Pequeñas infamias’] empieza a cambiar todo. Cuando lo gané estaba traducida a tres o cuatro idiomas y ahora estoy traducida a 30. En buena parte, se lo debo al premio. Ahí empezó todo el mundo a verme como lo que soy, que es escritora.. ¿Cuándo crees que se rompió ese sueño del país cordial y más o menos unido del que hemos hablado?. No quiero hablar mal de Pedro Sánchez porque no le tengo mucha simpatía, pero tampoco quiero que la gente piense que soy anti. No lo soy, no soy anti nada y trato de ver la realidad lo más desapasionadamente posible, pero creo que esta España tan polarizada que vivimos ahora empieza en algún momento de su mandato. El «divide y vencerás» ha sido una de sus armas constantemente y eso se ha contagiado socialmente. Nos hemos vuelto muy broncos. El otro día los del desfile del 12 de octubre fueron a buscar a los acampados de Sol y eso es muy peligroso. Ese clima de confrontación lo jalea la política y abrir la caja de Pandora siempre es peligrosísimo.. Durante muchos años fuiste presa de paparazzi y prensa rosa. Ya no. ¿Cómo se escapa de ese tipo de fama?. Es facilísimo. Cuando escuchas a alguien decir eso de «Dios mío, no puedo vivir, me persiguen los paparazzi», normalmente es porque ellos mismos lo fomentan. El truco para que la prensa rosa te olvide es muy sencillo: no dar cuartos al pregonero. Cuando Mariano murió, me aparté de todo eso que nunca me había gustado. Tardaron un poquito en dejarme en paz, pero se rindieron. Me acuerdo de que al mes o así de quedarme viuda, llaman al timbre de casa, abro y me encuentro con un señor. Como soy muy despistada, pensé que era un periodista para una entrevista, le invité a pasar y le ofrecí un café. Soy bastante hábil hablando con alguien sin saber quién es, pero se acabó dando cuenta y me dijo: «Me parece que te estás confundiendo. Soy el paparazzi que lleva un mes viviendo en el coche delante de tu casa para ver si sales con alguien y, como no sales con nadie, me he aburrido tantísimo que he escrito este libro de cuentos y te lo traigo para ver si me ayudas a publicarlo» [risas]. Los aburrí y se fueron. Esa época ya había pasado para mí y me quité lo que menos me gustaba, que era esa fama.. Si eso fue lo peor de aquella época, ¿qué fue lo mejor?. El optimismo que había, esa idea de cambiar el país a mejor, de concordia, de que remábamos todos en la misma dirección. Eso, desde luego, fue lo más bonito. Y en la Transición éramos más libres de lo que hemos sido luego. Por ejemplo, la Movida fue una liberación fantástica para muchos homosexuales. Antes nadie se atrevía a reconocerlo y, al fin, cada uno era lo que le daba la gana. No se preguntaba, se aceptaba. Y fue una época con una gran libertad de expresión. Ahora no es que haya alguien que te censure, pero existe una autocensura que es casi peor.. ¿Te autocensuras a menudo?. Sí, sí. Trato de abstraerme lo más posible, pero sé que ese juicio permanente a lo que escribes o dices está ahí. Por ejemplo, me doy cuenta de que hay cosas que yo puedo decir porque soy mujer y un hombre no puede decir.. ¿El qué?. Por ejemplo, hace unos años, la Universidad de Granada decidió que iba a cambiar los nombres de los meses, que serían enera, febrera, marza… Si un hombre escribe un artículo diciendo que eso es una cretinez, lo tachan de machista, pero yo soy mujer, lo digo y me quedo tan ancha. Aun así hay temas con los que no me atrevo.. ¿Cuáles?. Ya te he dicho que no me atrevo [risas]. Mi época de dar titulares, afortunadamente, ya pasó.
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