De los mil y un universos que ha habitado Catherine Zeta-Jones, el de Kill Jackie le luce a las mil maravillas. De Elena de la Vega en La máscara del Zorro (1998) a Velma Kelly en Chicago (2002), pasando por Isabel Lahiri en Ocean’s Twelve (2004).
La actriz galesa protagoniza ‘Kill Jackie’, la nueva serie de HBO rodada en en País Vasco: «Me he vuelto embajadora de esta esta cultura»
De los mil y un universos que ha habitado Catherine Zeta-Jones, el de Kill Jackie le luce a las mil maravillas. De Elena de la Vega en La máscara del Zorro (1998) a Velma Kelly en Chicago (2002), pasando por Isabel Lahiri en Ocean’s Twelve (2004).. La actriz lleva media vida poniéndose en la piel de mujeres que saben perfectamente lo que quieren y, sobre todo, cómo conseguirlo. Jackie Price no iba a ser una excepción: una exnarcotraficante, (muy) rica, sexy y con una mala leche excepcional que, después de años de retiro, descubre que siete sicarios vienen a por ella. Lejos de amedrentarse, parece… ¿disfrutarlo? Con esta premisa arranca Kill Jackie, el thriller de venganza de ocho episodios que HBO Max estrenó el pasado 2 de octubre, basado en la novela The Price You Pay, de Nick Harkaway, y nacido de la cantera de Killing Eve y Gangs of London. Tom Butterworth, guionista y showrunner, y Damon Thomas, director principal, están al frente de la serie, pero Zeta-Jones también juega en los despachos: además de protagonizarla, es productora ejecutiva.. «Tiene humor, tiene ese mundo peligroso que creía haber dejado en el pasado», contó la actriz sobre su personaje durante su paso por Bilbao junto al resto del reparto. Alguna que otra secuencia de persecución está bien, tiroteos, y una Zeta-Jones refugiada en un camión de basura ataviada con un vestido de novia… Pues también. Ahora, todo esto con Bilbao de fondo lo hace, quizás, todavía más surrealista en el a veces demasiado tópico mundo del thriller. Si algo le faltaba a la Gran Vía era una exnarcotraficante galesa perseguida por siete sicarios. «Me he convertido en embajadora de esta ciudad», dijo entre risas Zeta-Jones. «De su cultura, de todo lo bueno de la zona. Y de la gente, sobre todo».. La ciudad vasca fue la cuna del rodaje durante casi cuatro meses y una localización esencial de la serie. El 75% se rodó en Vizcaya. «Pudimos disfrutar de toda la variedad de Bilbao», cuenta la actriz, que asegura haberse empapado de la ciudad hasta dejar de sentirse turista. «La belleza de estar fuera de casa siendo actor es que te empapas de la cultura. No te sientes turista ni visitante.. Te sientes un residente a tiempo parcial y te sumerges al completo». No es la única razón por la que Jackie le resulta un personaje especialmente próximo. «Me mandaron el libro sin un personaje femenino. La propuesta era sencilla y, a la vez, bastante radical: coger a Jack y convertirlo en Jackie. Me interesó cambiarlo, me interesó el tono, la acción, las capas. Es sexy, es tierno, es divertido…». Y, sobre todo, dice, era algo que no había hecho antes: «Nunca he hecho un personaje como Jackie. Si leyese el guion y no llevara mi nombre, le pondría el de cualquier otra actriz. No el mío», rió. Una mujer de 50 años que es una badass, que se ensucia y que viene de un pasado turbulento no es precisamente el tipo de personaje que, según Zeta-Jones, salta de la página todos los días.. Habla sobre el talento español con una estima palpable. Sobre Óscar Jaenada, su compañero de cámara en la serie y que interpreta al exsicario Zígor, Zeta-Jones destaca tanto su calidad interpretativa como la forma de acercarse al oficio: «Es algo que he notado no solo en este rodaje. Cada actor español con el que me he topado, pon, Penélope Cruz, Antonio Banderas, Javier Bardem… Todos y cada uno de ellos tienen una forma de acercarse al oficio que no se suele ver. Es una admiración distinta, es una forma de respetar y entender la tradición que solo puede inspirar». Para construir a Jackie tiró de su propio acento, algo que hasta ahora no había utilizado en pantalla y que, confiesa, siempre ha resultado ser un hándicap. No del todo perceptible, tal vez. Pero, aun así, un inconveniente. El galés, dice, le dio una base de realidad desde la que podía permitirse «dejarse llevar y testar límites».
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