Ni Berlanga. Ni los hermanos Marx. Ni José Luis Cuerda en sus mejores tiempos. Lo de anoche de La Revuelta con Shakira fue una de esas cosas que, si te las cuentan, no te las crees; si las ves, tampoco; y si intentas explicarlas, acabas preguntándote en qué momento una de las entrevistas más esperadas de la televisión se convirtió en la búsqueda desesperada de una cantante por un descampado.
La cantante cumplió a medias su promesa de acudir al programa de La 1: citó al equipo en Macondo Park, lo hizo esperar casi una hora y dejó a Broncano apenas 15 minutos para una conversación tan atropellada como incómoda. El presentador y Jorge Ponce lograron convertir el caos en televisión
Ni Berlanga. Ni los hermanos Marx. Ni José Luis Cuerda en sus mejores tiempos. Lo de anoche de La Revuelta con Shakira fue una de esas cosas que, si te las cuentan, no te las crees; si las ves, tampoco; y si intentas explicarlas, acabas preguntándote en qué momento una de las entrevistas más esperadas de la televisión se convirtió en la búsqueda desesperada de una cantante por un descampado.. Porque Shakira había prometido ir a La Revuelta, pero no fue a La Revuelta. Porque David Broncano había conseguido entrevistar a Shakira, pero casi se queda sin entrevistarla. Porque la artista más internacional de la música latina había citado al equipo a las cinco de la tarde, pero a las seis seguían buscándola. Y porque cuando por fin apareció, después de una espera que habría acabado con la paciencia del mismísimo santo Job, quedaban unos escasos minutos para hacer la entrevista. Shakira, Shakira, ¡que se nos va el avión!. Lo mejor es que no había manera de inventarse semejante despropósito. O sí, pero entonces habría que reconocer que La Revuelta tiene un talento extraordinario para convertir un desastre organizativo en un espectáculo televisivo. Y que Broncano y Jorge Ponce son capaces de sacar petróleo hasta de un cochecito dando vueltas por un recinto mientras esperan a que aparezca una estrella mundial. Lo de anoche fue tan absurdo que por momentos resultó brillante. Y tan incómodo que hubo momentos en los que uno deseaba que alguien gritara «¡corten!» y nos devolviera al Teatro Albéniz.. La historia venía de lejos. Desde que La Revuelta llegó a La 1, Shakira se convirtió en una especie de santo grial del programa. David Broncano la había mencionado en innumerables ocasiones, habían conseguido algún saludo grabado y, el pasado julio, lograron conectar con ella por videollamada. Aquello ya fue un disparate memorable. Mientras el presentador hablaba con la cantante, la asistente personal de Shakira se coló en pantalla intentando silenciar una llamada telefónica. Un momento de televisión involuntaria que terminó siendo casi más divertido que la propia conversación. Fue entonces cuando la colombiana prometió que algún día estaría en La Revuelta. Y Broncano, inocente criatura, se lo creyó.. La promesa se cumplió. A medias. Porque Shakira no se acercó al teatro, sino que fue La Revuelta la que tuvo que desplazarse hasta Macondo Park, el recinto desde el que la artista prepara el cierre de su exitosa gira con varios conciertos en Madrid. A estas alturas, que una estrella de su dimensión no quiera desplazarse a un plató puede entenderse. Que cite a un equipo de televisión, que ese equipo acuda con los medios justos y que después lo tenga esperando hasta dejar la entrevista reducida a unos minutos es otra cosa.. David Broncano explicó al principio cómo se había gestado semejante operación. La tarde anterior, el equipo de Shakira les había comunicado que, por fin, podían entrevistarla. Ellos pensaron que tendrían un par de semanas para prepararlo todo. Qué ilusos. La entrevista tenía que ser al día siguiente, a las cinco de la tarde, justo cuando normalmente graban el programa. Dos cámaras, unos pocos miembros del equipo y un presentador con un vuelo que coger. ¿Qué podía salir mal? Absolutamente todo. Y salió.. A las cinco, nada. 10 minutos después, nada. 20, tampoco. Media hora más tarde, Shakira seguía sin aparecer. Mientras tanto, Broncano y Jorge Ponce recorrían el recinto en un cochecito, charlaban con los trabajadores y trataban de mantener vivo algo que cada minuto se parecía menos a una entrevista y más a una prueba de resistencia de Supervivientes. Sólo faltaba que les pusieran un collar de inmunidad y les obligaran a buscar cocos.. «Yo me mantengo con ilusión, espero que en breve aparezca», decía Broncano, aferrándose a una esperanza que se desvanecía por momentos. «Estaba perdiendo la esperanza, pero parece que va a venir», reconoció después. Hasta que llegó la sentencia: «Tengo que hacer una entrevista en 18 minutos». Una entrevista a Shakira. En 18 minutos. Después de meses persiguiéndola. El colmo de los colmos.. «Va a ser complicada la emisión de esta entrevista. Tengo esperanza, creo que la diva colombiana estará esta noche en las televisiones de toda España. Que sea lo que Dios quiera», bromeaba el presentador. «Veremos si se puede emitir en televisión o en un reel de Instagram». No le faltaba razón. Habían conseguido a Shakira, pero el tiempo se les estaba escapando entre los dedos.. Y entonces, cuando ya casi parecía un milagro, apareció Shakira.. La cantante recibió finalmente a David Broncano en la zona VIP del recinto. Y comenzó una entrevista tan atropellada como la espera que la había precedido. Lo sorprendente es que, en lugar de intentar aprovechar cada segundo para hablar de la gira, de su regreso a España, de lo que ha supuesto su nueva etapa artística o de lo que vendrá después de unos conciertos que han marcado su carrera, la conversación acabó derivando hacia el horóscopo, las tiendas de fósiles, los baños portátiles y el catalán. Lo normal cuando tienes delante a una de las mayores estrellas del planeta y apenas un cuarto de hora para entrevistarla.. Shakira sí consiguió adelantar algunos detalles de su concierto de despedida del próximo lunes. «Va a ser un concierto espectacular con amigos, viene Maluma, vamos a cantar Agua, la nueva canción que tenemos juntos. Va a venir Bizarrap, habrá más sorpresas también, pero no puedo decir más». Era la información que cabía esperar de una entrevista con semejante protagonista. Pero aquello duró lo que tardó Broncano en volver a llevar la conversación por sus habituales caminos secundarios.. Y Shakira se plantó. «¿Por qué no cambiamos la imagen un poquito? Yo he venido aquí a hablar de mis conciertos», le recordó. Como aquella frase de Umbral de «yo he venido a hablar de mi libro». La frase fue uno de esos instantes en los que la incomodidad atraviesa la pantalla. La cantante quería promocionar sus conciertos. Broncano quería hacer La Revuelta. Y ninguno parecía especialmente dispuesto a renunciar a su papel. Es lo que sucede cuando una entrevista se plantea como una concesión de la estrella y no como un encuentro entre dos personas que tienen algo que contarse.. Aunque, puestos a hablar de surrealismo, todavía quedaba lo mejor.. Broncano, consciente de que tenía que marcharse para coger un avión, decidió pedirle a Shakira que le prestara su jet privado. Total, ya puestos a pedir. La reacción de la cantante fue inmediata: «O sea, me arruinas, las mujeres facturan pero también gastan. Tengo a 150 personas trabajando en esta gira, al final entre lo que facturo y gasto me quedo igual». Y Broncano, que podrá ser muchas cosas, pero no suele dejar pasar semejantes oportunidades, respondió: «Es que ni contesto ante semejante mentira».. Las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan. Aunque, según Shakira, después de pagar las nóminas, los escenarios, los desplazamientos y toda la maquinaria de una gira mundial, resulta que se quedan prácticamente como estaban. A ver quién se lo explica a los millones de espectadores que llevan años escuchando su célebre sentencia convertida en himno de empoderamiento.. La conversación siguió por derroteros cada vez más improbables. Acabaron hablando en catalán, lengua que Shakira aseguró utilizar con sus hijos en Miami para que sus amigos no los entiendan. «Hablo más catalán en Miami que en Catalunya», confesó. Y cuando la artista preguntó a Broncano si él también hablaba catalán por alguna novia, el presentador dejó caer una de las frases de la noche: «Sí, los dos hemos pasado por ahí». Una referencia que no necesitaba demasiadas explicaciones y que las redes se encargaron de convertir en otro de los grandes momentos del encuentro.. Hubo incluso un último instante de complicidad cuando Shakira demostró conocer el motivo por el que Broncano debía marcharse. «Es una de las razones más nobles», aseguró, dando a entender que aquel viaje estaba relacionado con el amor. «Yo he hecho muchas cosas por amor», remató ella antes de despedir al presentador con la mano. Y se acabó. Tanto esperar, tanto perseguir a Shakira, tanto soñar con tenerla en el programa para terminar con una despedida apresurada y la sensación de que la entrevista apenas había empezado.. La reacción de los espectadores fue tan dispar como el propio programa. Hubo quienes se indignaron con la impuntualidad de la artista y con el trato dispensado a un equipo que había desplazado personas y medios para conseguir una entrevista de apenas 15 minutos. «Por muy artista internacional que sea, no deja de ser de muy mala educación su impuntualidad. El tiempo de las demás personas es igual de importante», lamentaba un espectador. Otros resumían la experiencia con dos palabras: «Qué entrevista más incómoda».. También hubo quien recordó que Shakira lleva tiempo participando en programas de televisión españoles sin pisar sus platós, desde sus intervenciones en Nochevieja hasta su encuentro con Henar Álvarez. Y quien se preguntaba por qué, después de pasar tanto tiempo en Madrid, no había podido acercarse una hora al teatro de La Revuelta. Una pregunta razonable que no necesita convertir a la cantante en villana para señalar lo evidente: una estrella puede ser muy estrella, pero el tiempo de los demás también vale.. Sin embargo, hubo espectadores que defendieron justamente lo contrario. Que lo verdaderamente interesante de lo ocurrido no fue la entrevista, sino todo lo que la rodeó. Que ver a David Broncano y Ponce improvisando durante una espera interminable, sin decorado, sin público, sin los medios habituales y sin tener ni idea de si la invitada aparecería, era una forma de televisión mucho más cercana a YouTube y a las redes sociales que a los programas convencionales. Y no les faltaba parte de razón.. Porque aquí está la gran paradoja de lo sucedido. La Revuelta consiguió hacer televisión de una situación que, para cualquier otro programa, habría sido un auténtico quebradero de cabeza. Broncano y Ponce transformaron una espera desesperante en comedia, la falta de planificación en argumento y el retraso de la invitada en el verdadero protagonista de la noche. Una capacidad de improvisación que es, precisamente, una de las mayores virtudes del formato.. Pero una cosa es hacer virtud de la necesidad y otra confundir la necesidad con una virtud. Que Broncano sea capaz de salvar una entrevista que se desmorona no significa que la entrevista haya sido buena. Que la espera resultara divertida no convierte en razonable que el equipo tuviera que pasar más tiempo aguardando a Shakira que hablando con ella. Y que el resultado fuera televisivamente insólito no borra la sensación de oportunidad desperdiciada.. Porque Shakira tenía mucho que contar. Muchísimo. Su vuelta a España, el significado de una gira que ha marcado una nueva etapa en su vida, la relación con sus hijos, el fenómeno mundial en el que se ha convertido su música, lo que viene después. Y Broncano, cuando quiere y cuando encuentra el momento, sabe sacar conversaciones extraordinarias de personajes a los que otros entrevistadores apenas consiguen arrancar una respuesta promocional. Anoche no hubo tiempo. Y el poco que hubo se escapó.. La entrevista más deseada de La Revuelta acabó siendo, probablemente, una de las menos entrevistas de su historia. Eso sí, difícilmente habrá otra tan surrealista. Al final, Broncano consiguió a Shakira. Shakira consiguió hablar de sus conciertos. Ponce consiguió que una espera interminable tuviera gracia. Y los espectadores consiguieron asistir a un disparate en directo diferido que difícilmente olvidarán. Lo que nadie consiguió fue una entrevista de verdad.. Shakira, Shakira, ¡qué manera de facturar una promesa!
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