Aún guardo las novelas de la colección de El Mundo que nos hizo felices. Leer no te hace mejor persona, hay multitud de hijos de puta cultísimos, pero sí te ayuda a descifrar lo que somos: un fracaso Leer
Aún guardo las novelas de la colección de El Mundo que nos hizo felices. Leer no te hace mejor persona, hay multitud de hijos de puta cultísimos, pero sí te ayuda a descifrar lo que somos: un fracaso Leer
Los que fuimos jóvenes a finales de siglo nunca agradeceremos lo suficiente a este periódico lo que hizo por nosotros. En 1999, cuando aún había pesetas y teníamos muy pocas, El Mundo lanzó ‘Las 100 joyas del milenio’, una colección de grandes novelas a 225 pesetas. Renunciando a una copa el viernes, a una edad en la que aún necesitabas las dos manos para contarlas y casi no se notaba, comprabas tres clásicos. Fue un bombazo. Peregrinábamos al kiosco y nuestras estanterías, aún en la casa familiar, se llenaron de libros de tapa dura en colores pastel. Aún conservo la mayoría y me gusta verlos, también, cuando visito a mis amigos. Son un memento mori encuadernado.. La selección se realizó mediante votos de los lectores y, como no son días de andar poniendo en duda la democracia, obviaré mi opinión sobre la presencia de ‘El Lazarillo de Tormes’, ‘La celestina’ y ‘Romeo y Julieta’ en el Top 10. Da igual, la colección era magnífica. Gracias a ella descubrí las mejores memorias que conozco (‘Confieso que he vivido’, de Neruda), una de mis tres novelas preferidas, ‘Drácula’, y otras que no andan lejos como ‘El jugador’ o ‘Los miserables’.. ¿Por qué les cuento esto? Porque, en un cambio de juego que ni Bernd Schuster, detesto los musicales. Nunca estuve tan cerca de jurar celibato eterno como cuando una chica despistada me llevó a ver ‘Rent’ a la Gran Vía. Me habría sacado los ojos si eso no implicase que, de hacerlo, no podría ver para cortarme las orejas. Mi odio al género tiene dos excepciones que no sólo soporto sino que adoro: ‘Hamilton’ y ‘Los miserables». La primera, porque la genialidad consiste en escribir un musical sobre política económica y que emocione. La segunda, obviamente, por mi amor al libro de Víctor Hugo que aquella colección introdujo en mi vida.. Acudí, con temor prejuicioso, a la versión en español que se representa en Madrid. Es más que digna y es inevitable salir encendido, pues la trama moral y la revolucionaria siguen funcionando. Abandonas el teatro deseando recorrer los 600 metros que lo separan de la Puerta del Sol para dar un abrazo a esos chavales que, como Enjolras y compañía, saben que tienen todas las de perder y, aun así, ahí siguen. Piensas en cuántos Javert nos rodean, escondiéndose tras la ley para defender la injusticia, y en cómo condenan a tantos jóvenes a ser Valjean, en una permanente huida para escapar de su destino, sea éste la cárcel o un alquiler por habitaciones regentado por usureros como los Thénardier.. Leer no te hace mejor persona, hay multitud de hijos de puta cultísimos, pero sí te ayuda a descifrar lo que somos: un fracaso.
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