La cantante y compositora mexicana publica su primer libro, Norteña. Memorias del comienzo (Las Afueras), un texto autobiográfico sobre normalidad, ausencia de planes y la ilusión del instrumento Leer
La cantante y compositora mexicana publica su primer libro, Norteña. Memorias del comienzo (Las Afueras), un texto autobiográfico sobre normalidad, ausencia de planes y la ilusión del instrumento Leer
Llevo casi dos tercios de vida escuchando contento las canciones de Julieta Venegas (Long Beach, California —pero en realidad Tijuana, México—, 1970), encantado con su maravillosa y difícil sencillez, que es la misma que ha sabido trasladar ahora desde sus letras y sus melodías a los recuerdos, las reflexiones y los balances de Norteña, este precioso primer libro suyo.. No sé si habrá que concluir que es totalmente imprescindible no dedicarse a la literatura para conseguir escribir con esta arrebatadora naturalidad, pero lo cierto es que ha dado con un tono admirable, el que tal vez podíamos esperar de ella quienes hemos ido siguiendo su música. Me refiero a esa tristeza sonriente que subyace a sus cosas, esa inteligencia tímida, esa modestia ilusionada, y sobre todo a lo lejos que se puede llegar haciendo cosas de espíritu pequeño, de ambición relativa.. Y sobre eso es en realidad sobre lo que se habla en estas «memorias del comienzo», de la normalidad, la ausencia de planes y la ilusión con la que fue aprendiendo a tocar instrumentos (acordeón, piano, guitarra…), de la inseguridad que sentía ante su voz («Nunca me consideré una gran contenta, mi sueño era llegar a ser una buena compositora»), de los azarosos primeros conciertos con las improvisadas primeras bandas, o de su decidida debilidad al sentirse bajo los focos, en el centro de un escenario, «cosa que me da terror y a la vez me gusta».. Las Afueras. 176 páginas. 17,95 €. He subrayado muchos detalles de ésos en mi ejemplar, hasta llegar a las dos últimas líneas, que forman el remate más bonito, simple, reconfortante y perfecto que he leído en mucho tiempo. Por ejemplo cuando habla de Tijuana, donde se crió («es una ciudad que se ha construido a partir de necesidades inmediatas, no de una larga planeación urbana.. Nadie se ocupó de imaginar la ciudad, porque ya estaba construyéndose»…), o del silencio que reinaba en su casa («con las palabras no sabíamos realmente qué hacer, nos comprometían, nos incomodaban, Era mejor cantar») o, cuando, sin declararlo solemnemente, demuestra que es una gran lectora, o de cuáles eran sus intenciones verdaderas en los años 90: «Poder hacer una canción que no necesitara nada más que una buena melodía, contar una historia con poco», o incluso, escarbando más, «quería hacer canciones que mi madre disfrutara […], quería que mi madre disfrutara de mis canciones como veía que lo hacía cuando le gustaba una canción»…
Literatura // elmundo
