“Me gustaría que Nueva York tuviera calles adoquinadas, como las de España. Ayudan a regar la ciudad, los árboles están más vivos y, además, la gente podría intervenir sobre ellas: levantar las piedras, recolocarlas, moverlas de sitio”. John Wilson, barba y pelo rubio, gafas de pasta y camiseta roja descolorida de la banda Yo La Tengo, conocido por la serie de culto How To with John Wilson, intenta recomponerse de la resaca de la noche: “Bebí mucho vino y me comí un conejo entero”.. Seguir leyendo
El creador de la serie de culto ‘How To with John Wilson’ analiza la omnipresencia del material en las urbes y cómo se ha convertido en símbolo de especulación y decadencia
“Me gustaría que Nueva York tuviera calles adoquinadas, como las de España. Ayudan a regar la ciudad, los árboles están más vivos y, además, la gente podría intervenir sobre ellas: levantar las piedras, recolocarlas, moverlas de sitio”. John Wilson, barba y pelo rubio, gafas de pasta y camiseta roja descolorida de la banda Yo La Tengo, conocido por la serie de culto How To with John Wilson, intenta recomponerse de la resaca de la noche: “Bebí mucho vino y me comí un conejo entero”.. Wilson pasó hace dos semanas por Barcelona para presentar en el festival DocsBarcelona su primer largometraje documental: The History of Concrete, una pieza en la que el neoyorquino reflexiona sobre la omnipresencia del hormigón (el segundo material más utilizado del planeta después del agua) y cómo este ha terminado convirtiéndose en símbolo de decadencia y paisaje dominante de cualquier ciudad contemporánea. “Creo que es algo muy político que la gente no se da cuenta de que es político” apunta. La película se exhibe ahora en el circuito de festivales.. En España, durante los años del bum inmobiliario, se construyeron cerca de un millón de viviendas al año: más que en Alemania, Francia e Inglaterra juntas. En Barcelona, casi no queda un hueco por construir. Si siguiera creciendo, los panots (las significativas baldosas con flor) podrían acabar desbordándose por los márgenes de la ciudad.. El creador aborda la tendencia a resolver cualquier problema urbanístico a golpe de hormigón para homogeneizar la ciudad, reparar aceras, tapar alcorques o cubrir pequeños estanques de peces improvisados por una fuga de agua. Pero este material tampoco es eterno. Se desgasta, se llena de chicles (“los chicles, la caca de pájaro de los humanos” señala Wilson en la voz en off del documental), también se agrieta y se rompe. “Su renovación constante marca un comportamiento cíclico, como si las ciudades mantuvieran un modelo de suscripción de por vida con las cementeras”, añade el director.. Esta idea sobre lo que perdura y lo que se agrieta se repite a lo largo del documental en forma de corriente de pensamiento, un formato que ya desarrolló en How To with John Wilson, producida por Nathan Fielder para HBO, en la que, a lo largo de tres temporadas, enseña cómo poner un andamio, cómo cocinar el risotto perfecto, cómo ser espontáneo o cómo mirar los pájaros. Igual que en sus trabajos anteriores, va saltando de idea en idea a través de escenas cotidianas y personajes con trabajos y aficiones rocambolescas como la del empleado de la empresa Gumbusters que celebra al grito de “¡that gum is busted!” (“¡ese chicle está hecho polvo!”) cada vez que despega la goma solidificada del hormigón.. Con humor y sin caer en la caricatura o la burla, el cronista visual juega entre lo que está bien y lo incómodo en cada conversación: “Hay algo muy primitivo en mirar a gente haciendo cosas aburridas y reconocerse en ellas. Verse reflejado quizá suaviza parte del conflicto ético que puede generar algo así. Aunque tampoco depende de mí decidir si es cruel o no, eso queda en manos del espectador”.. Las imágenes se van sucediendo en este filme hecho de pequeños retales que Wilson tenía guardados o que ha ido filmando: del cemento se pasa a un taller sobre cómo escribir y vender una película de Hallmark (la empresa que se hizo famosa por la producción en masa de filmes románticos navideños) a unos hombres que preservan y enmarcan la piel tatuada de personas muertas para convertirla en objeto decorativo, o un documental sobre un rockero que revela que son este tipo de historias las que resultan realmente rentables.. El problema de la vivienda atraviesa también toda la película. Wilson muestra la casa que compró y cuyos dos primeros pisos tiene alquilados a unos amigos: una construcción que no deja de acumular goteras, averías y desperfectos. “Ahora que soy propietario me interesaba mucho poner cifras concretas sobre lo que cobro de alquiler porque siento que sigue siendo una especie de caja negra de la que casi nadie habla abiertamente. En la plataforma satírica de noticias The Onion, hicieron una vez un titular falso que podría ser verdadero: ‘Un casero sube el alquiler después de imaginarse un número nuevo’”.. John Wilson en el Festival DocsBarcelona el pasado 12 de mayo en una imagen cedida.Xavi Caparrós. La fama que el realizador alcanzó con la serie no se tradujo necesariamente en estabilidad económica. Mientras su forma de mezclar el documental observacional, el ensayo urbano y el humor incómodo lo convertía en una figura reconocible dentro del circuito cultural, él seguía teniendo dificultades para financiar este proyecto. El hormigón se vende mejor como material que como idea. La contradicción resulta ridícula cuando en el filme aparece como invitado al evento en el que la celebridad Kim Kardashian era nombrada “Hombre del año” (Man of the Year) en 2023 por la revista GQ, mientras él seguía intentando reunir dinero para sacar adelante el proyecto y pagar a los trabajadores. “No sabía si realmente era un documentalista exitoso”, admite. “Me celebraban y me invitaban a estas fiestas extrañas cuando, al mismo tiempo, estaba luchando por sobrevivir”. Luego se interrumpe y remata: “he olvidado la pregunta”.. ―¿Cuál es la conexión entre Kim Kardashian y el hormigón?. ―Quería conectar el afán de lucro con una crítica más amplia al capitalismo. Ella representa algo muy propio de la cultura pop estadounidense, pero también es una figura política en muchos sentidos. Igual que con Donald Trump, surge esa mezcla entre el negocio inmobiliario y el entretenimiento. Y creo que necesitamos quitarle al sector inmobiliario esa aura de celebridad, porque la idolatría alrededor de estas figuras puede ser muy perjudicial.. Lo cierto es que el equipo del alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, que ha entendido desde el principio qué tipo de vídeos necesita para conectar con los votantes y disputar el foco mediático a figuras como Donald Trump, le pidió recientemente una colaboración audiovisual para abordar su nueva propuesta política de reducir el tamaño de los andamios que inundan la ciudad. “Mamdani es muy inteligente. Me gusta mucho lo que está haciendo. De hecho, le dije que tenía que ver este documental y tomar nota sobre ciertas cosas”.. Wilson se sorprende de la cantidad de bolsas de hormigón, escombros, piedras y basura que hay repartidas por Barcelona. El director siente curiosidad por los desechos, los andamios y las grúas y en ese extraño cariño por lo que todo el mundo ignora, hay un halo que recuerda a la cineasta Agnès Varda en Los espigadores y la espigadora, el documental en el que retrata a los que viven de la recuperación de objetos y alimentos que los demás no quieren. “Claro, para mí ella es un gran referente, siempre tengo a Agnès Varda en la cabeza”.. En The History of Concrete también hay desechos: todas esas imágenes que no aparecen, que fueron descartadas. Todo lo que rodó en Barcelona hace dos años y también gran parte de lo que registró en Roma pero sobre todo, el descarte más doloroso para él: la historia de unos expertos en medusas que intentaban frenar una plaga en la costa de Nueva Jersey causada por las motos acuáticas de las nuevas mansiones, cuya estructura se había convertido en el lugar perfecto para su reproducción. Quizás este es el origen de su próxima película: un mar de medusas como un mar de cemento que se va expandiendo desde Nueva Jersey hasta la Gran Manzana.. Cómo hablar del hormigón, cómo mirar lo que nadie mira, cómo recuperar el valor de lo absurdo y de la gente inclasificable. En un momento en el que buscamos en Google o le preguntamos a una IA hasta cómo hacer las tareas más mínimas y cotidianas, John Wilson reconoce no recordar la última vez que necesitó buscar instrucciones para algo. “No sé. No se me ocurre nada… Cómo llegar a Barcelona… Cómo pasar una buena noche”. Bebiendo vino, cenando un conejo entero.
EL PAÍS
