Las imágenes de Kico anoche en La isla de las tentaciones provocaron algo que muchas veces se dice del programa, pero que anoche fue tal cual: vergüenza ajena. Mucha. Porque ver a un hombre pegar una patada a un taburete, salir corriendo hacia una playa, arrancarse la camisa, golpear la arena, gritar, insultar y lanzar advertencias porque su novia ha decidido tener una cita con otro hombre no es un ataque de celos divertido. Ni siquiera para La isla de las tentaciones.
El novio de Paula protagoniza un descontrol descomunal durante la primera ceremonia de citas, con Sandra Barneda obligada a intervenir en varias ocasiones; horas después, Rubén remata el caos arrancando la luz de la tentación de Villa Playa
Las imágenes de Kico anoche en La isla de las tentaciones provocaron algo que muchas veces se dice del programa, pero que anoche fue tal cual: vergüenza ajena. Mucha. Porque ver a un hombre pegar una patada a un taburete, salir corriendo hacia una playa, arrancarse la camisa, golpear la arena, gritar, insultar y lanzar advertencias porque su novia ha decidido tener una cita con otro hombre no es un ataque de celos divertido. Ni siquiera para La isla de las tentaciones.. Lo que se vivió anoche fue un desfase de magnitudes apocalípticas. Y sólo llevamos tres programas.. La primera ceremonia de citas tenía todos los ingredientes que necesita La isla de las tentaciones para fabricar una de sus bombas: las parejas frente a frente, los solteros esperando, los collares, las inseguridades cocinadas durante los primeros días y Sandra Barneda ejerciendo de árbitro de un partido que empezó caliente y acabó directamente incendiado.. Y entonces llegó Kico. Aunque, en realidad, Kico llevaba llegando desde el programa anterior. Desde que apareció Fran, desde que descubrió que aquel soltero podía gustarle a Paula, desde que empezó a atacar, a despreciar y a medirse con cualquiera que pudiera acercarse a su novia. Sandra Barneda ya le había avisado durante la ceremonia de los collares: «Tu boca te pierde». Anoche no fue sólo la boca.. Fue todo.. Fue la chulería. Fueron los desprecios. Fueron las advertencias. Fue esa forma de mirar a Paula como si cada decisión que ella tomara tuviera que pasar primero por su permiso. Fue la insistencia cuando llegó el momento de elegir las citas: «¿Vas a darle la cita? ¿Vas a darle la cita?». Porque Kico no estaba preguntando. Estaba avisando.. Paula intentaba explicarle que antes de entrar en La isla de las tentaciones ya le había confesado que Fran le parecía atractivo. Intentaba recordarle que él mismo le había pedido que viviera la experiencia. Daba igual. Kico sólo quería escuchar una respuesta. Y no era precisamente la que recibió.. Paula eligió a Fran. Y se abrió el infierno bajo los pies.. Kico perdió completamente los papeles. Patada al taburete. Gritos. Advertencias. Se levantó, abandonó la ceremonia y echó a correr hacia la playa. Se arrancó la camisa. Golpeó la arena. Gritó. Insultó. Volvió. Se fue. Se enfrentó a los solteros. Sandra Barneda intentaba contener una situación que hacía tiempo que había dejado de ser el espectáculo habitual de La isla de las tentaciones.. Y entonces Paula pronunció cuatro palabras que hicieron todavía más desagradable todo lo que estábamos viendo: «Esta es su otra faceta». Su otra faceta. Ahí estaba la clave de todo.. Porque aquello ya no era sólo un novio superado por una experiencia extrema diseñada precisamente para provocar celos. Aquello no era únicamente el desquicie que tantas veces hemos visto en La isla de las tentaciones. Aquí Paula no había besado a nadie. No se había metido en ninguna cama. No había hecho sonar ninguna luz de la tentación. No había hecho nada. Había elegido una cita.. Punto. Y por elegir una cita su novio montó aquello.. Quizá lo más inquietante no fueron siquiera los golpes contra la arena, ni la patada al taburete, ni la camisa arrancada, ni los gritos. Lo verdaderamente inquietante fueron las palabras. Esa sucesión de avisos con la que Kico intentaba dejar claro a Paula que cualquier decisión que no coincidiera con lo que él esperaba tendría consecuencias.. El «si haces esto…» de toda la vida. El «tú verás lo que haces». El «luego no vengas». El «atente a las consecuencias».. Cambian las palabras, cambia el escenario, hay palmeras, bañadores, cámaras y una presentadora intentando que aquello no descarrile, pero el mensaje es exactamente el mismo: si haces algo que yo no quiero que hagas, prepárate.. Y eso no son los celos que La isla de las tentaciones convierte en entretenimiento. Eso es entender una relación desde la posesión. Creer que querer a alguien te concede una suerte de derecho sobre sus decisiones. Que tu pareja puede hacer lo que quiera siempre y cuando haga lo que tú quieres.. Sandra Barneda lo vio. Lo había visto desde el principio. Intentó pararle una vez, otra y otra. Le exigió respeto. Le obligó a disculparse con los solteros. Trató de reconducir una ceremonia que se había convertido en el espectáculo particular de un concursante incapaz de aceptar que su pareja pudiera decidir algo que él no quería.. «Tu boca te pierde», le había advertido. Anoche quedó claro que el problema iba bastante más allá de la boca. Porque cuanto más intentaba Kico imponer su voluntad, más se alejaba Paula. Y hay una maravillosa ironía en todo aquello: probablemente nadie hizo más anoche para que Paula quisiera tener una cita con Fran que el propio Kico.. Él solo. Con cada advertencia. Con cada desprecio. Con cada amenaza. Con cada «¿vas a darle la cita?». Hasta que ella se la dio. La escena fue de tal calibre que hasta Fran, el soltero en cuestión, le decía a Paula: «¡Sal de ahí! ¡Sal de ahí». Sal de esa relación.. A veces La isla de las tentaciones necesita semanas de convivencia, fiestas, luces rojas, besos, edredones, hogueras y tabletas para dinamitar una pareja. Anoche a Kico le bastaron unos minutos. Y lo hizo él solito.. Pero es que la noche no había hecho más que empezar. Porque mientras el terremoto de Kico se llevaba por delante la ceremonia de citas, alrededor seguía existiendo La isla de las tentaciones. Y lo extraordinario de esta edición es que parece empeñada en quemar en tres programas lo que otras tardaban semanas en construir.. Llegaron las primeras citas, los primeros acercamientos, los juegos, los masajes, las confidencias, las primeras fiestas y, por supuesto, empezó a sonar la luz de la tentación.. Una vez. Otra. Y otra. Hasta que Rubén, completamente superado por la posibilidad de que Gema estuviera haciendo al otro lado de la isla aquello que él imaginaba que estaba haciendo, encontró una solución que en 11 ediciones a nadie se le había ocurrido. Arrancarla. Sí. Arrancar la luz de la tentación. «Se acabó la luz de la tentación».. Maravilloso. Once ediciones, decenas de parejas, cientos de alarmas y nadie había descubierto antes el método definitivo. ¿Te angustia la luz de la tentación? La arrancas. ¿Te pone nervioso escucharla? La arrancas. ¿No quieres saber lo que está haciendo tu pareja? La arrancas.. Ni hoguera de emergencia, ni tablet, ni Sandra Barneda, ni terapia de pareja. Bricolaje.. Y ahí está la diferencia entre lo de Rubén y lo de Kico. Lo primero forma parte de ese delirio televisivo que ha convertido La isla de las tentaciones en una máquina de fabricar momentos imposibles. Es absurdo, desproporcionado y tan delirante que resulta inevitable reírse. Lo segundo deja otro regusto.. Mucho menos divertido.. Porque La isla de las tentaciones vive de los celos. Vive de las infidelidades, de las carreras por la playa, de las hogueras, de las alarmas, de las tabletas y de seres humanos contemplando cómo la persona a la que aman se acerca a otra mientras ellos no pueden hacer absolutamente nada. Resumiendo, de las emociones. Esa es la naturaleza del formato. Y quien entra sabe perfectamente dónde entra.. Pero una cosa es el espectáculo de los celos y otra muy diferente convertir los celos en una amenaza.. Eso fue lo que hizo tan desagradable lo de Kico. Ese mensaje permanente de «como hagas esto…»; esa manera de dirigirse a Paula; esa necesidad de demostrar que las decisiones de ella iban a tener consecuencias; esa chulería con los solteros; ese estallido porque su novia había decidido tener una cita con un chico que le parecía atractivo.. Es el antiquísimo «si te atreves a hacerlo, prepárate para lo que venga» vestido con bañadores, palmeras y cámaras de televisión. Y no. No es querer mucho. No es amar demasiado. No es tener miedo a perder a alguien. Es otra cosa.. Anoche La isla de las tentaciones volvió a demostrar por qué sigue siendo una trituradora televisiva difícilmente comparable con ningún otro reality. El programa coloca una cámara delante de las miserias sentimentales, aprieta un par de botones y espera. No necesita hacer demasiado más. Ellos solos se encargan.. Y sólo han pasado tres programas. Tres.. A este ritmo, cuando llegue la primera hoguera de verdad no va a quedar ni la luz de la tentación.
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