Las editoriales independientes desbordan su propia feria, con más de 130 sellos y cuatro naves en Matadero Madrid, ante el éxito de público Leer
Las editoriales independientes desbordan su propia feria, con más de 130 sellos y cuatro naves en Matadero Madrid, ante el éxito de público Leer
Quizá Freud escarbaría algo más. Porque las pesadillas que relata Giuseppe Grosso, a pocos días de la celebración del Festival Back to the Book que organiza junto a Alfonso Zuriaga y Sara Maroto, son peculiares y con su toque de sudores fríos: «No suelo soñar mucho, pero cuando sueño, tengo dos pesadillas: que tengo que hacer el examen de la Maturità [el equivalente en Italia a la Selectividad española] y no he estudiado nada y de repente tengo que empaparme de cinco años de temario, y que estrenamos el festival, abrimos la puerta y no viene nadie». Y sus dos compañeros en el riesgo sonríen con complicidad: «Ese miedo lo tenía el primera año también. Pero cuando estaba fuera y veía la cola para entrar, porque superamos el aforo, es que no daba crédito. O sea, esto no puede estar pasando», recuerda Sara sobre aquel 2025.. Se lanzaron con el primer festival independiente de literatura y edición de España, sumando a colegas del sector y al vecindario -«100% made in Arganzuela», celebran-, mimando la puesta en escena y la imagen del proyecto y sumando una agenda de charlas, talleres, música, presentaciones y firmas. Hoy, congregan a 138 editoriales -y las que han tenido que dejar fuera con «todo dolor de corazón»-, y acogen, incluso, a autores venidos expresamente desde Corea del Sur -Choi Jin-young y Cheon Myeong-kwan- para este Back to the Book, que arranca el viernes. Lucen un cartel a la altura del festival de música más codiciado: Julieta Venegas, Paco Roca, Lucía Solla Sobral, Lara Corujo, Sara Torres, Moderna de Pueblo, Marta Sanz, Mónica Ojeda, Irene Cuevas, Jon Bilbao, Brenda Navarro…. «Algo de rockeros tenemos», bromea Sara. Incluso los proveedores o quien les monta la producción de los andamios, más acostumbrado a las obras y reformas, le echan cariño e implicación al asunto desde sus inicios. Habrá cerveza, y han reclutado a Dott Café Bar, comercio del barrio, para ahondar en el encuentro y lo lúdico. Tras el éxito del primer año, se extendieron de una nave de la Casa del Lector de Matadero Madrid a la segunda y se repitieron las filas de personas, pero a ambos lados. Aprovecharon la gira europea de Mariana Enríquez para invitarla. Y aceptó. «Eso le dio una proyección al festival, también fuera». En esta tercera edición, han saltado a otros dos espacios más y ocuparán ya 1.800 metros cuadrados. Es decir, casi el doble.. Empezaron «sin grandes expectativas» y, ante el entusiasmo, que hay quien anuncia por redes sociales su visita desde el archipiélago canario, se han visto obligados a tomárselo «más en serio», si cabe. «Nos hemos inventado esto desde la nada y nos hace mucha ilusión tanto apoyo. A mí me abruma todavía. Ya la primera edición se montó con poquita financiación y mucho trabajo. Y ahora empezamos desde febrero», confiesa Sara. Estrenan, al fin, un patrocinador que acudió sin tantearlo. Cuentan con apoyo institucional, «aunque limitado» para su lista de deseos. «Se buscan patrocinadores de compañías aéreas y de aseguradoras», insisten con la guasa. Y reconoce Giuseppe: «Nuestro lema podría ser ‘hacer de la necesidad virtud’». Porque semejante despliegue, «creado desde abajo», se sustenta sobre sus hombros, los cuales aguantan ya «un mundo cultural complicado, precario, con muchas dificultades que conocemos de primera mano», reflexiona Alfonso.. Los editores y la diseñadora regentan la editorial y librería Altamarea. Á. NAVARRETEÁNGEL NAVARRETE. «Son muy kamikazes ellos dos, muy valientes. Luego yo voy ya detrás. Se tiran a la piscina, sin ver sin hay agua o no, y luego flotan», alaba Sara, que también trabaja en diseño de iluminación, sobre este dúo amigo que fundó en 2018 la editorial Altamarea y, cuatro años más tarde, una librería de barrio, con ese mismo nombre, en Arganzuela. Desde ahí detectaron una carencia en España, que les afectaba a ellos mismos y a sus iguales en la cultura: «Sí existían en México o Buenos Aires, pero aquí percibimos que había una necesidad de dar pie y visibilizar proyectos editoriales de escala distinta a la que suelen inundar las mesas de novedades», explica Alfonso. «Nos vinimos arriba y dijimos: ‘¿Por qué no montamos un festival que echamos en falta como editorial? En otros países existen así, independientes. Llevan muchos años, y con fuerza», cuenta Sara.. Su versión es ya ese fuego alrededor del cual quieren calentarse las editoriales independientes, aunque tampoco funciona como un fondo de saco: «No es que vayamos a dar la oportunidad a una editorial porque, pobrecita, tiene dos libros. Tampoco hay grandes grupos ni autoedición. Esta es una propuesta muy pensada. Queríamos que fuese un escaparate homogéneo, por tamaño y con catálogos de mucho valor, para un lector acostumbrado a este segmento editorial», desentraña Giuseppe. Este año, debuta también una fellowship con editoriales europeas, para que las patrias aprovechen para la compraventa de derechos para traducciones.. Podrían ya plantarse como alternativa a la Feria del Libro de Madrid, con esas normas que cada año recrudecen las posibilidades de participación de las independientes y un público más generalista. Pero lo niegan en tromba al unísono: «Ese no es el espíritu. No podríamos competir, ni queremos. Ni los recursos son los mismos», zanjan. «Me encanta que nos hagas esta pregunta porque nos sentimos súper importantes», ríen. Daos tiempo, apunta este diario, porque la propia Sara, dispuesta a despejar las pesadillas de Giuseppe, desea: «Me lo imagino en el futuro extendiéndonos a todo el Matadero, con muchísimos eventos y editoriales, food trucks…». Por qué no.
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