La novela de William Golding es a la vez realista y abstracta. Jack Thorne se atreve con los dos registros pero se pierde en el intento Leer
La novela de William Golding es a la vez realista y abstracta. Jack Thorne se atreve con los dos registros pero se pierde en el intento Leer
Los argumentos que niegan la idea misma de la «televisión de autor», comparándola siempre con el cine, suelen olvidar que pocos autores más autores que un showrunner al que le han dado libertad creativa de verdad. Es irrelevante que no haya un circuito de «series de festivales» como sí lo hay de películas. Lo que importa es que, en el paradigma del entretenimiento televisivo actual, con plataformas de distribución globales sirviendo a un mercado extremadamente atomizado, la opción de que una serie de nicho encuentre su, ejem, nicho, no sólo es posible, sino que es la base del nuevo sistema. Incluso si se trata de una carísima serie de nicho.. El señor de las moscas es carísima y es de nicho. Lo primero es indiscutible: esta producción de BBC ha contado con un presupuesto más que holgado. Lo segundo será, en todo caso, una cuestión de grado: ¿estamos ante la nueva Adolescencia (una serie exigente que, sin embargo, lo petó) o será El señor de las moscas otro proyecto ambicioso y elitista que no atraerá a públicos masivos? El ejemplo de Adolescencia cae por su propio peso, pues esta nueva versión de la novela de William Golding lleva la firma de Jack Thorne, creador del superéxito de Netflix.. Por otro lado, una de las definiciones más claras de la expresión «venirse arriba» es creerse capaz de llevar a buen término una adaptación audiovisual de El señor de las moscas, una novela popularísima que también es un artefacto literario perfecto. Esto es: se resiste a cambiar de formato. Y se ha intentado varias veces. Nunca de manera completamente satisfactoria. Porque trata de niños. Porque mueren niños. Porque qué código le pones a eso a la hora de filmarlo: ¿realista? ¿onírico? ¿histórico? ¿atemporal? ¿llamas a Spielberg, a Cronenberg o a los hermanos Duffer?. A Peter Brook lo llamaron en 1963. Su versión de El señor de las moscas recibió muy buenas críticas. El venerado Brook, un mito del teatro siempre muy consciente del texto, el contexto y el subtexto, cuidó mucho los tres en la película que dirigió sobre la novela de Golding. El resultado es muy parecido a lo que nos ofrece, en cuatro episodios, Jack Thorne. Pero los medios con los que ha contado Thorne son mucho más potentes. Él piensa menos en conceptos y en metáforas (de niños y adultos, oh sorpresa) y más en las selvas más bonitas jamás filmadas: de Apocalypto a La selva esmeralda, de Depredador a Avatar. Su El señor de las moscas es un alarde de dirección de fotografía y localización, de composición y de tiros de cámara. Tras el poderío de los planos secuencia de Adolescencia, una superproducción selvática protagonizada por niños.. Una de las cosas que hacen enorme el libro en el que se basa es su concreción. Otra es su enorme capacidad para proponer al tiempo un relato realista y una fábula abstracta. A la hora de llevar eso a la pantalla, alguna de las dos cosas tiene que morir. Pero Jack Thorne se niega a aceptar esto y elige una tercera vía que es tan estética como cuestionable.. Su serie es a la vez preciosa y aburrida. Y demasiado larga. Tiene un concepto narrativo claro pero, como los niños náufragos que la protagonizan, disfraza de valentía lo que podría ser simple inconsciencia. O cabezonería. Ahora bien: no vas a ver nada más bonito en televisión este año. Puede que El señor de las moscas, disponible en España en Movistar Plus+, sea la gran falsa buena serie de 2026. También puede que atreverse a hacerla sea lo más osado que ha hecho nunca su showrunner.
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