La «excepción ibérica» asombra a Europa: mientras los principales mercados editoriales se estancan o se contraen, la venta de libros, la publicación de novedades y el hábito lector crecen en España desde hace más de una década de manera sostenida. Solo en esta semana de Sant Jordi las librerías catalanas facturan más de 26 millones de euros Leer
La «excepción ibérica» asombra a Europa: mientras los principales mercados editoriales se estancan o se contraen, la venta de libros, la publicación de novedades y el hábito lector crecen en España desde hace más de una década de manera sostenida. Solo en esta semana de Sant Jordi las librerías catalanas facturan más de 26 millones de euros Leer
Don Quijote enloqueció de tanto leer novelas de caballerías y la España de hoy parece haber enloquecido de tanto publicar novedades. Junto a Portugal somos «la excepción ibérica», los dos únicos mercados del libro que crecen en Europa, mientras los más grandes -Francia, Alemania, Reino Unido o Italia- se estancan o se contraen. En la pasada Feria de Fráncfort, el gran escaparate del sector, los editores europeos ya analizaron el Spanish phenomenon: llevamos 13 años consecutivos creciendo, concretamente un 39 % entre 2013 y 2024, superando el umbral de los 3.000 millones de euros de facturación anual. Un «insolente crecimiento» lo calificó el diario Le Monde, mientras retrocede levemente el mercado en Francia, país que ha hecho de la lectura un estandarte nacional, reforzado por un presupuesto millonario del Ministerio de Cultura.. ¿Qué ocurre en España y Portugal, países que pueden sufrir un apagón global durante un día entero pero que también lideran el crecimiento del libro europeo? «La tendencia positiva venía de lejos, en los últimos 20-25 años ha habido una mejora continua y, por razones históricas y demográficas, teníamos mucho margen de crecimiento», señala Daniel Fernández, presidente saliente de la Federación de Gremios de Editores de España (ahora lleva las riendas del gremio catalán) y quien acuñó el término de «excepción ibérica» en Fráncfort. «La pandemia fue la mayor campaña de fomento de la lectura que ha tenido España. Con el confinamiento mucha gente redescubrió el placer de leer y hubo un salto de casi cuatro puntos en el índice de lectura. Marcó un antes y un después. Pensábamos que se moderaría, como ha ocurrido en otros países, pero se ha mantenido un crecimiento sostenido en el hábito lector», explica en su despacho de Edhasa, histórica editorial que dirige desde hace 25 años.. ¿Cómo se percibe en Francia esta «excepción ibérica»? En Gallimard, la editorial con mayor solera y prestigio (tiene 44 premios Nobel en su catálogo), el venezolano Gustavo Guerrero dirige el departamento de literatura hispánica desde hace cerca de 30 años y dibuja la siguiente lectura: «El mercado español actual es uno de los más dinámicos de Europa, con una ventana de exportación envidiable, Hispanoamérica, que no tienen ni los alemanes ni los franceses». Él mismo ha potenciado la publicación en francés de Roberto Bolaño, Javier Marías o Mario Vargas Llosa.. «Para Francia, el fenómeno español es importante en estos momentos, ya que las dos economías del libro están muy integradas. Casi un 15% de la compra de derechos de traducción queda en manos de editoriales españolas. Así que la buena salud del mercado español no puede sino beneficiar a Francia y a Europa. En medio del estancamiento del sector es un mensaje de esperanza», analiza.. La fiesta de Sant Jordi sirve de espejo de la buena salud del mercado, marcando nuevo récord año tras año: en 2025 se vendieron más de dos millones de libros en Cataluña, lo que supone una facturación de 26 millones de euros, el 20% de lo que las librerías venden en todo el año. Enmarcado además por siete millones de rosas. «No hay un evento comparable en ningún lugar del mundo. Nada», reivindica Èric del Amo, presidente del Gremi de Llibreters de Catalunya y propietario de la emblemática librería Documenta.. Aunque la Feria del Libro de Madrid llena de libros El Retiro durante casi tres semanas, las cifras no rozan ni la mitad de Sant Jordi: casi 595.000 ejemplares y 10 millones facturados. Más de 600.000 personas pasearon por la feria, pero solo en Barcelona cada 23 de abril se concentran más de un millón. Javier Cercas, que en 2025 fue uno de los autores más vendido con su crónica vaticana El loco de Dios en el fin del mundo (Random House), siempre define Sant Jordi como «un milagro». Eso sí, el ranking de los libros más vendidos, que lideró María Dueñas (siempre que saca novedad es la reina de la jornada), apenas representa el 5 % de los títulos, más de 75.000. «La seña distintiva de Sant Jordi es la bibliodiversidad. La gente busca novedades, sí, pero también clásicos y fondo de armario», señala Del Amo. Y pone como ejemplo algunos de los éxitos de su librería: Elogio de la sombra de Junichiro Tanizaki,La utilidad de lo inútil de Nuccio Ordine, El quadern gris de Josep Pla o El temps de les cireres de Montserrat Roig. «Cada librería haría una lista diferente», apunta.. Lola Larumbe de la librería Alberti de Madrid. Si entre Sant Jordi y la Feria madrileña se superan los 36 millones de ejemplares, ¿cuántos libros se venden al año en España? Más de 210 millones, según el Informe de Comercio Interior de la Federación de Gremios de Editores, el más completo y fiable del sector. En 2024 se publicaron 87.542 títulos nuevos (59.758 en papel y 27.784 en digital) y aunque aún no se han hecho públicas las cifras de 2025, «siguen la misma tendencia» de superávit, adelanta Daniel Fernández. Solo Reino Unido y Alemania editan más novedades que España, que se queda con la medalla de bronce en el podio europeo, desbancando a Francia, país con cerca de 20 millones de habitantes más que el nuestro, o Italia, que tiene 10 millones más.. Nuestros vecinos franceses publicaron 63.525 novedades en 2024, según las cifras del Syndicat National de l’Édition, mientras en España rozábamos los 90.000. Nadie quiere pronunciar la palabra «burbuja» editorial, pero ¿estamos ante una sobreproducción de novedades? Pragmático, Daniel Fernández tira de alegoría mediterránea: «Cuando hay una buena cosecha de aceite de oliva o de vino, nadie habla de sobreproducción. A lo sumo hay excedentes que pueden bajar el precio. El problema no es que se publique demasiados libros, sino que el sistema educativo y las políticas públicas aún no han convertido la lectura en un hábito universal. Mientras el público lector crezca, la oferta amplia no es un problema, sino una oportunidad», opina.. Desde su despacho de Gallimard, Guerrero compara lo que ha sucedido en los países europeos con más músculo editorial: «Francia, Reino Unido y Alemania llevan varios años realizando un ajuste de su producción, pues son mercados sobresaturados que han estado sacando más libros de los que pueden absorber con todas las consecuencias ecológicas, comerciales y culturales que acarrea esta desmesura. No es improbable que en España se empiece también a hacer un ajuste a medio plazo».. Lo que resiste son las librerías: el templo para buscar libros, que dobla el porcentaje de la compra online (56% versus 24%). En España sigue predominando la compra física, ya sea en ferias o mercadillos (7%), grandes almacenes (6%), hipermercados (4%) o quioscos (4%). En cambio, en Reino Unido el canal digital (básicamente, Amazon) ya supera el 40% de las ventas, acercándose al inquietante 52% de Estados Unidos.. De todas las novedades que entraron en las librerías españolas, la tasa de devolución a las editoriales se situó en el 27,1%, una leve disminución respecto al año anterior (en 2013 llegó a ser del 34,3%). ¿Hay lector para tanto libro? La buena noticia del último Barómetro de Lectura de 2025 viene a desmentir el mito de que los jóvenes no leen: la franja entre 14 y 24 años es la que registra un mayor índice de lector, un 76,9 %. Aquí cabe señalar otra especificidad ibérica: el cómic ha escalado hasta el 14,3 %, un impresionante aumento del 38 % desde 2020. Y aún tiene margen de crecimiento. ¿Por fin se ha consolidado la viñeta como literatura, sacudiéndose antiguos prejuicios? «La novela gráfica se toma muy en serio», afirma Fernández, pero con un matiz… «El crecimiento exponencial se debe a la explosión del manga».. El perfil del lector se mantiene inalterable: mujer, joven, con estudios universitarios y que vive en ciudad. Un 72,3 % de las mujeres leen por placer, frente al 59,8 % de los hombres. Grosso modo, Fernández agrupa los lectores en tercios: los heavy readers que leen entre 15 y 30 libros al año, los lectores ocasionales que leen hasta cinco volúmenes y los no lectores, aquellos que no leen por ocio. «Este último tercio es el gran drama estructural del país», suspira.. Rodeado por estanterías de clásicos, el editor lanza un aviso claro: «Si no apostamos por políticas públicas más fuertes y si no ponemos la lectura en el centro de la educación corremos el riesgo de desaprovechar esta oportunidad histórica». El veterano editor, que también preside el patronato de la Biblioteca Nacional, reivindica la lectura como un eje troncal de la educación y pone el dedo en la llaga: las bibliotecas escolares. «Aunque la ley establezca que los centros escolares deben disponer de una biblioteca, sigue siendo una de las grandes asignaturas pendientes del sistema educativo. En los últimos años se han repartido tablets en centros donde no hay siquiera biblioteca», lamenta.. Una de las dramáticas consecuencias de la hegemonía de las pantallas es la disminución de la comprensión lectora. Cuando se estrenó la adaptación de Cumbres borrascosas en febrero, muchas fans de Margot Robbie y sobre todo de Jacob Elordi quisieron leer el libro de Emily Brontë. Un vídeo de TikTok de una joven de 25 años, con su flamante edición especial de Penguin, se hizo viral: «¿Cómo me voy a leer el libro si no entiendo la mitad del vocabulario?», confesaba la chica con total honestidad. Como a muchos jóvenes de la Generación Z le costaba comprender el lenguaje antiguo, aunque no han pasado ni dos siglos desde su publicación en 1847, cuando Brontë tenía 29 años. ¿Cómo leer entonces El Quijote de 1605? ¿O La Odisea?. Esta crisis de lectura centró la primera jornada de la Feria de Bolonia, la más importante de literatura infantil y juvenil, celebrada hace dos semanas. En Francia, sucede lo mismo: «Los jóvenes solo dedican 18 minutos al día a la lectura frente a tres horas de pantallas. Además, el tiempo de lectura se ha vuelto fragmentario: mientras leen muchos también envían mensajes, consultan redes, hablan por teléfono, juegan a videojuegos… Es un problema mayor para la industria», señala Guerrero. La excepción ibérica necesita políticas públicas a la altura del fenómeno.
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