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Con Patricio Pron he compartido tres o cuatro ratos, no más, y en dos de ellos con gran aprovechamiento. Lo leo más de lo que lo conozco. Aprovechamiento porque cruzamos un rato de conversación con otros conocidos (e incluso amigos) y me reí y me gustó lo que le escuchaba. Ahora leo a Patricio Pron una vez más por su última novela, En todo hay una grieta y por ella entra la luz, publicada por Anagrama. El título viene de Leonard Cohen. Marchó a Nueva York a escribir otra cosa y apareció este texto donde el tiempo importa, pero donde la idea que teníamos del tiempo ha dejado de funcionar. Hay algo de angustia en la escritura de Patricio Pron y sin embargo en esta obra no resulta intolerable.. Por fuera este hombre es un flaco profesional vestido de luto tantas veces, con el golpe de color en los zapatos o en los botines o en las botas verdes Dr. Martens. Como sabe que obedecer es traicionar, hace lo que le da la gana sin levantar demasiado ruido. Por dentro, quiero decir, se trata de un ciudadano complejo, contorneado con cientos de lecturas en todas direcciones, culto, irreverente, incómodo si se da la ocasión, serio y lector de algunas gentes que llegaron tarde a demasiadas partes. Y quién dice que el escritor protagonista de En todo hay una grieta y por ella entra la luz no es también Patricio Pron y todo se complica con un incendio. Y el incendio es devastación. Y el incendio nos empuja a preguntarnos por nuestra relación con las cosas. Y el incendio es tiempo.. Patricio Pron es argentino de Rosario. Tiene 50 años. Vive en Madrid. Tiene gatos. O tenía gatos. En ocasiones se echa el pelo hacia arriba. Hay escritores que escriben como impulsados por una presunta indicación divina. Me temo que él no: lo suyo tiene más que ver con las preguntas en crudo y con algún desafío, y quizá poniéndose trampas. Esta novela puedo decir que se escribe casi en una trama de notas al pie de página que no fatigan y que dan claridad. Igual para hablar de los mapas o de las fronteras, igual que las ratas de Nueva York. No sé. Es un narrador estupendo y exigente y su literatura da ganas de leer. A mí esto me parece mucho y bueno. Y tranquiliza cuando un escritor, además, te cae bien.. Atravesados por mil crisis, Patricio Pron se detiene en unas cuantas para este libro. Y por eso mismo decide que su elección aquí no es sumarse a las muchas destrucciones que rondan el presente, sino proponer la construcción de algo nuevo con las palabras. Con los otros. Y así dialogar, no dispensar soluciones ni instrucciones. Para eso es mejor defender que el mundo aún se puede leer como un inmenso texto, aunque casi nadie lo hace. Qué bueno y raro es Pron.
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