Cuando Juan Luis Iborra (L’Alfàs del Pi, 67 años) vio la película Cinema Paradiso (1988), asistió a la representación de su vida en la gran pantalla. “Me acuerdo perfectamente de dónde la vi. Fue el 1 de enero en el Cine Pompeya de la Gran Vía, que ya no existe. No es que llorase, es que una señora que tenía sentada al lado se preocupó, pero es que es mi vida”, cuenta en una conversación telefónica con EL PAÍS. Antes de ser un conocido director de teatro —acaba de estrenar El club de los poetas muertos en el Teatro La Latina de Madrid—, antes incluso de llevar el humor a las salas de cine de los noventa —escribió los guiones de Todos los hombres sois iguales (1994) y Salsa rosa (1992)—, Iborra fue un niño que, como el Salvatore de Cinema Paradiso, jugó entre las butacas y el escenario del cine de sus padres, ubicado en el pueblo de L’Alfàs del Pi (Alicante).. Seguir leyendo
Esta sala independiente del pueblo alicantino, ligada a la historia del director Juan Luis Iborra, ha vivido con ‘La bola negra’ un éxito como el de sus comienzos en 1979, afianzándose como un punto cultural fundamental en la Marina Baixa
Cuando Juan Luis Iborra (L’Alfàs del Pi, 67 años) vio la película Cinema Paradiso (1988), asistió a la representación de su vida en la gran pantalla. “Me acuerdo perfectamente de dónde la vi. Fue el 1 de enero en el Cine Pompeya de la Gran Vía, que ya no existe. No es que llorase, es que una señora que tenía sentada al lado se preocupó, pero es que es mi vida”, cuenta en una conversación telefónica con EL PAÍS. Antes de ser un conocido director de teatro —acaba de estrenar El club de los poetas muertos en el Teatro La Latina de Madrid—, antes incluso de llevar el humor a las salas de cine de los noventa —escribió los guiones de Todos los hombres sois iguales (1994) y Salsa rosa (1992)—, Iborra fue un niño que, como el Salvatore de Cinema Paradiso, jugó entre las butacas y el escenario del cine de sus padres, ubicado en el pueblo de L’Alfàs del Pi (Alicante).. “Robaba las llaves, encendía los interruptores y jugaba con mis amigos al salir de la escuela. Si el domingo había visto Siete novias para siete hermanos, el lunes la quería montar con los amigos en el escenario”, explica. No todo era ocio en el cine familiar. El alicantino echaba a veces una mano en la taquilla, donde trabajaba su madre, o despachaba en el bar, y cuando en las proyecciones se formaba mucho revuelo, cogía la linterna, apuntaba a los alborotadores y les hacía callar. También recuerda ser el primer niño que completaba los álbumes de cromos gracias al trueque de recortes de películas. Cuando presenció la escena final de la cinta de Giuseppe Tornatore —en la que el protagonista ve un montaje con las tiras de fotogramas de 35mm de su infancia—, cambió su vida: “Me entró una congoja… es como si hubiera estado montando yo todos los recortes”.. Más información. Todo comenzó porque, además de panadero, el padre de Iborra era un gran amante del cine. Tanto que se le ocurrió alquilar La Academia, un local del Ayuntamiento en el que ensayaba la banda de música y donde en 1956 se empezaron a proyectar películas. En una época en la que la categoría de un pueblo se medía por cosas como tener una banda y un cine, L’Alfàs del Pi lo tenía todo. Con la llegada del buen tiempo, La Academia se trasladaba a un jardín —“los niños llevaban los bancos de madera de un lado a otro, como unas tres calles, y ese día el cine era gratis para todos por su colaboración”— y, como en una escena siciliana, las bobinas de las películas viajaban en un Citroën de un lado a otro. “Hubo una época en la que los cines de Altea, La Nucía y Alfàs pagaban uno cada semana la película y la pasaban los tres a la vez. Empezaba el pase a las cinco de la tarde y, a la mitad, mi padre llevaba los rollos en el coche a Altea, y de Altea se los llevaba al de La Nucía”.. Las taqullas del Cinema Roma, en la localidad alicantina de L’Alfàs del Pi.JOAQUIN DE HARO RODRIGUEZ. En ese mismo terreno, los padres de Iborra construyeron una nave que albergó el Cine Mari Luz y, más tarde, el edificio que da acceso al Cinema Roma, una sala que desde 1979 proyecta una cuidada selección de títulos. “Mi hermano lo inauguró con una película de Visconti, que eso ya marcaba bastante. Alguna vez pasaron alguna comercial y al principio funcionó un poco, pero después el público iba solo a las películas interesantes, a un cine más de autor”.. Los dos hermanos de Iborra regentaron el Roma, más por pasión al cine que por negocio, hasta su fallecimiento el año pasado. Entonces, el director y guionista, que vive en Madrid desde que se mudó a la capital para hacer carrera en la industria del cine, recibió una llamada de una persona del Ayuntamiento. “Me dijo: Te lo digo para que veas cómo la gente quiere al Roma, han llamado más de 100 personas preguntando, preocupadas, si se va a cerrar”.. Ángel Suárez, encargado de Cinema Roma, frente a la entrada. JOAQUIN DE HARO RODRIGUEZ. Precisamente, una de las frases que más se oye cuando los clientes se acercan a la taquilla es “por favor, no cerréis nunca”. Lo escucha a menudo Ángel Suárez, el hombre en el que Iborra ha confiado la gestión de la sala ahora que no están sus hermanos. “Al principio pensé: ‘Qué hago yo con esto’. Pero le tengo tanto cariño… más que cariño, es que es mi vida. La primera comunión la hice en el hall del cine porque mi casa era pequeña. Yo he vivido en el cine todo”.. El fenómeno de ‘La bola negra’. La nostalgia del alicantino ha querido que Cinema Roma siga siendo el cine de toda una comarca —hasta él llegan espectadores de Calpe, Altea o Dénia— y un punto de reunión y espacio para la difusión de la cultura: además de películas, proyecta ópera y organiza conciertos en Navidad. Pero, sobre todo, es un negocio local hecho por y para las personas que lo habitan. Suárez comenta que las sillas que coloca todas las tardes en la acera de la calle hacen de sala de espera en los días de verano (que en la Marina Baixa suele alargarse hasta noviembre). Sentado en una de esas sillas, el actual encargado relata, con asombro, el reciente éxito del Roma: “Sabía que La bola negra iba a funcionar porque se estaba hablando mucho de ello, pero tanto, imposible”.. Para ofrecer las comodidades de siempre, Suárez ha ido tirando de ingenio. Durante la primera semana —la película de Los Javis ha estado tres en cartel, un récord para el Roma—, tuvo que reducir el aforo porque la vieja máquina de aire acondicionado no es capaz de refrescar a las casi 200 personas que alberga la sala. Después, llegó el dilema de la venta online. Aunque la entrada se suele comprar en taquilla minutos antes del pase, esta vez los espectadores recurrieron a la preventa a pesar de no ser numeradas. “Cuando llegaba a la mitad de la capacidad, ya no vendía más para dejar la otra mitad para la taquilla. Aquí viene mucha gente que no tiene acceso, sobre todo gente mayor, y también tiene que tener la oportunidad de entrar”.. «Viene mucha gente que no tiene acceso a internet, sobre todo gente mayor, y también tiene que tener la oportunidad de entrar», afirma Ángel Suárez.JOAQUIN DE HARO RODRIGUEZ. Una parte de los espectadores que estos días se han acercado a ver La bola negra ha vuelto: “Una chica ha venido ya tres veces”, dice asombrado Suárez, que incluso llegó a ampliar la proyección de la cinta a una sesión matinal. “En 13 años que llevo aquí trabajando no he visto algo así. Recuerdo que tuvimos Bohemian Rhapsody tres semanas, y teníamos a mucha gente, unas cien personas, pero no se llenaba. También han sido un pelotazo la de Michael Jackson, La Odisea, El ser querido…”. Iborra, en cambio, sí recuerda un aforo como este. Ocurrió en 2001, cuando estrenó Tiempos de azúcar, un filme dirigido por él y rodado en los pueblos de alrededor. “Estuvimos un mes entero poniéndola todos los días porque había muchos extras de la zona”.. Suárez lamenta que muchos de los espectadores que han llenado estos días los pases de La bola negra no sean asiduos al cine, pero se alegra de que Cinema Roma viva de un público muy fiel. “En invierno, que hace frío o está lloviendo, a lo mejor están en su casa calentitos con la estufa y vienen de Altea. Se suben a su coche, aparcan y vienen al cine, y lo hacen dos veces a la semana. Hay gente que me dice: ‘Venimos sin saber qué película vamos a ver, pero sabemos que más o menos nos va a gustar”. Así que cuando Suárez selecciona la cartelera, se guía por su olfato cinéfilo, pero sobre todo por lo que sabe que va a gustar a sus clientes: “Las películas son para ellos”.. Historia de España. En su casi medio siglo de vida, Cinema Roma ha proyectado un sinfín de historias de ficción y, al mismo tiempo, la sala ha sido testigo de la historia de España. Su inauguración coincidió con la llegada de la democracia y su pantalla se convirtió en una ventana al mundo. “Fue el momento de la llegada de la libertad. De pronto se veían todas las películas que no se habían visto por la dictadura y eso marcó mucho a mucha gente de la zona. Creo que al Roma le dio una fuerza impresionante porque estaba todo el mundo con muchas ganas de verlo todo”, recuerda Iborra. Por el cine Mari Luz había pasado anteriormente muchos títulos del Oeste, que era la forma más aséptica de ver cine cuando el censor y el cura del pueblo vigilaban cada palmo del metraje, y cintas sobre el pasado imperial como ¿Dónde vas Alfonso XII? o comedias costumbristas como El último cuplé.. Iborra estaba acostumbrado a ver desfilar por el salón de su casa a los delegados de las distribuidoras: “Se acercaban con un dosier de las películas que tú tenías que contratar, y recuerdo discusiones de mi padre con ellos. ‘No, no, yo quiero Doctor Zhivago. Y la quiero hacer (sic) cuanto antes porque va a ser un gran éxito’. Pero entonces se vendían por lotes, y si querías Doctor Zhivago te tenías que tragar esta y esta”. Otras veces tocaba proyectar por obligación y, por obligación también, hacerlo por todo lo alto: para el estreno del documental Franco, ese hombre, las mujeres del pueblo decoraron el cine de verano con unas banderitas de papel de seda que habían hecho a mano para el gran acontecimiento.. Cada año se celebra el Festival de Cine de L’Alfàs del Pi, por el que han pasado estrellas del cine como Pedro Almodóvar. JOAQUIN DE HARO RODRIGUEZ. Tampoco fue ajeno al intento de golpe de Estado del 23-F: “Recuerdo una pequeña discusión entre mi padre y mis hermanos. Mis hermanos decían: ‘Hay que abrir el cine’. Y mi padre: ‘Por favor, cuidado’. Mis hermanos llamaron al cuartel de la Guardia Civil de Altea. Les dijeron: ‘Podéis hacer lo que queráis, iremos a dar una vuelta”. El miedo del padre de Iborra estaba justificado: ese día se proyectaba la película valenciana La portentosa vida del Padre Vicent, que había suscitado antes tanta polémica que en algunos cines de Madrid y Alcoi se pusieron bombas coincidiendo con su pase. Al final, los Iborra abrieron el cine y, durante la sesión, los espectadores entraban y salían de la sala para seguir la actualidad: “Había algunos que estaban en el hall con un transistor intentando seguir lo que pasaba en el Congreso”.. Ocho años más tarde del 23-F y siguiendo los pasos de su padre, Iborra quiso acercar aún más el cine al público creando el Festival de Cine de l’Alfàs del Pi. Por este certamen, que sigue entregando cada verano sus emblemáticos Faros de Plata, han pasado Pedro Almodóvar, Emma Suárez, Fernando Trueba, Rossy de Palma, Carmen Maura, Loles León y un sinfín de estrellas.
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