La escena más dura de Nuestra tierra, el documental de Lucrecia Martel sobre el asesinato del líder indígena Javier Chocobar, es el careo entre un joven de la comunidad con uno de los imputados en los tribunales de Tucumán (Argentina). El chico tenía 13 años cuando el terrateniente Darío Amín y dos expolicías armados llegaron al valle de la comunidad Chuschagasta con la intención de explotar una cantera. Los dos guardaespaldas, antiguos miembros de un grupo parapolicial local que ejecutaba “operaciones de limpieza” durante la dictadura, se enfrentan a los ocupantes y disparan un total de nueve tiros, que matan a Chocobar y hieren de gravedad a otros dos. El chico y uno de los expolicías ofrecen visiones opuestas durante el juicio sobre cómo se precipitó el ataque. Ante la imposibilidad de conciliar ambos relatos, los jueces activan un proceso en el que invitan a ambas partes a sentarse una frente a la otra y mirarse cara a cara para debatir lo que pasó de verdad.. Seguir leyendo
La poderosa inteligencia del documental ‘Nuestra tierra’, fruto de 14 años de trabajo, sirve para interpretar esta nueva era de reapropiación territorial
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La escena más dura de Nuestra tierra, el documental de Lucrecia Martel sobre el asesinato del líder indígena Javier Chocobar, es el careo entre un joven de la comunidad con uno de los imputados en los tribunales de Tucumán (Argentina). El chico tenía 13 años cuando el terrateniente Darío Amín y dos expolicías armados llegaron al valle de la comunidad Chuschagasta con la intención de explotar una cantera. Los dos guardaespaldas, antiguos miembros de un grupo parapolicial local que ejecutaba “operaciones de limpieza” durante la dictadura, se enfrentan a los ocupantes y disparan un total de nueve tiros, que matan a Chocobar y hieren de gravedad a otros dos. El chico y uno de los expolicías ofrecen visiones opuestas durante el juicio sobre cómo se precipitó el ataque. Ante la imposibilidad de conciliar ambos relatos, los jueces activan un proceso que invitan a ambas partes a sentarse una frente a la otra y mirarse cara a cara para debatir lo que pasó de verdad.. El objetivo del careo es que los jueces observen su lenguaje corporal y valoren la seguridad de sus gestos y reacciones físicas para determinar la credibilidad de las dos partes. Quién sostiene la mirada y quién la huye; quién tiene dudas o lagunas cronológicas y se expresa con aplomo y seguridad. Este encuentro insoportable entre el traumatizado testigo y el exuberante matón constituye la prueba incontestable de la imposibilidad de la justicia en un mundo colonizado. Martel deja que el sonido nos aclare la naturaleza del sistema con absoluta precisión.. Acaso puede sorprendernos el aplomo del profesional de la violencia frente al terror de su víctima. El tono de la defensa durante sus intervenciones no necesita explicación. La estrategia principal de los abogados es amedrantar y humillar a las víctimas, desautorizando su reclamo sobre tierras que habitan desde hace siglos con una acumulación de papeles, emitidos por estructura diseñada para proteger el derecho de una parte de la población a someter y expoliar a la otra. Martel protege sus derechos aportando pruebas paralelas de una existencia profundamente arraigada en el territorio. La deshumanización de los profesionales del derecho navegando cómodamente los vericuetos de la burocracia colonial contrasta con la vitalidad emocional de los vínculos comunales y su pacífica convivencia con el entorno.. Lo más asombroso del careo es que resulta completamente innecesario, porque los jueces tienen una herramienta mejor para resolver la contradicción: los asesinos grabaron su propio crimen. La prueba fundamental del juicio es un vídeo grabado por el propio Amín, cuyas imágenes y sonidos contradicen sin necesidad de ingeniería forense la versión del criminal. “Todas las palabras que se dicen en esos tres minutos son increíbles”, ha dicho Martel en las ruedas de prensa del documental, que presentará personalmente el próximo 24 de septiembre en La Casa Encendida de Madrid.. Nuestra tierra es la culminación de un trabajo de 14 años de investigación que la realizadora ha hecho en convivencia con la comunidad y su colaboradora María Alché. El proyecto no sólo ha colaborado en el procedimiento y la visibilización de un caso que ha corrido mejor suerte que los 2.253 casos de defensores de la tierra asesinados o desaparecidos desde 2012, casi la mitad indígenas. Su poderosa inteligencia nos sirve a todos como herramienta para interpretar esta nueva era de reapropiación territorial.. Sobre la firma. Escritora e investigadora especializada en tecnología y poder. Es analista de EL PAÍS y RNE. Sus libros más recientes son ‘El enemigo conoce el sistema. Manipulación de ideas, personas e influencias después de la economía de la atención’ y ‘Contra el futuro. Resistencia ciudadana frente al feudalismo climático’.. Normas ›. Mis comentariosNormas. Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos. Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus.. Más información. Archivado En. Opinión. Lucrecia Martel. Cine. Argentina. Asesinatos. Indígenas. Represión política. Violencia policial. Tribunales. Juicios. Conflictos territoriales. Desaparición forzada. Si está interesado en licenciar este contenido, pinche aquí
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