Por más que sea en inglés, por más que adapte a una novela, cuando el argentino Pablo Trapero (San Justo, 54 años) aceptó embarcarse en Sus hijos —su título original es & Sons— lo hizo porque entendió que la historia estaba llena de conexiones con todo su trabajo previo. Porque en ella podía ahondar en sus obsesiones: las familias, las de sangre y las elegidas, y la búsqueda de la verdad, algo que defiende de manera tan profunda que incluso le llevó a “abandonar la serie Patria”, que él iba a dirigir.. Seguir leyendo
El director de ‘Leonera’ o ‘Carancho’ usa la surrealista revelación a sus vástagos de una leyenda de la literatura para hablar de familias y de conflictos íntimos
Por más que sea en inglés, por más que adapte a una novela, cuando el argentino Pablo Trapero (San Justo, 54 años) aceptó embarcarse en Sus hijos —su título original es & Sons— lo hizo porque entendió que la historia estaba llena de conexiones con todo su trabajo previo. Porque en ella podía ahondar en sus obsesiones: las familias, las de sangre y las elegidas, y la búsqueda de la verdad, algo que defiende de manera tan profunda que incluso le llevó a abandonar la serie Patria, que él iba a dirigir íntegramente.. El cineasta argentino llega a Madrid la semana antes del estreno de Sus hijos, su primera película tras la pandemia. El autor de Mundo grúa, Leonera, Elefante blanco, Carancho, El clan o La quietud ha estado desde 2019 en series como ZeroZeroZero o Echo 3; es decir, ya había trabajado en inglés. Es la primera vez que estrena un largo en ese idioma. “No hay mucha diferencia si los actores trabajan en la misma onda que el director, como ocurrió aquí. Lo fundamental es la historia”, desmenuza ante un café solo. “Y esa historia y cómo se contaba encajan en mi carrera”. Trapero heredó el guion de Sarah Polley, que apostó por otra producción, y cambió el Nueva York original por la campiña inglesa “para que el drama se concentrara en los personajes y el folclore que aporta esa urbe no distrajera del drama”.. Noah Jupe y Pablo Trapero, en el rodaje de ‘Sus hijos’.. En Sus hijos, que se estrena en España el viernes 18, hay un novelista. Un autor descomunal, admirado por toda la humanidad, que lleva 20 años sin escribir y recluido en una mansión que comparte con su hijo pequeño. Tras la muerte de un amigo, el escritor, al que interpreta Bill Nighy, decide convocar a sus dos hijos mayores, con los que apenas tiene relación por la desgarradora separación con su primera esposa, para compartir una información familiar. La revelación es tan increíble, suena tan alocada, que solo puede ser delirio o verdad. Y, con ella, todo lo vivido se ve de manera radicalmente distinta.. No hay entrevista en la que el argentino no se detenga en Luis Buñuel, el cineasta que creó el surrealismo realista, es decir, la construcción de situaciones inverosímiles en mundos y tramas absolutamente verosímiles. “Así es justo como se lo contaba al equipo. No es el surrealismo que puedes ver en la pintura o en otro tipo de obras surrealistas donde ese concepto está desfasado de la realidad. El surrealismo de Buñuel, lo más fantástico, es que es realista. Piensa en El ángel exterminador. Nadie puede salir de la habitación y no pasa nada. O en Viridiana. Asumes como natural, porque así está incluido en la trama, un hecho extraño”, apunta.. Noah Jupe y Bill Nighy, en ‘Sus hijos’.VerCine / ACN. Ese elemento disruptor ya asomaba en La quietud (2018). “Así lo entendí. Cuando me llegó la novela de David Gilbert, me interesó mucho que me ofrecía la oportunidad de terminar un díptico”. Una película funciona como espejo de la otra. “Absolutamente. Allí el surrealismo estaba de una manera más sutil, pero ya existía en estas conversaciones un poco bizarras, en reacciones de los personajes, en situaciones un poco, digamos, off del realismo más clásico. Como en otros filmes míos, como El clan, donde esto aparecía desde un punto, si quieres, más absurdo, cuando la realidad se empieza a disociar, cuando el punto de vista desde el que se cuentan las cosas aporta un tono alternativo”.. Por otro lado, Trapero ansiaba volver a historias más íntimas, “contenidas”, y Sus hijos le devolvía a esa senda, de la que se había desviado para hacer series “con tanta escandalera por sus momentos de acción”. Es también la oportunidad de ahondar en uno de los temas más en boga en estos años: el egoísmo. “En inglés, el título [traducible como e hijos] refleja una cadena. En español, suena a posesivo. Algo se pierde, algo se gana, y todo vale para la película”, explica. Una profesión cercana a la del escritor en cuanto a la alabanza desaforada del acto creativo es la dirección de cine; los egos ahí refulgen. “Sí, si uno se olvida de un hecho primario y fundamental: el cine es una labor de equipo. Aunque el ego no necesariamente se refleja en las personas que hacen tareas creativas. De hecho, en un oficio todo el mundo tiene un ego; en mi filme muestro que la reflexión sobre el ego es independiente de la profesión que te toca. En la vida te vas a distraer porque, tratando de conseguir ese reconocimiento o esa caricia, probablemente trabajes más horas de las que necesitas o hagas cosas que no te llenan. Sin darte cuenta, vuelves a tu casa 14 horas después de que te fuiste y, por ejemplo, no has visto a tus hijos”.. Imelda Staunton y George MacKay, en ‘Sus hijos’.. Dicho eso, Trapero abre una nueva conversación: “Y a eso súmale un agregado que no tiene tanto que ver con el ego, pero sí con el rol que le toca a muchos padres o madres de familia, que es que tú quieres lo mejor para tus hijos. Como quieres pagar la hipoteca para que la casa sea la más grande o cualquier otra cosa a la que quieras aspirar, trabajas el doble de horas para pagar la hipoteca, para que tus hijos estén bien. Estás todo el día trabajando para conseguir ese objetivo. Va más allá del ego, digamos, ornamental. Es la paradoja de buscar lo mejor para tu familia a cambio de no verla”.. El cineasta cuenta cómo su familia se ha ido trasladando —ahora vive parte del año en Barcelona— a la estela de los estudios de sus hijos y de sus rodajes. “Y claro, crecen, y se suman a mis proyectos. El mayor ha compuesto toda la música de jazz que suena en el filme. La pequeña interpreta un personaje que aparece en una pantalla”.. Pablo Trapero, en el rodaje de ‘Sus hijos’.. Trapero abandonó la serie Patria después de realizar las localizaciones y elegir al reparto, porque en aquel momento se habían reducido al mínimo los diálogos en euskera. “Hubo varios factores, este fue uno de ellos. Me parece fundamental no abandonar la verdad de la historia. Nunca. Ella nos ata a los personajes. En Sus hijos, como en otros filmes míos, la trama que nace de las familias de sangre nos permite reflexionar sobre todas las pequeñas comunidades de las que formamos parte. Porque, evidentemente, todos venimos de un tipo de familia. Más disfuncional, menos disfuncional. Pero no todos deciden tener o crear su propia familia. En lo que la mayoría de las personas sí coincidimos es en que pertenecemos a algún tipo de comunidad. Laboral, social… Estamos todo el tiempo obligados, como seres sociales, a vincularnos con otras personas. Y en ese vínculo y en esas pequeñas sociedades se arma el drama y, en ocasiones, surge del malentendido”. Trapero ríe: “¡Si todos pensamos lo mismo de lo mismo, no existiría el drama!”.. El cineasta ha vuelto a Argentina, donde acaba de terminar de rodar la serie Gordon. “Se basa en la vida de un personaje real [Aníbal Gordon, un delincuente devenido en criminal de la Triple A, la organización terrorista parapolicial y de ultraderecha, en los años setenta], que aparecía de manera secundaria en El clan. ¿Que qué opino de la situación actual en mi país? Creo que hacer una serie como la que he hecho ya es una declaración de intenciones”.
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