Con su mezcla de mala leche, declarado resquemor histórico y una extraña jocosidad, la escritora narra en Servicio interior (Tusquets) la crónica de unos hechos todavía dolorosos que, sin embargo, conviene airear y seguir contando Leer
Con su mezcla de mala leche, declarado resquemor histórico y una extraña jocosidad, la escritora narra en Servicio interior (Tusquets) la crónica de unos hechos todavía dolorosos que, sin embargo, conviene airear y seguir contando Leer
Protegida por una cubierta prometedora y por una contracubierta que quiere ser atractiva pero que, como sucede últimamente con preocupante frecuencia, adelanta o destripa demasiado, la nueva novela de la ya consagrada Katixa Agirre (Vitoria, 1981) nos ofrece, por primera vez en su obra, una «novela histórica» en la acepción más digna del asunto, y también en la variante más duradera, aunque se trate de una historia todavía reciente.. Servicio interior está narrada, según explica ese texto final, «con un fuerte pulso visual», y tanto es así que, de un modo eficaz y hábil aunque también un poco juvenil, el narrador implícito se dirige a nosotros para contarnos como si fuera una película la historia real de una red clandestina de, principalmente, mujeres, que de un modo tan sutil como arriesgado comunicaban las cárceles españolas de 1937 (y de después) con la embajada en París del Gobierno Vasco en el exilio.. Aprovechando las visitas a hermanos o maridos en prisión, esas valientes antifascistas llevaban mensajes, periódicos o instrucciones desde lugares tan lejanos (y desesperados) como El Puerto de Santa María hasta esa parisina avenida Marceau, ya modianesca, donde el lehendekari Agirre (no emparentado con Katixa, que sepamos) trataba de ayudar a los represaliados del interior en un ambiente cada vez más hostil y con otra guerra a punto de extenderse por Europa entera.. Tusquets. 272 páginas. 20,90 € Ebook: 10,99 €. En esta «película» hay cameos ilustres como los de Mola, Serrano Suñer, la Pasionaria o Pétain, pero desde el principio (y de un modo muy exclamativo en el párrafo final) se deja claro que el texto quiere honrar a las personas anónimas que se la jugaron o bien para auxiliar en lo posible a los milicianos, comunistas o nacionalistas detenidos, víctimas de una retaguardia innecesariamente cruel, o bien para conspirar sobre la bocina para retrasar una derrota que cada vez era más inevitable, primero, y luego para dar pequeños disgustos al primer franquismo.. Hay que creer que el libro, con sus licencias narrativas, es tan riguroso como ha sido posible en la inclusión de datos, documentos o informes (o, mejor, resúmenes de informes), y también parece correcto en la mirada general. ¿Maniqueo? Depende. Aparte de que por supuesto que hubo malos y buenos en aquellos tiempos y en aquellos trances, y así hay que abordarlo en lo general, cuando se hace zoom y nos aproximamos a lo particular, lo personal o aun lo íntimo, casi todos los falangistas tienen «la mirada torva» o rasgos así, y casi todos los milicianos se mueven, a pesar de las dramáticas circunstancias, con una actitud alegre en lo profundo, aparte de decente en lo civil. Pero es que también Agirre está jugando con eso.. Ya he aludido al juego cinematográfico que aquí se plantea, y no hay película que pueda escapar de lo icónico, de retratar el alma de cada cual a través de sus rasgos o sus actitudes. Por lo demás, desde pronto se va avisando de qué tipo de personajes mequetrefes o resentidos van a traicionar, y no faltan vencedores con una remota actitud compasiva o cristiana. Y no deja de narrarse la matanza de cientos de detenidos «nacionales» que se produjo el 2 de enero de 1937 por parte del pueblo de Bilbao, en respuesta justiciera a un bombardeo alemán.. Ahora bien, quien conozca las novelas de Agirre, tan exageradamente distintas entre sí hasta hoy, sabe que su actitud literaria es al cabo risueña de una forma honda y enigmática, mezcla de mala leche, de declarado resquemor histórico y de una extraña jocosidad que la lleva a un humor siempre relativo, casi un humor secreto y sólo suyo, muy especial. Se daba incluso entre el tremendismo del argumento de Las madres no, y se aplica también ahora a la investigación y la crónica de hechos todavía dolorosos que, sin embargo, conviene airear y seguir contando.
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