Hay personajes que llegan para resolver un crimen y otros que llegan para desmontar unas cuantas certezas. Lola (Eva Martín) pertenece claramente al segundo grupo.
Eva Martín habla de la presión por ser perfectas, de lo que ha aprendido de su nuevo personaje en Ágata y Lola y de una ficción que reivindica la empatía como la mejor herramienta para investigar… y para vivir
Hay personajes que llegan para resolver un crimen y otros que llegan para desmontar unas cuantas certezas. Lola (Eva Martín) pertenece claramente al segundo grupo.A primera vista, la nueva serie que Atresplayer estrena este domingo, Ágata y Lola, parece otro thriller policial de los que tanto abundan en la ficción contemporánea: una unidad de homicidios, un asesinato diferente en cada capítulo y dos investigadoras condenadas a entenderse. Pero basta escuchar unos minutos a Eva Martín para descubrir que el verdadero misterio de la serie nunca está sobre la mesa de autopsias. Está en otro lugar mucho más incómodo: nuestra forma de mirar a quien es diferente.»La diferencia no es una amenaza, sino algo de lo que nutrirse, aprender y con lo que cooperar», nos resume la actriz, cuyo papel en Ágata y Lola es el primero tras salir de La Promesa.Es una frase sencilla. Tan sencilla que corre el riesgo de pasar desapercibida. Sin embargo, basta detenerse unos segundos para comprender que, probablemente, ahí está la verdadera investigación que propone Ágata y Lola. Los asesinatos, los interrogatorios, las pruebas forenses o las persecuciones funcionan como el mecanismo narrativo de cualquier buen thriller. Lo realmente interesante sucede en otra parte: en la dificultad que seguimos teniendo para convivir con quien piensa, siente o percibe el mundo de una manera distinta a la nuestra.La televisión lleva años fascinada por detectives brillantes incapaces de relacionarse con los demás. Genios solitarios. Investigadores torturados. Policías emocionalmente rotos. Personajes cuya inteligencia siempre parece tener un precio. Ágata y Lola parece plantear justo la pregunta contraria.¿Qué ocurre cuando el verdadero talento consiste en saber mirar al otro?Eva Martín habla de Lola con una admiración que va más allá del personaje. No la define por su capacidad para resolver casos, sino por su manera de entender a las personas. «Ella detecta las fortalezas de cada miembro del equipo, pero también sus vulnerabilidades», explica. Es una jefa que observa antes de juzgar. Que escucha antes de imponer. Que entiende que liderar no consiste en ocupar más espacio, sino en conseguir que los demás encuentren el suyo.Y, curiosamente, esa capacidad nace precisamente de la imperfección.Porque si algo repite la actriz durante toda la conversación es que Lola no pretende ser impecable.Es expansiva, intuitiva, caótica, desordenada en algunos aspectos de su vida y extraordinariamente resolutiva en otros. Tiene demasiados «platillos girando», como dice la actriz, y no siempre consigue mantenerlos todos en equilibrio. Pero hay algo que la diferencia de muchos personajes -y también de muchas personas reales-: no convierte cada error en una condena.»Lo que más he aprendido de ella es que no sufre por las cosas que no le gustan de sí misma».»Las mujeres nos exigimos ser impecables en tantos frentes que es absolutamente inviable»Es probablemente la confesión
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