En Rafa quiere que tengamos un hijo (Acantilado), Gregorio Casamayor (Cañada Juncosa, Cuenca, 1955) construye con humor y sagacidad tres historias de huida, traición y crimen a partir del desencadenante de la frase que da título a la novela. Seguir leyendo
En Rafa quiere que tengamos un hijo (Acantilado), Gregorio Casamayor (Cañada Juncosa, Cuenca, 1955) construye con humor y sagacidad tres historias de huida, traición y crimen a partir del desencadenante de la frase que da título a la novela. Seguir leyendo
En Rafa quiere que tengamos un hijo (Acantilado), Gregorio Casamayor(Cañada Juncosa, Cuenca, 1955) construye con humor y sagacidad tres historias de huida, traición y crimen a partir del desencadenante de la frase que da título a la novela. Las historias de su novela se desencadenan a partir de una misma frase: “Rafa quiere que tengamos un hijo”. ¿Es este el mayor desencadenante de posibilidades vitales? Hay frases semilla que se siembran en la mente y, con el tiempo, germinan, brotan, se ramifican y llegan a producir historias. La propuesta de Rafa, tan positiva, tan optimista, también puede encerrar una trampa… Y por eso resulta inquietante. Y sí, por supuesto, hay pocas cosas que cambien tanto la vida como tener un hijo, por ejemplo, tener dos o tres o cuatro…La novela tiene mucho de juego: construir tres historias diferentes con motivos comunes. ¿En el fondo a todos nos ocurre lo mismo? La literatura también es juego. Quise que fueran tres historias para mostrar que era posible escribir, a partir de la misma frase, tres relatos distintos, con diferente registro, desde puntos de vista diversos. Sólo tres, para dar pie a que otros cuenten alguna más. En el libro de conversaciones entre Hitchcock y Truffaut se cuenta la anécdota de un director al que siempre se le ocurren las mejores ideas mientras sueña, cuando consigue recordar una resulta que es chico quiere chica, pero chica no quiere chico. Y así seguimos, desde Adán, Eva y la Serpiente.¿Qué libro le convirtió en lector? El muerto vivo, de Robert Louis Stevenson. Durante la adolescencia leía de manera indiscriminada todo lo que estaba a mi alcance, recuerdo perfectamente esta novela, aunque pudo ser cualquier otra.¿Y en escritor? El túnel, de Ernesto Sabato. Está escrita en primera persona y me sorprendió cómo el protagonista, con la ayuda del autor, podía tergiversar / manejar / falsear los hechos para jugar con el lector. Pero pudo ser Últimas tardes con Teresa, de Marsé; o Rayuela, de Cortázar; o una obra cualquiera de las que conforman “la novela picaresca española”.¿Cuál es la mejor crítica que ha recibido? Una amiga me dijo haber llorado mientras leía La vida y las muertes de Ethel Jurado. Un desconocido me escribió para decirme cómo se había identificado con el protagonista de Los días rotos y cómo le había ayudado a entender lo que le había pasado.¿Y la peor? La familia todavía me escarnece por el título de La sopa de Dios. No tienen compasión.¿Qué libro tiene ahora mismo en su mesilla de noche? Me resulta incómodo leer en la cama. Pero acabo de cerrar Casos reales, de Yasmina Reza. ¿Uno que no lograra terminar?Muchos, si superado un determinado número de páginas no me atrapan, los dejo. ¿Cuál es la librería más bonita del mundo? En Nueva Delhi encontré una librería en una esquina cuyas paredes estaban hechas de pilas de libros, en el interior había un espacio desde el que atendía el librero. Le hice una fotografí
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