Leer
Leer
Madrileña del 49. Insolente si era necesario. Vitalísima. Paloma Chamorro inauguró otra manera de ser modernos en televisión. O de hacer una televisión moderna cuando era lo que había que hacer. Dirigió La edad de oro, programa felizmente pasado de vueltas, cuando aún la democracia tomaba forma en España. Antes colaboró con Fernando Méndez Leite en ensayos como Galería (1973-74) y Cultura 2 (1975). Me temo que entre ella, Íñigo, Balbín, Sánchez Dragó y, sobre todo, Javier Gurruchaga, confeccionaron el mejor tiempo para sentarse a ver la tele. También Lolo Rico y La bola de cristal.. El domingo vi en La 2 el documental Icónica Chamorro, dirigido por Anna Solana y Manel Arranz. Recordé entonces, hace 25 años, a mis 16 o 17, cuando descubrí a Chamorro y su edad de oro. Aquella fiesta loca. Aquel carnaval de gente graciosísima y febril. Su descuido y su gozo de vivir por vivir, de hablar por hablar, de estar un poco al margen porque sí. Madrid despertaba. El socialismo del primer Felipe González echaba paladas de dinero a la locomotora para articular una estructura cultural, un algo, una posibilidad de aliñar la democracia con su puntica de alegría. Y de ahí salió el rollo de la Movida y decenas de grupos de música tocaban de cualquier manera. Y tantos pintores llegaron y no llegaron a sitio alguno. Y de los cineastas de esa yema todo quedó cifrado en Almodóvar. Y la literatura pesaba menos. Y la poesía empezaba a volar de otra manera. Pienso en Blanca Andreu, en Ana Rosetti, en Miguel Ángel Velasco, en Ángel Antonio Herrera, en Eduardo Haro Ibars, más agitador que poeta en verdad. El caso es que Chamorro estaba ahí, con el hocico en alto, la mirada vulpina, el peinado punk, la simpatía justa, el desengaño asomando ya por las costuras. Estaba, digo, haciendo televisión para que no la hicieran otros y fuese peor. A Chamorro le debemos el mejor metal nocturno de la televisión hasta que perdió el favor de los jefes. Siempre es igual.. Braceó contra el machismo incrustado en el oficio, contra la ignorancia de quienes consideran que cuanto ignoran no merece espacio porque no le importa a nadie (suele ser exactamente al revés). Chamorro tenía perdida la batalla contra el medio, pero hizo la mejor televisión alrededor de la eclosión cultural del momento. Ella puso en pie la hoguera, aunque otros aprovecharon malamente el fuego. Algunos programas son tan memorables que merecen hueco audiovisual en algún museo. Quizá el del viaje en furgoneta de Xavier Mariscal y Miquel Barceló desde Barcelona a Vila Nova de Milfontes (Portugal) para pintar contra las olas del mar. Paloma Chamorro salió magullada de RTVE. Este oficio nuestro suele dejar marcas. Cadáveres a veces. Son las reglas según no sé quién. El caso es que le debemos más. Mucho más. Si se hiciese hoy una televisión con la misma carga de osadía, desplante, inteligencia y crítica… En fin. Gracias, icónica Chamorro.
Literatura // elmundo
