The Oscense author publishes ‘The Leopards’ (Tusquets), a story that portrays the reality of an entire generation of forgotten women.
The Oscense author publishes ‘The Leopards’ (Tusquets), a story that portrays the reality of an entire generation of forgotten women.
Se lee en un momento y es un gusto, porque en esta novela es casi todo noble, bonito, familiar, abrigado, previsible, tierno y limpio, pero tanto el título como la cubierta podrían haber resultado, en un primer momento, elementos un tanto disuasorios. Es después cuando se entiende que la imagen que va al frente del libro no podía ser otra, porque en esta segunda novela suya Marta Borraz (Huesca, 1981) se ha propuesto ante todo (y ha conseguido de sobra) lanzar un sincero homenaje y una duradera declaración de amor a su tía Paloma, muerta hace mucho tiempo pero demasiado pronto, antes de cumplir los cuarenta años, y es ella, la persona real que se agazapa tras el personaje de Clara, la que posa allí, joven, atrevida y salvaje. No creo que se haya popularizado jamás algo tan horroroso como el estampado de leopardo en los vestidos, pero, en fin, era la época, en la que, como bien explican estas páginas, ocurrieron cosas mucho peores.
Es exactamente en el corazón de la breve novela, en la página 115, cuando da un giro hacia lo lentamente trágico una historia que hasta ese momento estaba siendo una hábil y serena novela de educación, el despliegue de una adolescente en la reconocible Zaragoza de los años 70 (con el programa de José María Íñigo como presencia extrañamente inevitable siempre que se vuelve a ese tiempo) y los 80 (las drogas, Radio Futura, el sida, el terrorismo de ETA…), y que, ya tras las nuevas circunstancias, llegará hasta los primeros 90 (Induráin, la Game Gear, la Súoer Pop, los conciertos televisados de Pavarotti and Friends…).
Con un estilo muy a lo Ignacio Martínez de Pisón, en lo que tiene no sólo de realista sino de testimonial, de casi documentalista, Borraz (que en la novela se pone el disfraz de la niña Berta) hace un buen viaje retrospectivo a unos años que apenas vislumbró para honrar a alguien a quien sí conoció y quiso mucho, una mujer valiosa, valiente y viva que tuvo la mala suerte de cruzarse con alguien cuya irresponsabilidad implicó varios homicidios.
No es para nada, como proclama la promoción de este último Premio Tusquets de Novela, el rescate de «toda una generación de mujeres olvidadas», sino el retrato agridulce, obviamente dramático pero con párrafos reservados a la sonrisa y a lo inesperadamente humorístico, de unas cuantas chicas que fatalmente compartieron una experiencia y un desenlace similares. Y que supieron sobrellevar el golpe con la certeza de haber sido víctimas de una injusticia inmensa y muy evitable, pero también con dignidad, entereza y, al final, una alegría y una generosidad ejemplares.
Sin hacer ninguna pirueta estilística, sin ganas de experimentos narratológicos, sin grandes sentencias y entregada a la seguridad de que tenía algo relevante que contar y que iba a saber hacerlo con sencillez, con diálogos naturales y con una inocencia fingida que rima con la relativa ingenuidad que se quiere recrear, Borraz ha logrado reconstruir en poco espacio todo un tiempo, un clima, un ambiente de tambaleante libertad y de nuevas amenazas.
Premio Tusquets Editores de Novela 2026. 232 páginas. 19,90 € Ebook: 12,99 € Puede comprarlo aquí
Tengo por casa, sin leer, la primera edición de Años de vida, la ópera prima de Borraz, una novela que gustó mucho y se ha reimprimido varias veces, y que ahora retomaré porque me ha conquistado el tono de Las leopardas, su costumbrismo amable. Es verdad que en ella se recurre también a clichés y hay un uso un tanto irritante, por meloso y casi cursi, de algunas referencias generales (el momento del «Ojalá» de Silvio Rodríguez…), pero lo que con diferencia inclina la balanza hacia el lado del aplauso es su mirada, su punto de vista, su tono, y al final una pulcritud y una bondad que, como por desdicha ciertas viejas enfermedades, son altamente contagiosas.
Literatura // elmundo

