Publicaban vídeos desgarradores y conmovedores en TikTok y en YouTube mostrando imágenes de perros heridos, sufrientes y necesitados de cuidados. Enseñaban de cerca las heridas de los pobres animales, relatando las desgracias que supuestamente habían sufrido. Como en el caso de Russet, del que llegaron a mostrar incluso un hueso que sobresalía del resto de la pata, presentándolo como consecuencia de haber sido atropellado por un coche. Y a su lado, el propietario «desesperado», demasiado pobre para afrontar los gastos de una intervención veterinaria. Historias construidas con esmero, guiones cuidadosamente elaborados, imágenes grabadas con la mirada de los «creadores de contenido». Y como telón de fondo, un país, Uganda, que en el imaginario occidental aparece como una nación donde la miseria es generalizada y, por tanto, necesitada por definición.
Un equipo de investigación encubierto ha desenmascarado un sistema que implicaba a varios creadores de contenido que lograban sacar cientos de miles de euros a donantes occidentales desprevenidos
Publicaban vídeos desgarradores y conmovedores en TikTok y en YouTube mostrando imágenes de perros heridos, sufrientes y necesitados de cuidados. Enseñaban de cerca las heridas de los pobres animales, relatando las desgracias que supuestamente habían sufrido. Como en el caso de Russet, del que llegaron a mostrar incluso un hueso que sobresalía del resto de la pata, presentándolo como consecuencia de haber sido atropellado por un coche. Y a su lado, el propietario «desesperado», demasiado pobre para afrontar los gastos de una intervención veterinaria. Historias construidas con esmero, guiones cuidadosamente elaborados, imágenes grabadas con la mirada de los «creadores de contenido». Y como telón de fondo, un país, Uganda, que en el imaginario occidental aparece como una nación donde la miseria es generalizada y, por tanto, necesitada por definición.. Resultaba fácil, en ese contexto, añadir al final un llamamiento a realizar donaciones para conmover a personas de buen corazón que viven lejos, en Europa, Estados Unidos o Australia. Así es como varios estafadores digitales, hábiles en moverse con soltura en las redes sociales, lograron sacar grandes sumas de dinero a numerosos benefactores occidentales. Pensaban además que podrían seguir actuando con impunidad durante mucho tiempo, porque ¿quién iba a viajar a Uganda para comprobarlo? Pero alguien lo hizo: el equipo de investigación de BBC Africa, que bajo cobertura documentó todo y relató el caso en un amplio reportaje y en un pódcast titulado ‘Por amor a los perros’.. Y fue precisamente el amor por los perros lo que llevó también a la británica Nicola Baird a enviar una aportación para Russet. Solo después se dio cuenta de que había sido víctima de un engaño y decidió convertirse en una de las principales pesadillas para estas bandas ugandesas.. Hay que hablar en plural porque no se trata de una sola persona, sino de varios individuos que operan con los mismos métodos y, a menudo, con los mismos vídeos, como si fueran cedidos en subcontrata.. El equipo local de BBC, durante la investigación encubierta, fingió interés por esta actividad, preguntando de hecho cómo entrar en el negocio. Y la persona con la que hablaron -gestor de una perrera en condiciones precarias que se utilizaba como escenario para las grabaciones, además de antiguo propietario del perro Russet (nombre que le fue dado en Reino Unido por el color de su pelaje)- no tuvo reparos en ofrecer todos los detalles, incluidos consejos sobre cómo encuadrar las imágenes, qué contar para captar la atención o cómo aumentar los ingresos inflando de forma desproporcionada el coste de la comida o de los cuidados, sabiendo que en el resto del mundo nadie conoce los precios reales en Uganda. Incluso añadió una recomendación: «No tengas compasión, a los blancos hay que exprimirlos y vaciarlos». Y remató diciendo que con el dinero recaudado para los perros necesitados en realidad se podían «comprar coches o casas». Según estimaciones de la BBC, circularon cientos de miles de euros, al menos en lo que han podido documentar: unas cifras que rondan los 750.000 euros solo en la zona analizada.. Los periodistas de la cadena británica compararon los vídeos y detectaron que los perros eran a menudo los mismos, aunque publicados desde cuentas diferentes. También se repetían los lugares de grabación, así como las historias inventadas. Y los métodos de recaudación, a través de plataformas como GoFundMe o PayPal, que permitían reunir grandes sumas a partir de multitud de pequeñas donaciones. A partir de esos indicios lograron avanzar hasta contactar con personas de la zona -el núcleo de estas actividades se sitúa en Mityana, a unos 45 kilómetros de Kampala, muy reticentes a enfrentarse a los estafadores, que exhiben riqueza pero no gozan de buena reputación. Gracias a algunas pistas consiguieron dar con el proveedor de perros, que ‘reveló’ las reglas del sistema en un vídeo grabado con cámara oculta. El hombre, contactado posteriormente para comentar las pruebas recopiladas, lo negó todo, incluido haber sido el dueño de Russet.. La historia de este perro tiene un desenlace especialmente trágico. Un grupo de donantes anónimos logró reunir una suma para rescatarlo y el animal fue recuperado, tras diversas gestiones, por una veterinaria que intentó operarle las patas traseras, inmovilizadas durante mucho tiempo por fracturas nunca tratadas. La intervención fue técnicamente exitosa, pero el animal, ya muy debilitado, murió pocos días después. La mayor conmoción reside en la confirmación de algunas sospechas que activistas venían planteando desde hacía tiempo: las heridas y fracturas no se debían a accidentes de tráfico ni eran accidentales, sino que se provocaban de forma intencionada para obtener imágenes más impactantes con las que apelar a la emoción de los donantes.. La investigación podría contribuir a dar mayor visibilidad a las acciones contra estas estafas que impulsan grupos de activistas occidentales, en particular la campaña ‘We won’t be scammed’ (no nos dejaremos estafar), que busca explicar en redes sociales cómo funcionan estos engaños para evitar nuevas víctimas. Fue impulsada por Nicola Baird, quien, tras donar por compasión, empezó a publicar cientos de comentarios en publicaciones de recaudación con características similares para alertar del posible fraude. Con el tiempo, lo convirtió en una causa personal, y con buenos resultados. El propio gestor de la perrera ilegal reconoció ante los periodistas encubiertos que estas iniciativas habían reducido notablemente sus ingresos. La esperanza es que ahora la investigación de la BBC contribuya a destapar aún más este modus operandi.. Isa Lutebemberwa, la veterinaria que acudió a rescatar al animal en Mityana, señala también la responsabilidad de los propios donantes, cuya falta de comprobaciones al enviar dinero a desconocidos habría incentivado estas prácticas. En la misma línea se expresan varias organizaciones animalistas locales. «Enviar dinero alimenta la crueldad contra los animales, la alimenta -afirmó Bart Kakooza, presidente de la Sociedad Ugandesa para la Protección de los Animales, a la BBC-. Es como avivar las brasas». La propia Baird lo reconoce: «Nuestras donaciones prolongaron su agonía. Si no hubieran existido, Russet no habría sufrido tanto tiempo como lo hizo».
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