Aunque el verano toca ya a su fin, Netflix ha decidido prolongarlo unos días con Toda la verdad sobre mis mentiras, una miniserie de cinco episodios que llega a la plataforma con el mar, la playa y una caravana como escenario de una historia que comienza como una escapada festiva y acaba convirtiéndose en un viaje emocional.
Netflix ha arrancado la nueva temporada con la serie basada en la novela homónima de Elísabet Benavent y protagonizada por Clara Sans, Ricardo Gómez y Lucía de la Fuente
Aunque el verano toca ya a su fin, Netflix ha decidido prolongarlo unos días con Toda la verdad sobre mis mentiras, una miniserie de cinco episodios que llega a la plataforma con el mar, la playa y una caravana como escenario de una historia que comienza como una escapada festiva y acaba convirtiéndose en un viaje emocional.. Estrenada el viernes y basada en la novela homónima de Elísabet Benavent, la ficción está protagonizada por Clara Sans, Ricardo Gómez y Lucía de la Fuente, que interpretan a algunos de los personajes de un grupo de amigos que emprende un viaje para celebrar una despedida de soltera. Lo que en principio parece una celebración entre amigos se transforma poco a poco en un recorrido por secretos guardados durante años, mentiras acumuladas y verdades incómodas que amenazan con poner patas arriba amistades, parejas y lealtades.. Pero si algo ha dejado la serie en sus protagonistas ha sido también su propio viaje. Durante dos meses compartieron rodaje en la costa de Mazarrón, fuera de la temporada estival y con una caravana convertida en un miembro más del equipo. Una experiencia que, según cuentan a EL MUNDO, terminó siendo mucho más que un trabajo: un paréntesis en sus carreras, una convivencia inesperada y un rodaje marcado por canciones, rituales, secretos y muchas risas.. Para Ricardo Gómez, la serie llegó en el momento adecuado. No era únicamente una cuestión de personaje. También de contexto. Gómez venía de trabajos más densos y reconoce que necesitaba cambiar de registro, aunque eso supusiera salir de una zona profesional en la que se siente especialmente cómodo.. «A mí me apetecía mucho rodar algo que, ya desde el guion, me dio la sensación de que iban a ser dos buenos meses. Un personaje que deseaba y, sobre todo, la idea de vivir una experiencia», cuenta.. El actor resume la decisión con una frase que explica buena parte del espíritu con el que los protagonistas afrontaron el rodaje: «Muchas veces nos enterramos en historias muy oscuras, que me encantan, pero de vez en cuando también está bien irte dos meses a Mazarrón con un grupo de personas que pintaba muy bien».. La intuición terminó funcionando. «Luego descubrí que eran muy buenas personas», añade.. Había, además, un reto profesional. La comedia no es precisamente el género al que más se ha vinculado su carrera. «Hacer una comedia, que no es un género al que esté tan ligado, me parecía algo muy disfrutable. Y así fue».. Los protagonistas de Toda la verdad sobre mis mentiras.NETFLIX. Clara Sans buscaba algo parecido, aunque lo explica desde una perspectiva distinta. «A mí me apetecía el momento juvenil, que no había tenido nunca». La serie le permitía entrar en un universo «más fresco, más divertido», lejos de personajes y relatos más adultos y dramáticos.. Lucía de la Fuente también habla de una vuelta atrás. «Hace muchos años trabajé con un grupo de niños de mi edad, teníamos ocho años, y vivir algo así con 30 ha sido muy bonito». El rodaje, dice, le permitió recuperar una forma de trabajar que tenía que ver menos con la exigencia y más con «la juventud» y «pasarlo bien».. Y quizá esa fue la primera verdad de la serie: que sus protagonistas se lo pasaron realmente bien.. La historia ya tenía lectores antes de convertirse en serie. Elísabet Benavent es una de las autoras españolas con mayor capacidad para convertir sus novelas en fenómenos audiovisuales y los tres protagonistas conocían la novela original, aunque cada uno llegó a ella de una manera diferente.. Sans la leyó cuando ya tenía el personaje, buscando detalles que le ayudaran a construirlo. De la Fuente se acercó al libro en pleno proceso de casting. «Me llegaron las pruebas, me iba a Barcelona y dije: voy a comprarme el libro…». Aquella lectura acabó teniendo una condición autoimpuesta. Se prometió que terminaría la novela si finalmente conseguía el papel. «Y así fue», dice entre risas.. Ricardo Gómez también había leído la obra, pero durante el rodaje tuvo que establecer cierta distancia con ella. «El libro te hace un mapa muy claro de la historia, pero luego tienes que centrarte en los guiones y en el trabajo de adaptación».. La proliferación de adaptaciones literarias conduce a una reflexión que el actor formula sin demasiados rodeos: «Habría que preguntarse si se han vuelto vagos los productores, no los guionistas».. No cree que los guionistas hayan perdido las ganas de inventar historias. El problema, sostiene, está en una industria que encuentra más seguridad en una novela que ya cuenta con miles de lectores. El público potencial ya existe antes incluso de que se ruede el primer plano.. Pero Ricardo Gómez no está en contra de adaptar. Al contrario. Lo que reclama es que la apuesta por lo conocido no termine sepultando lo que está por descubrirse. «Hay que preservar y cuidar también lo nuevo».. «Me cuesta gestionar los secretos, pero nunca los cuento». Lucía de la Fuente, actriz. En Toda la verdad sobre mis mentiras, mentir no es un juego. Las pequeñas mentiras terminan provocando consecuencias mucho mayores de lo que sus protagonistas imaginaban. Preguntarles por las suyas era, por tanto, casi obligatorio.. Clara Sans no tarda en defenderse: «Es que yo no miento». Después llega el matiz. Su padre, alguna vez, pensó que se iba a estudiar cuando en realidad se iba de fiesta. Una mentira adolescente, de las que parecen inocentes hasta que uno recuerda que en aquella época podían convertirse en un problema considerable.. De la Fuente recuerda algunas de esas pequeñas trampas de infancia, incluso alguna invención para poder entrar en determinados sitios. Las grandes mentiras, sin embargo, le generan demasiada culpa.. Gómez tampoco se presenta como un mentiroso. Pero sí reconoce una cierta facilidad para seguirle el juego a quien tiene delante. «Alguna vez alguien me para por la calle y me dice: ‘¿Eres el de Los Soprano?’ Pues igual le digo que sí y me quedo hablando un rato». No lo considera exactamente mentir. «El problema no es mentir, sino acompañarle en su movida. Mentir para hacer el mal no funciona».. Itzial Manero y Daniel Ibañez, en Toda la verdad sobre mis mentiras.NETFLIX. Si las mentiras hacen avanzar la historia, los secretos son su verdadero combustible. Y aquí la ficción volvió a mezclarse con la realidad. «Me cuesta gestionar los secretos, pero nunca los cuento», asegura De la Fuente.. Durante esos dos meses, los tres terminaron compartiendo cosas personales. Cosas importantes. Pero si algo han aprendido precisamente rodando una serie titulada Toda la verdad sobre mis mentiras es que no todas las verdades tienen que hacerse públicas. Hay secretos que se quedan en Mazarrón.. Un rodaje también se recuerda por sus canciones. En este caso había una inevitable: Cuando zarpa el amor, de Camela, una de las piezas que más presencia tiene en la serie y que terminó instalada en la cabeza de los actores.. Pero no fue la que se convirtió en himno del grupo. La responsable fue Lucía de la Fuente. «Empezamos a cantar 6 de febrero, de Aitana. Ricardo se resistía, pero acabó entrando».. La canción viajó con ellos en el coche, camino del set, y apareció en diferentes momentos de aquellas semanas. Ricardo Gómez, además, ejercía de suministrador musical del equipo y compartía canciones constantemente. Hasta que llegaron a apropiarse de otra: Verano en Nueva York, de Bad Bunny, que en Mazarrón se convirtió, naturalmente, en Verano en Mazarrón.. La ficción tenía su banda sonora. El rodaje, la suya.. Entre las historias que dejó aquel rodaje, ninguna supera probablemente a la de la luna llena. Los protagonistas la bautizaron como la «luna llena de lobos». Sans estaba convencida de que había que hacer algo especial y convenció al resto para improvisar un ritual.. La noche también tuvo baño en el mar. Y una tradición lunar que Lucñia de la Fuente se encarga de recordar porque Clara Sans, deliberadamente o no, había omitido ese detalle. «Ella enseñó el culo a la luna». «Eso hay que hacerlo siempre cuando está llena», responde su compañera.. Sans, sin embargo, tiene su propia prueba de que aquella noche funcionó: «Muchos de los deseos que se pidieron ese día se cumplieron».. Y luego estaba la caravana. El espacio en el que buena parte de la historia transcurre y que, durante el rodaje, acabó convirtiéndose también en una especie de casa para los actores. «No es tan idílico como parece», advierte Sans. «Lo peor es el calor que pasas dentro». Gómez añade otro problema: la cama está tan cerca del techo que la sensación puede llegar a ser claustrofóbica.. Pero hay algo que compensa. Las vistas. La posibilidad de despertar en lugares diferentes. Esa sensación de libertad que convierte una caravana en algo parecido a una casa que nunca termina de estar en el mismo sitio.. Y quizá por eso, cuando los tres recuerdan aquellos dos meses, lo hacen menos como un rodaje que como un paréntesis. Llegaron para contar una historia sobre amigos que esconden secretos y terminaron construyendo su propia pequeña historia de amistad.. Hubo canciones, una caravana demasiado calurosa, baños nocturnos, una vela que se negó a apagarse y una luna a la que, literalmente, se le enseñó el culo. También hubo secretos. Esos, de momento, no se cuentan.
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