Un insulto no deja de ser un insulto por mucho que se disfrace de juego de palabras. Tampoco porque el destinatario sea el presidente del Gobierno. Y menos aún cuando se pronuncia en una televisión pública. RTVE ha tenido que responder por uno de los momentos más polémicos de Malas lenguas, el programa de actualidad política de La 1, después de que una de sus colaboradoras,Arantxa Sánchez, llamase «cabrón» a Pedro Sánchez en pleno directo. La defensora de la audiencia ha sido tajante: «El insulto y las faltas de respeto no tienen cabida en la Radio Televisión Pública».
El portavoz aborda las quejas de la audiencia sobre el comentario «cabron» de Arantxa Sánchez al presidente del gobierno. Exigen una acción inmediata para hacer frente a la falta de respeto mostrado. Su respuesta reaviva la discusión sobre los límites de las reuniones políticas
Un insulto no deja de ser un insulto por mucho que se disfrace de juego de palabras. Tampoco porque el destinatario sea el presidente del Gobierno. Y menos aún cuando se pronuncia en una televisión pública. RTVE ha tenido que responder por uno de los momentos más polémicos de Malas lenguas, el programa de actualidad política de La 1, después de que una de sus colaboradoras,Arantxa Sánchez, llamase «cabrón» a Pedro Sánchez en pleno directo. La defensora de la audiencia ha sido tajante: «El insulto y las faltas de respeto no tienen cabida en la Radio Televisión Pública».
La respuesta llegó este domingo en RTVE Responde, el espacio en el que Beatriz Ariño, defensora de la audiencia de la Corporación, recoge las reclamaciones de los espectadores y solicita explicaciones a los responsables de los programas. En esta ocasión, las quejas se referían a una intervención emitida el pasado 6 de octubre que provocó un momento de evidente incomodidad en el plató de Malas lenguas.
Todo comenzó con un comentario sobre una publicación del ministro de Transportes, Óscar Puente, en la que planteaba una disyuntiva electoral entre la V de vivienda y la B de buitre. Arantxa Sánchez decidió añadir una tercera posibilidad. «También se puede votar al macho de la cabra, al cabrón», afirmó en referencia al presidente del Gobierno. A continuación, desgranó una serie de términos con los que pretendía justificar su ocurrencia: corrupción, abandono de Ceuta, bronca, robar, okupación y nepotismo.
El supuesto acrónimo no evitó que la expresión fuese entendida como un insulto. La periodista Esther Palomera, copresentadora de Malas lenguas, intervino para pedir que no se utilizaran determinadas palabras y, posteriormente, Gonzalo Miró ofreció a la colaboradora la posibilidad de rectificar.
Sin embargo, la disculpa de Arantxa Sánchez llegó acompañada de una nueva justificación. Aseguró que no había insultado a nadie y que, si alguien se había sentido ofendido, incluido el propio presidente del Gobierno, pedía perdón. Insistió, además, en que sus anotaciones demostraban que la palabra tenía una explicación.
La polémica no terminó cuando se apagaron las cámaras. Varios espectadores trasladaron su malestar a la Defensoría de la Audiencia y, casi tres semanas después, RTVE ha tenido que pronunciarse públicamente.
Beatriz Ariño no dejó demasiado margen a la interpretación. Después de revisar las imágenes y considerar justificadas las reclamaciones, solicitó explicaciones a la dirección de Magacines, responsable de Malas lenguas. La respuesta de los responsables del programa fue que la libertad de expresión tiene límites y que la intervención de la tertuliana no había quedado sin respuesta.
Según explicó la defensora, la dirección decidió retirar uno de los contenidos previstos en aquella emisión para dedicar ese tiempo a que Arantxa Sánchez pudiera aclarar sus palabras y disculparse. La decisión, defendió RTVE, se tomó aplicando su Manual de Estilo, que rechaza las expresiones insultantes, injuriosas o vejatorias.
Ariño fue todavía más lejos al comprometerse a seguir reclamando que este tipo de comportamientos no se toleren y que se actúe inmediatamente cuando se produzcan.
La cuestión, sin embargo, trasciende el episodio protagonizado por Arantxa Sánchez. En una televisión pública, el problema no debería ser únicamente que se insulte al presidente del Gobierno, sino que se insulte a cualquier representante político. Sea Pedro Sánchez, Alberto Núñez Feijóo, Isabel Díaz Ayuso o cualquier otro dirigente.
La crítica política, incluso la más dura, forma parte del debate democrático. También la ironía, el sarcasmo y las opiniones que pueden resultar incómodas. Pero el terreno cambia cuando la descalificación personal sustituye al argumento. Y esa frontera resulta especialmente importante en los programas que mezclan información, opinión y entretenimiento.
Malas lenguas se mueve precisamente en ese territorio. Un formato en el que las discusiones políticas, las réplicas entre colaboradores y el análisis de la actualidad constituyen buena parte del espectáculo televisivo. Una fórmula que obliga a sus responsables a decidir constantemente hasta dónde puede llegar una intervención sin vulnerar las normas de la Corporación.
La respuesta de la Defensoría deja, además, una cuestión pendiente: si la oportunidad de rectificar es suficiente para considerar resuelto un insulto pronunciado en directo. RTVE sostiene que reaccionó, que retiró un contenido de su escaleta y que permitió a la colaboradora pedir disculpas. Pero aquella rectificación no fue incondicional: Arantxa Sánchez mantuvo que no había insultado a nadie.
Y no es la primera vez que la Defensora de RTVE recibe reclamaciones relacionadas con el tratamiento de dirigentes políticos en los programas de actualidad. Los propios registros oficiales de la Corporación correspondientes al segundo trimestre de este año recogen varias quejas que afectan directamente a Isabel Díaz Ayuso. El 11 de mayo, un espectador denunció comentarios ofensivos hacia la presidenta madrileña en Mañaneros 360. Apenas seis días después, otra espectadora protestó porque en La Revuelta se había comparado a Ayuso con una cucaracha. Y el 9 de junio llegó otra reclamación, esta vez contra Malas lenguas, por haber sacado supuestamente de contexto unas declaraciones de la dirigente popular.
El asunto tampoco es menor en términos de pluralismo. En el segundo trimestre de 2026, los programas de actualidad de La 1, entre ellos Mañaneros 360, Malas lenguas, Directo al grano y La hora de La 1, acumularon alrededor de una treintena de reclamaciones relacionadas con la falta de neutralidad y rigor que algunos espectadores atribuían a estos espacios. La propia Defensoría recogió esas críticas en su balance trimestral. No se trata, por tanto, de una discusión que haya surgido exclusivamente a raíz del insulto a Pedro Sánchez, sino de un debate recurrente sobre el tratamiento de la actualidad política en la televisión pública.
La intervención de Ariño también plantea una exigencia de coherencia para la propia Corporación. Si el criterio es que ninguna falta de respeto tiene cabida en la televisión pública, ese principio debería aplicarse con independencia de la orientación política del colaborador, del programa en el que participe y, sobre todo, de quién reciba la descalificación.
Porque el pluralismo de una televisión pública no se mide solamente por la diversidad de opiniones que permite expresar, sino también por la igualdad de las reglas que exige cumplir.
RTVE ha marcado una línea roja con el insulto a Pedro Sánchez. Ahora el verdadero desafío es demostrar que esa línea roja no cambia de sitio dependiendo de quién se encuentre al otro lado.
Noticias de Televisión
