El catedrático Ángel Esteban retrata las vidas apasionantes de escritoras europeas y americanas que se abrieron camino entre sus coetáneos varones Leer
El catedrático Ángel Esteban retrata las vidas apasionantes de escritoras europeas y americanas que se abrieron camino entre sus coetáneos varones Leer
París fue y sigue siendo, como la llamó Baudelaire, el paraíso del flâneur. En la primera mitad del siglo pasado, antes de que la Segunda Guerra Mundial mudara la capital del mundo a Nueva York, París fue el centro de la literatura, del pensamiento, de las artes. Y si fue apetecible para los hombres aún más lo fue para las mujeres, sometidas a las restricciones, a la opacidad, al segundo escalón en el trabajo, en la sociedad, en la cultura, en la familia. París en femenino es el título del último libro de Ángel Esteban, editado en Espasa. Luce un subtítulo que dice así: Treinta escritoras europeas y americanas en la ciudad sin límites. Y de pronto los ojos se nos abren como platos porque solo en el índice intuimos la vida apasionada de mujeres que forman parte de nuestro repositorio de leyendas.Ángel Esteban, catedrático de Literatura en la Universidad de Granada y una de las más reconocidas autoridades españolas en los estudios literarios, parte en su ensayo de una certeza: París siempre fue la ciudad de los hombres escritores, los hombres pintores, los hombres músicos. Si tuviéramos que improvisar una nómina rápida de nombres propios nos vendrían de inmediato a la cabeza Hemingway, Joyce, Picasso, Valéry, Scott Fitzgerald, Kandinsky, Buñuel… Pero ¿y si tuviéramos que improvisar la misma lista de mujeres? ¿Existieron? «Existieron y fueron multitud —asegura Esteban—. Y su protagonismo no se limitó a crear obras maestras, ni siquiera a inventar salones literarios, dirigir editoriales, revistas o periódicos». ¿Qué habría sido de James Joyce y su famoso Ulises sin la existencia de Sylvia Beach y su librería?Ángel Esteban se ha propuesto con París en femenino «remover o incluso agitar el canon de la literatura occidental, para arrojar luz en la ciudad que la tiene por méritos propios, pero que la crítica y los géneros biográficos siempre han enfocado en función de la vida y la producción literaria de los hombres».Por el libro pasean treinta escritoras extraordinarias, algunas muy conocidas y otras menos, pero cuyas vidas son una fascinación, un compromiso por dar a conocer su trabajo, un empeño por abrirse camino entre tanto genio. El antecedente prodigioso de Flora Tristán da paso a las mujeres que escribieron las líneas más apasionadas de la Belle Époque. En el periodo de entreguerras destellaron personalidades como Colette, Natalie Barney o Aurora Cáceres, pionera del feminismo latinoamericano. Gertrude Stein, retratada por Picasso y cuya obra se expone en el Met de Nueva York, es una de las más fascinantes presencias en el libro por su laboropatía, su empeño en ayudar y dar a conocer a los grandes nombres de su época. De aquellos años es la malagueña Victoria Kent, escritora, abogada, política, republicana, feminista y parisina en la clandestinidad. O la porteña Victoria Ocampo que conoció en la capital francesa al filósofo alemán Hermann Graf Keyserling que quiso hacerla su
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