En el tercer día de Mad Cool, las perspectivas contrastantes de un concierto fueron exhibidas a través del desafío de Halsey, el anhelo de Pixies por el pasado y la autenticidad genuina de Sigrid Leer.
En el tercer día de Mad Cool, las perspectivas contrastantes de un concierto fueron exhibidas a través del desafío de Halsey, el anhelo de Pixies por el pasado y la autenticidad genuina de Sigrid Leer.
Si el primer día estuvo marcado por el rock y el segundo por el dominio de las grandes estrellas femeninas, la tercera jornada del Mad Cool ha apostado por mezclar ambos mundos. Del grunge de Halsey, al pop de Sigrid; con una generosa dosis de nostalgia de la mano de los legendarios Pixies. Ah, y que no falte el icónico garage rock de Kings of Leon. La primera en pisar el escenario principal ha sido Halsey. La estadounidense pasa por el festival avalada por una trayectoria que la ha convertido en una de las figuras más influyentes del pop alternativo de la última década. Desde el primer minuto ha abrazado su faceta más agresiva, acercándose a un pop-rock de guitarras afiladas y actitud desafiante. Halsey ‘maltrata’ a su público; forma parte del juego. Vacilona, a veces hasta despectiva. Ella manda y la multitud sigue sus órdenes. Su faceta de «chica mala», alejada del pop que la vio crecer como artista, irrumpe con gritos, desafíos y una actitud provocadora. Hay momentos en los que esa intensidad engancha, pero en otros el personaje acaba imponiéndose a la artista. El espectáculo, entonces, acaba pecando de impostado. The Castle ha sido uno de los momentos en los que mejor ha brillado vocalmente. Al rebajar la intensidad y dejar respirar la canción, su timbre ha ganado protagonismo y ha quedado claro que el potencial vocal ha estado ahí desde el principio. Llega Pixies y cambian el tono. Que rule la nostalgia, que rule el rock alternativo. Black Francis, Joey Santiago, David Lovering y Emma Richardson aparecen sin artificios, con la misma naturalidad con la que llevan cuatro décadas moldeando el género. Quizá sean tan icónicos que no necesiten de artificios. O quizá simplemente no les interese.Tema tras tema, sin pausas, sin presentaciones, la banda ha ido despachando un repertorio construido sobre clásicos incontestables. Wave of Mutilation, Monkey Gone to Heaven, U-Mass o una especialmente emocionante Hey recuerdan por qué Pixies cambiaron para siempre las reglas del rock alternativo.Sin embargo, el concierto ha dejado una sensación más bien tibia. Las canciones siguen siendo enormes, por supuesto. ¿Quién le va a poner una sola pega a Here Comes Your Man? (Que, por cierto ha sido, sin duda, la joya de la corona y tema con el que, una vez terminado, muchos han decidido dispersarse hacia otras zonas). Pero aún con temazos gigantescos, la interpretación ha estado lejos de serlo. En una banda con semejante legado quizá baste para satisfacer a los más fieles, pero a este directo le ha faltado algo de riesgo, de vida. El espectáculo ha acabado sabiendo a poco, dejando la sensación de que, con un repertorio así, podría haber dado mucho más. Lo que le faltó a los Pixies, Sigrid lo derrochó. Con poco tiempo en la primera línea del pop europeo, a sus 29 años Sigrid se ha convertido en una de las artistas escandinavas con mayor proyección internacional. La noruega irrumpió tras ganar el BBC Music Sound of 2018, un g Música // elmundo
