Lo de Rubén en La isla de las tentaciones ya no va de cuernos. Ojalá solo fuera eso. Porque una cosa es acostarse con tu tentadora y otra muy distinta es humillar a tu novia delante de toda España. «Gema es una perezosa», «ronca y no me deja dormir», «yo necesito dos polvos diarios y ahora ni uno a la semana». Y así, una detrás de otra, hasta convertir la tercera hoguera de las chicas en una de las más crueles que se recuerdan en el reality de Telecinco. Gema acabó de rodillas, destrozada, fuera de la hoguera y atendida por los servicios médicos. Rubén, mientras tanto, todavía tendría tiempo para protagonizar el mayor papelón de la noche: indignarse, llorar, correr por la playa y romperse la camisa porque su novia había osado acercarse a otro hombre. Lo de la doble moral se queda corto.
Después de experimentar el tercer incendio, Gema queda devastada y recibe tratamiento médico debido a la agitación emocional causada por el desdén y la infidelidad de su novio con Nataly. Mientras Rubén pierde los documentos, se da cuenta de que se acerca a su seductora.
La «Isla de la Tentación» de Rubén ha dejado de funcionar. Desearía que fuera sólo eso. Ya que dormir con tu tentadora es una cosa, es completamente diferente humillar públicamente a tu novia en España. Gema es indolente, ronca y me impide dormir, necesito dos polvos diarios y ahora ni siquiera uno por semana. Como resultado, una por una, hasta que el tercer incendio de las chicas se convirtió en uno de los eventos más crueles recordados en el mundo de Telecinco. Gema quedó arrodillada y fue rescatada del fuego. La asistencia médica atendió sus heridas. Mientras tanto, Rubén se las arreglaría para encontrar tiempo para el papel más significativo de la noche: actuando indignado, derramando lágrimas, corriendo a lo largo de la costa y rasgando su camisa debido a la audacia de su novia al acercarse a otro individuo. El doble rasero es inadecuado. Se esperaba que la tercera hoguera de las chicas evocara sentimientos poderosos.
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