No es, como avisaron Javier Ambrossi y Javier Calvo, una película sobre Federico García Lorca. Entre otras razones, porque ni Lorca iba sobre Lorca. Se aproximó un poco Jorge Guillén con su famosa frase: “Cuando está Federico no hace ni frío ni calor, hace Federico”. Pero hasta sus asesinos tenían su original idea de cómo tenía que ser Lorca: un cadáver que España no encuentra.. Seguir leyendo
El teatro de Federico permitía que el público viese el precipicio mientras sus personajes seguían caminando hacia él. Y ese fue su destino
No es, como avisaron Javier Ambrossi y Javier Calvo, una película sobre Federico García Lorca. Entre otras razones, porque ni Lorca iba sobre Lorca. Se aproximó un poco Jorge Guillén con su famosa frase: “Cuando está Federico no hace ni frío ni calor, hace Federico”. Pero hasta sus asesinos tenían su original idea de cómo tenía que ser Lorca: un cadáver que España no encuentra.. La bola negra (de la que apenas hablaré en este artículo, de la que citaré solo dos frases) es una película profundamente lorquiana atravesada —primera de las frases— por la súplica que el personaje que interpreta Miguel Bernardeau le hace a Federico García Lorca: quédate en Madrid, estarás más seguro, no vayas a Granada. Cabe el siglo XX español en ese ruego que muchos amigos le hicieron a Lorca cuando estalla la Guerra Civil. Y él, según unas versiones y otras, a veces despreocupado y otras serio, siempre estuvo decidido a no hacerles caso. Con Rafael Martínez Nadal paseó un día de verano de 1936 por las afueras de Madrid y le dijo: “Estos campos se van a llenar de muertos. Me voy a Granada y que sea lo que Dios quiera”.. La historia que construyen los Javis con Alberto Conejero —autor de La piedra oscura, obra que inspira la película— es una historia de la que, a poco que empieza a moverse, sabemos su final. Los protagonistas, homosexuales todos (“una peli de guerra de maricones”, dijo Ambrossi), conviven con su presagio, sea la muerte o el armario. Como la obra teatral de Lorca, repleta de mujeres y hombres que caminan derechos hacia aquello que todo el mundo —también el público— sabe que va a ocurrir. En Bodas de sangre, los protagonistas huyen creyendo que les espera una nueva vida, pero cabalgan directamente hacia la muerte: antes ya han aparecido el cuchillo, la sangre, el caballo y la luna, todas las señales habituales con las que Lorca cierra las salidas. En La casa de Bernarda Alba, Adela quiere abrirse paso hacia la libertad y cada paso la oculta más: Pepe el Romano, los celos de Martirio, la vigilancia de Bernarda y la propia casa tomada se estrecha hasta dejarla sin aire. En Yerma, cuanto más persigue la protagonista lo que desea, más claro está que no podrá alcanzarlo nunca. La crueldad de Lorca consistía en permitir que el espectador viese el precipicio mientras sus personajes seguían caminando hacia él sin que nadie pudiese evitarlo.. Lo que han hecho los Javis completando (haciendo, más bien: del original solo aparecieron cuatro folios) La bola negra, la obra teatral que tenía en el magín Lorca como tantas otras amputadas por su asesinato a manos de los fascistas, es de una insolencia arrolladora, de un descaro difícilmente reprochable. No porque les haya salido una pieza deslumbrante (la pieza, y también la película, que se estrena el 25 de septiembre), sino por el atrevimiento. Uno de los más grandes mitos trágicos de la literatura universal escribiendo después de muerto por obra y gracia de Calvo y Ambrossi. ¿Qué significa semejante apropiación? Toman un título suyo, unos personajes apenas esbozados y una intención vagamente conocida, y continúan desde el presente en una suerte de espiritismo artístico. Lo que justifica esta osadía es que no intentan reconstruir al modo de un arqueólogo la obra que Lorca habría escrito, empresa imposible y estéril. Hacen algo más arriesgado: convierten ese vacío en un punto de partida y colocan dentro de él lo que vino después, aquello que Lorca ya no pudo conocer. Prolongan La bola negra durante noventa años, los que pasaron desde su fusilamiento. Como titula la autora María San Miguel su extraordinaria obra teatral: Federico. No hay olvido, ni sueño: carne viva.. (Sorprende que el Lorca de la película hable como lo hace, cuando testimonios de la época de gente que lo trató describía su voz como ronca, de tipo que fumaba tabaco negro, “incesantemente” según Martínez Nadal. Un amigo íntimo del poeta, Pepín Bello, le contó a Antonio Lucas en El Mundo que “Federico tenía voz dura, de madera”, y que no tenía la pluma excesiva con que se le solía caracterizar).. La segunda frase es del personaje de Penélope Cruz (toda su escena, su breve y decisivo papel, es una irresistible obra maestra). Dice: “El transformismo es la fantasía de la posibilidad. La guerra es todo lo contrario”. Es una reflexión potentísima. Si en la de Bernardeau cabía el siglo XX, en la frase de Cruz está toda la película: la fantasía de la posibilidad es lo que mueve La bola negra. Cualquier posibilidad menos una: que Federico no vaya a Granada, que no tenga que agacharse del destino como un personaje suyo del que todos sospechaban su muerte menos él.. Estaba Esperanza Rosales ya sola en casa cuando fueron a detener a Lorca con un dispositivo que parecía que en aquel hogar de falangistas se escondiese un comando y no un poeta. Y se despidió Lorca de Rosales, muy seguro de sí mismo: “No te doy la mano porque no quiero que pienses que no nos vamos a ver otra vez”.. Esto último no sale en la película. Porque no es una película sobre Lorca. Es una película sublime sobre gente que no sabe cuándo empezar a querer y cuándo empezar a odiar. Gente, alguna, esperando órdenes para desobedecerlas.
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