Cuando Penélope Cruz se mete en la piel de la cupletista Nené Romero en La bola negra hace mucho más que cantar y bailar: celebra a toda una genealogía de artistas injustamente olvidadas.. Seguir leyendo
Cuando Penélope Cruz se mete en la piel de la cupletista Nené Romero en La bola negra hace mucho más que cantar y bailar: celebra a toda una genealogía de artistas injustamente olvidadas. Seguir leyendo
Cuando Penélope Cruz se mete en la piel de la cupletista Nené Romeroen La bola negra hace mucho más que cantar y bailar: celebra a toda una genealogía de artistas injustamente olvidadas.. Las cupletistas que triunfaron en las primeras décadas del siglo XX propagaron un arte que enloqueció a las masas y rompió moldes. Con sus canciones y bailes defendieron el derecho a la alegría, la sensualidad y el desborde sentimental. Muchas de ellas salieron de la miseria gracias a su talento y lograron la hazaña de triunfar en una industria gobernada por hombres. El personaje de Nené Romero nos recuerda que todavía tenemos mucho que aprender de ellas.. Olga María Ramos, la entusiasta cultivadora del cuplé que ha asesorado a Penélope Cruz durante el rodaje, lleva toda una vida reivindicando a estas artistas. De las cupletistas admira, ante todo, su valentía. “En una época en que las mujeres no podíamos ni votar, ellas tomaron las riendas de sus vidas y, aunque muchas se quedaron en el camino, fueron un ejemplo para las mujeres de entonces”, comenta.. Algunas de estas cupletistas quisieron expresar sus opiniones más allá del escenario (Julita Fons llegó a publicar en 1907 un libro titulado Lo que yo pienso), mientras otras sorprendían al público con espectáculos de lo más curiosos. Es el caso de Teresita Pastor, que, entre cuplé y cuplé, ejercía el arte de la adivinación.. La mayoría de sus biografías no tienen desperdicio. Fornarina, por ejemplo, enfrentó más de una vez a la censura y logró un éxito sin parangón. Y eso que no lo tuvo fácil. Pasó de despellejarse las manos ayudando a su madre a lavar ropa ajena en el río Manzanares a convertirse en la cosmopolita musa de lo que muchos llamaban el “género ínfimo”. Cuando Carmen de Burgos, pionera del periodismo y referente feminista, la entrevistó para su libro Confesiones de artistas, ella dijo que lo había logrado “estudiando mucho” y que “nunca había ocultado de dónde venía”.. También reivindicó sus orígenes humildes Raquel Meller, la aragonesa que convirtió en éxitos canciones tan recordadas como La Violetera o El Relicario. Solía contar que cuando trabajaba como modistilla se escapaba del taller para ir a escuchar cuplé. Entonces fantaseaba con poder pisar un escenario: todavía no sabía que acabaría rechazando al mismísimo Chaplin (que robó la música de La Violetera para una de sus películas más conocidas) y llegaría a ser portada de la prestigiosa revista Time.. Chelito, por su parte, destacó por el ingenuo descaro con que interpretó los cuplés más pícaros. Sin embargo no se quedó ahí: también despuntó como empresaria. Fue una de las primeras mujeres artistas —y hasta el día de hoy una de las pocas— en regentar su propio teatro.. Pero las libertades del cuplé se toparon con el muro de la guerra. Cuando el personaje de Penélope Cruz canta para las tropas vestida de militar puede recordarnos a la Rosa Morena deÉchales guindas al pavo la Marujita Díaz deSoldadito español o los momentos más bélicos de Carmen Sevilla (también a Marta Sánchez, sí), pero sus cimientos hay que buscarlos más atrás: en toda una generación de artistas que gozaron los tiempos del cuplé, pero también sufrieron la represión de la dictadura.. Aunque no faltaron las que engrosaron con entusiasmo las filas de los vencedores (cómo olvidar el Ya hemos pasao de Celia Gámez), otras como Carmelita Aubert hubieron de partir al exilio. Antes de la guerra, había cantado al amor de un novio Comunista y protagonizado una escandalosa película titulada ¡Abajo los hombres! (Castellví, 1935). También la Argentinita —gran amiga de Lorca a quien el poeta llamaba “comadre”— se marchó a vivir a Nueva York, donde murió en 1945.. Los propios cuplés sufrieron represalias hasta bien entrada la dictadura, durante el revival que este género musical vivió a finales de los años cincuenta a remolque del inesperado éxito de Sara Montiel con El último cuplé (Juan de Orduña, 1957). Es el caso de uno de los cuplés que Penélope Cruz canta en La bola negra: Las tardes del Ritz. Con letra del simpar Álvaro Retana, había sido estrenado en los años veinte por el afamado transformista Edmond de Bries, pero en las versiones posteriores —la más recordada es la de la Lilián de Celis— se “suavizó” su carga erótica.. Durante la dictadura franquista también se cambiaron versos del conocido Chotis del Pichi. En concreto, se eliminó una referencia a Victoria Kent, la política republicana en el exilio que había llegado a ser diputada y Directora General de Prisiones. Solo una artista lo cantaba sin censurar en sus espectáculos en directo: Olga Ramos, la madre de la asesora de cuplé de La bola negra. “En una de sus visitas a España Victoria Kent fue a ver a mi madre”, cuenta Olga María, “ella le preguntó si no le importaba que la nombrara en la canción y Victoria Kent le contestó: ¡pero si he venido por eso, porque sé que usted la canta sin censurar!”.. De su trabajo con Penélope Cruz, Ramos destaca su cercanía y la forma en que “ha sabido hacer suyos los cuplés que canta”. Recuerda emocionada el abrazo en el que se fundieron en la fiesta de fin de rodaje, cuando Penélope le pidió que cantara Batallón de modistillas.. Esta canción, que la propia actriz interpreta en la película, jugaba con la idea —por aquel entonces insólita— de que las mujeres pudieran ir a la guerra. Convertir a las modistas, arquetipo de gracejo femenino popular, en militares tenía mucho de erotismo y humor, pero también enviaba un mensaje de hartazgo (patriarcalísimo chiste de la suegra mediante, eso sí) con el que todavía hoy nos podemos identificar:. Son los hombres con nosotras. en la paz muy bravucones. y nos tienen dominadas. sin dejarnos rechistar. Pero en cuanto que nos vean. decididas a la lucha. con las suegras en vanguardia,. de correr no pararán. Olga María confiesa que espera que el papel de Penélope Cruz ayude a revitalizar el interés en el cuplé. Ojalá tenga razón. Ojalá sirva para que las recordemos también a ellas: a aquellas artistas que reinaron en lo erótico, lo sentimental y lo popular. Aquellas de quienes a menudo olvidamos que no solo ayudaron a sobrellevar las vidas de los demás, sino que también sufrieron en carne propia la represión, la censura y el exilio.. Y es que el cuplé no solo habla de amores y picardías. A su manera, también nos cuenta una historia en la que La bola negra insiste: las libertades no se ganan para siempre. Si nos descuidamos, se puede volver atrás. Especialmente cuando, como dicen en la película, “nos acechan de nuevo”. Por eso el cuplé siempre es penúltimo: porque nos recuerda que nunca debemos dejar de cantar ni de luchar.
EL PAÍS
