María Galiana sólo necesitó unas cuantas palabras para convertirse, probablemente sin pretenderlo, en una de las protagonistas televisivas de la semana. Veintidós años de Cuéntame cómo pasó, 22 años siendo Herminia, 22 años convertida en una de las abuelas más queridas de la televisión española y una frase que prendió como una cerilla: «El tiempo que yo llevo como actriz, para mí lo he desperdiciado. Veintidós años haciendo de abuela en televisión… ¡vaya un papel!».
La actriz responde en El Perro Andaluz al revuelo provocado por sus declaraciones sobre los 22 años que interpretó a Herminia: «Lo hice con muchísimo gusto, con muchísima ilusión, queriendo mucho a todos mis compañeros»
María Galiana sólo necesitó unas cuantas palabras para convertirse, probablemente sin pretenderlo, en una de las protagonistas televisivas de la semana. Veintidós años de Cuéntame cómo pasó, 22 años siendo Herminia, 22 años convertida en una de las abuelas más queridas de la televisión española y una frase que prendió como una cerilla: «El tiempo que yo llevo como actriz, para mí lo he desperdiciado. Veintidós años haciendo de abuela en televisión… ¡vaya un papel!».. La frase tenía todo lo necesario para provocar el incendio. Y lo provocó.. María Galiana, en una entrevista con la agencia Efe, había reflexionado sobre su carrera y sobre todo aquello que quizá no pudo interpretar mientras Cuéntame cómo pasó ocupaba buena parte de su vida profesional. «Lo último que yo pensaba en mi vida era que me iba a consagrar como abuela. ¡Madre mía! Qué ajeno a mi personalidad», aseguró.. De ahí a que sus palabras se interpretaran como una carga de profundidad contra la serie que la convirtió definitivamente en un rostro popular sólo hubo unas horas. Las declaraciones corrieron por las redes sociales, se multiplicaron los titulares y hasta Imanol Arias, su compañero durante más de dos décadas, salió al paso del revuelo. Y lo hizo, además, con una frase que probablemente sea la que mejor explica todo lo ocurrido: «Una de las ventajas de ser mayor es que uno puede decir lo que le da la gana».. Pues eso.. Porque anoche María Galiana, colaboradora de El perro andaluz, decidió hacer exactamente eso: decir lo que le daba la gana. Y, sobre todo, explicar lo que había querido decir.. Casualidades de la televisión, o quizá no tanto, ocurrió además en la noche en la que El perro andaluz se entregó a Federico García Lorca. Una noche de palabra, memoria, música y libertad. Una noche en la que Miguel Poveda llevó a Lorca hasta el presente, en la que el actor Ángel Ruiz se volvió a meter en la piel del poeta y en la que el programa convirtió unos versos ocultos durante más de nueve décadas en uno de los momentos más hermosos que se han visto en televisión y, especialmente, en El perro andaluz.. Sobre el escenario, una mesa, un papel y un lápiz. Ángel Ruiz, convertido en Lorca, recreó cómo pudieron nacer aquellos versos encontrados por Miguel Poveda en el reverso de un manuscrito de Gacela de la raíz amarga. Los escribió, los tachó, dudó, volvió sobre ellos y finalmente entregó aquel papel a Poveda. Noventa y tres años después, el hombre que encontró los versos los recibía simbólicamente de quien los había escrito. Televisión sin artificio aparente y, sin embargo, televisión en estado puro: la capacidad de hacer posible durante unos minutos lo imposible.. Y en mitad de aquella noche lorquiana apareció María Galiana. Quizá el espíritu rebelde de Lorca, esa necesidad de no dejar que otros decidan lo que uno debe ser, encontró anoche un inesperado alter ego en ella. Una mujer de 91 años a la que llevan días explicándole lo que quiso decir y que decidió explicarse ella misma.. Manu Sánchez no esquivó el asunto. Le preguntó directamente por las críticas y por la polvareda provocada por sus declaraciones. Galiana tampoco buscó una escapatoria ni se refugió en una de esas aclaraciones de manual con las que tantas veces se intenta desactivar una polémica. Fue bastante más contundente: «Eso sí que es una mentira como la copa de un pino. Yo no estoy contra Cuéntame, por favor».. Fin del misterio. O, al menos, fin de una interpretación que había convertido unas palabras sobre su trayectoria profesional en una especie de ajuste de cuentas con Cuéntame cómo pasó.. Lo interesante de las explicaciones de María Galiana es que tampoco se desdijo. No negó lo que había pronunciado ni intentó borrar el fondo de su reflexión. Lo explicó. Una actriz puede estar agradecida a un personaje, querer a la serie en la que ha trabajado durante más de dos décadas y, al mismo tiempo, preguntarse qué otras cosas podría haber hecho durante todos esos años.. Porque 22 años son muchos años. Para cualquiera y, especialmente, para una actriz.. Galiana interpretó a Herminia desde 2001 hasta el final de Cuéntame en 2023. El personaje acabó pegándose a ella hasta un punto difícil de separar. Para millones de espectadores, María Galiana era Herminia y Herminia era María Galiana. Una bendición para cualquier intérprete, pero también una de esas bendiciones que inevitablemente tienen reverso: mientras haces durante más de 20 años uno de los personajes más reconocibles de la televisión española, hay decenas de personajes que no haces.. Y a eso se refería.. La actriz comenzó entonces a fantasear con esos otros papeles que se quedaron por el camino. Y lo hizo como suele hacerlo ella, sin solemnidades y con bastante retranca: «Si hicieran una serie sobre Isabel II, yo lo haría estupendamente porque soy gorda y chata como ella».. Pero tenía más candidatos: «Podía haber hecho la Celestina, podía haber hecho la madre de Hamlet».. Ahí estaba realmente el sentido de aquellas palabras que durante días parecieron una declaración de guerra contra Cuéntame. No tanto el arrepentimiento por haber sido Herminia como la curiosidad -y seguramente la espinita- por todas las mujeres que María Galiana podría haber interpretado mientras era Herminia.. Porque una cosa no invalida la otra. Se puede querer profundamente un trabajo y preguntarse qué habría ocurrido de haber tomado otro camino. Se puede estar orgullosa de un personaje y lamentar los personajes que nunca llegaron. Y se puede, a los 91 años, mirar hacia atrás sin necesidad de convertir cada reflexión sobre lo que no fue en un desprecio hacia lo que sí fue.. Por si quedaba alguna duda, María Galiana terminó haciendo el balance que quizá había faltado en medio de tanto titular y tanta polémica. Sus 22 años en Cuéntame cómo pasó, aseguró, los vivió «con muchísimo gusto, con muchísima ilusión, queriendo mucho a todos mis compañeros». Y añadió algo todavía más incontestable: Cuéntame «es lo que ha hecho que todo el mundo me conozca».. Después la noche volvió a Lorca. Porque, en realidad, nunca se había marchado. El perro andaluz había construido toda su entrega alrededor de él y Miguel Poveda terminó poniendo su voz a Grito hacia Roma. Antes, el poeta había regresado durante unos minutos de la mano de Ángel Ruiz para entregar a Poveda unos versos que llevaban 93 años esperando. Un instante de esos que recuerdan que la televisión también puede ser esto: silencio, palabra, emoción y belleza.. Y quizá no fue casual que precisamente en esa noche María Galiana reivindicara también el derecho a sus propias palabras. A decir que quiso a Herminia y que habría querido ser la Celestina. Que adoró Cuéntame y que habría deseado interpretar otras vidas. Que está agradecida y que también puede imaginar lo que pudo haber sido.. Imanol Arias tenía razón desde el principio: una de las ventajas de hacerse mayor es poder decir lo que a uno le dé la gana.. Y si la noche pertenecía a Lorca, pocas cosas podían resultar más lorquianas que eso.
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