Hay actores que necesitan una estatuilla para convertirse en estrellas y actores a los que las estatuillas acaban alcanzando porque llevan años siendo extraordinarios. Matthew Rhys pertenece a los segundos. Anoche necesitó dos. Dos Emmy en unas horas y un récord que nadie había conseguido en 78 ediciones: ganar dos premios como actor protagonista en la misma ceremonia. Primero, por The Beast in Me; después, por Widow’s Bay. Y, de paso, cerrar un círculo bastante insólito: drama, comedia y miniserie. El galés que lleva buena parte de su vida profesional interpretando a estadounidenses se convirtió definitivamente en uno de los grandes señores de la televisión americana.
El protagonista de The Americans logra dos Emmy en una sola noche por Widow’s Bay y The Beast in Me y se convierte en el primer hombre que ha ganado como actor principal en drama, comedia y miniserie
Hay actores que necesitan una estatuilla para convertirse en estrellas y actores a los que las estatuillas acaban alcanzando porque llevan años siendo extraordinarios. Matthew Rhys pertenece a los segundos. Anoche necesitó dos. Dos Emmy en unas horas y un récord que nadie había conseguido en 78 ediciones: ganar dos premios como actor protagonista en la misma ceremonia. Primero, por The Beast in Me; después, por Widow’s Bay. Y, de paso, cerrar un círculo bastante insólito: drama, comedia y miniserie. El galés que lleva buena parte de su vida profesional interpretando a estadounidenses se convirtió definitivamente en uno de los grandes señores de la televisión americana.. A sus 51 años, Rhys subió primero al escenario para recoger el Emmy a mejor actor protagonista de miniserie por The Beast in Me, donde interpreta a Nile Jarvis, un magnate inmobiliario tan seductor como inquietante, enfrentado al personaje de Claire Danes. Más tarde volvió a escuchar su nombre: mejor actor de comedia por Widow’s Bay, la gran triunfadora de la noche, en la que encarna a Tom Loftis, alcalde de una peculiar isla de Nueva Inglaterra empeñado en vender las bondades turísticas de un lugar sobre el que pesan leyendas, maldiciones y fenómenos bastante poco recomendables para una campaña de promoción.. La segunda subida al escenario tenía algo más que un Emmy detrás. Con los dos premios de anoche, Matthew Rhys se convirtió en el primer intérprete que gana dos Emmy de protagonista en una misma ceremonia. Y al añadirlos al que consiguió en 2018 por The Americans, es también el primer hombre que ha ganado como protagonista en las tres grandes categorías interpretativas de televisión: drama, comedia y miniserie o película. El espía soviético, el alcalde acosado por fantasmas y el inquietante millonario tienen, aparentemente, poco que ver. Salvo una cosa: todos llevan la cara de un tipo nacido en Cardiff que ha construido su carrera haciendo creíbles personajes que casi nunca son exactamente lo que parecen.. Quizá por eso Philip Jennings, el agente del KGB infiltrado durante años en Estados Unidos de The Americans, fue el papel que cambió para siempre su carrera. Durante seis temporadas, entre 2013 y 2018, Rhys convirtió a un espía soviético en uno de los personajes más complejos de la edad de oro de la televisión. No era sólo un agente secreto. Era marido, padre, asesino, enamorado, impostor y un hombre cada vez menos seguro de saber quién era realmente. En 2018 aquel trabajo le dio su primer Emmy. También le dio algo bastante más duradero que una estatuilla: en la serie conoció a Keri Russell, su esposa en la ficción y su pareja en la vida real.. La ironía es que Rhys llevaba preparándose para conquistar Estados Unidos prácticamente desde niño. Creció en Cardiff y se formó en la prestigiosa Royal Academy of Dramatic Art de Londres. De pequeño ya practicaba el acento americano jugando con sus amigos a El Equipo A. Décadas después, aquel galés lograría que millones de estadounidenses creyeran que era uno de ellos mientras interpretaba, para mayor pirueta, a un ruso que fingía ser estadounidense.. Antes de aquello hubo mucho camino. Su gran desembarco televisivo en EEUU llegó en 2006 con Brothers & Sisters, el drama familiar protagonizado por Sally Field, donde interpretó durante cinco temporadas a Kevin Walker, el abogado gay de la familia. Rhys apareció en sus 106 episodios y su personaje protagonizó junto a Scotty, interpretado por Luke Macfarlane, una de las historias homosexuales más importantes de la televisión generalista estadounidense de aquellos años.. Pero si algo define su trayectoria es una extraña capacidad para estar delante sin parecer desesperado por ocupar el centro. Ha sido Dylan Thomas en The Edge of Love, junto a Keira Knightley y Sienna Miller; Daniel Ellsberg, el hombre que filtró los Papeles del Pentágono, en The Post, de Steven Spielberg; y el periodista cínico que tiene que entrevistar a Fred Rogers, interpretado por Tom Hanks, en A Beautiful Day in the Neighborhood. Incluso dejó una de esas apariciones difíciles de olvidar en Girls, convertido en un escritor famoso y depredador en el episodio American Bitch.. Y después llegó Perry Mason. El papel estaba inicialmente pensado para Robert Downey Jr., pero los problemas de agenda del actor acabaron colocando a Rhys al frente del proyecto de HBO. Era otro desafío típicamente suyo: agarrar a uno de los personajes más reconocibles de la cultura popular estadounidense y convertirlo en otra cosa. Su Mason dejó de ser el abogado impoluto asociado durante décadas a Raymond Burr para transformarse en un investigador roto, desaliñado y atormentado en el Los Ángeles de la Gran Depresión. El trabajo le proporcionó otra nominación al Emmy.. Su carrera tiene además una divertida nota al pie: pudo haber intentado convertirse en James Bond y consiguió estropear la audición él solito. Según ha relatado él mismo, a comienzos de los 2000 acudió a una prueba y decidió bromear con los productores preguntando si su Bond podía llevar un parche en el ojo o cojear. No parece que el humor funcionara demasiado bien en aquella sala. A estas alturas probablemente tampoco importe.. Porque Rhys ha terminado encontrando en televisión algo bastante más interesante que un esmoquin, un Aston Martin y una licencia para matar: personajes imposibles de encerrar en una sola casilla. De hecho, incluso Widow’s Bay, el papel que finalmente ha demostrado que también puede ganar un Emmy haciendo comedia, nació de la incertidumbre. El propio actor ha contado que durante la preparación ni siquiera sabía exactamente cómo debía interpretar a Tom. La respuesta del director Hiro Murai fue olvidarse de estar haciendo una comedia o una historia de terror y comportarse como si todo aquello fuera absolutamente real. Funcionó. Y mucho: Widow’s Bay acabó los Emmy con 14 premios, récord histórico para una comedia en una sola edición.. Tal vez ahí esté también el secreto de Matthew Rhys. Nunca parece interpretar el género en el que está trabajando. Interpreta al hombre que hay dentro. Puede ser un espía soviético, un abogado legendario, un millonario aterrador o el alcalde de un pueblo maldito y siempre aparece debajo alguna grieta, alguna incomodidad, alguna sombra. Incluso cuando hace reír.. Rhys sigue viviendo en Nueva York, pero mantiene una relación casi militante con Gales. Ha contado que, aunque haya construido allí su vida, sólo utiliza realmente la expresión «volver a casa» cuando regresa a su país. Incluso bromea con que obliga a su hijo a llevar prendas patrióticas y a comer puerro, símbolo nacional galés.. Anoche aquel chico de Cardiff que practicaba el acento estadounidense jugando a El Equipo A volvió dos veces al escenario de los Emmy. Ya había conquistado el drama con The Americans. Le faltaban la comedia y la miniserie. Se llevó las dos de golpe.. Y quizá ésta sea la paradoja perfecta para explicar a Matthew Rhys: uno de los grandes actores estadounidenses de televisión resulta que nunca ha dejado de sentirse galés.
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