Hijo de la autora de ‘Malena es nombre de tango’, acaba de publicar su primera novela, ‘El sauce oscuro’, un ‘grimdark’ ambientado en un mundo imaginario de magia y fantasía muy alejado del universo literario de su madre. Leer
Hijo de la autora de ‘Malena es nombre de tango’, acaba de publicar su primera novela, ‘El sauce oscuro’, un ‘grimdark’ ambientado en un mundo imaginario de magia y fantasía muy alejado del universo literario de su madre. Leer
Para cuando Mauro Caffaratto(41 años) se decidió a convertir en novela una campaña de rol de tablero que había ideado para jugar con sus amigos, su madre, Almudena Grandes, estaba ya muy enferma y no pudo leerla. «Me daba mucha vergüenza decir que estaba escribiendo. De hecho no lo sabía nadie, salvo algún amigo muy cercano. Empecé durante el confinamiento, pero me costó años conseguir un borrador de 50 páginas, porque me ponía ante la hoja en blanco y no sabía cómo se empezaba un diálogo ni cuánto tenía que durar un capítulo».. Fruto de la relación de la escritora con el editor Alberto Caffaratto, Mauro estudió en el Liceo italiano, se licenció en Filosofía en la Universidad Complutense, se especializó en programación y trabajó algún tiempo como consultor tecnológico. Ahora, mientras desarrolla un proyecto de visualización de sonido con su padre, está centrado en su nueva faceta de escritor, inmerso en el sombrío mundo de El sauce oscuro, una saga fantástica ambientada en un territorio imaginario aislado, Elenda, poblado de monstruos, de secretos de magia, desapariciones misteriosas y un detective degradado, Kendarian Molino, que deberá enfrentarse a los fantasmas de su pasado mientras logra encontrar a los asesinos de tres chicas en el Valle del Cuervo.. Un universo literario muy alejado del que cultivó su madre y que la convirtió en una de las escritoras españolas contemporáneas más leídas y exitosas con títulos como Las edades de Lulú, Malena es un nombre de tango o Los pacientes del doctor García. Estas dos últimas están entre los libros favoritos de Mauro, aunque reconoce, en conversación con LOC, que la de su madre es «una literatura que he disfrutado mucho, pero que no me ha influido como escritor. Sí me influyeron mucho sus opiniones sobre literatura, que expresaba en privado, en casa, cuando discutíamos sobre cine y sobre los libros que leíamos. Eso sí que me ha empujado a querer escribir y me ha enseñado mucho».. Aficionado desde niño a la literatura fantástica (El Elfo Oscuro, El Señor de los Anillos o la saga de Dragonlance están entere sus favoritos) y al manga (sobre todo Clayman y El lobo solitario y su cachorro, «la historia de un samurái caído en desgracia que viaja por el país en busca de venganza junto a su hijo pequeño, es una de las obras que ha marcado mi vida»), Mauro recuerda ante todo cuando su madre le leía cada un noche una parte de La historia interminable. «Un día, cuando llevábamos ya un buen trecho, me anunció que no me leería más: si quería terminar el libro tendría que hacerlo yo solo. Siempre me gustó mucho Michael Ende y si acabé estudiando Filosofía seguramente fue por haber leído Momo».. Aunque incluye a su novela en el género del grimdark (un subgénero de la fantasía y la ciencia ficción) Mauro asegura que el de Elenda no es un mundo «tan oscuro como alguien ha sugerido, allí vive mucha gente que hace su vida con tranquilidad y en paz y, a pesar de que, por supuesto hay campañas militares, no es la Europa del Barroco, totalmente en guerra». Por eso, la política, a diferencia de la literatura de su madre, tiene poco cabida. «Evidentemente yo tengo mis propias ideas políticas, que no son tan distintas a las de mi madre, pero me falta el optimismo de creer que a alguien le puedan importar. Además, hay que tener mucho valor y mucha energía para estar dispuesto a batirte el cobre y que te insulten por tus opiniones».. Tampoco ha tenido nunca vocación política, como su otro padre, Luis García Montero, que encabezó las listas de IU a la Comunidad de Madrid en 2015. Junto al director del Instituto Cervantes continúa viviendo en la que fuera la casa familiar, en el barrio de Chamberí, donde compartió infancia junto a Irene, fruto de una relación anterior del poeta, y Elisa, única hija en común de García Montero y Almudena Grandes, de marcada significación política. Elisa, que recientemente perdió a un bebé a los 15 días de nacer, se ha declarado abiertamente falangista y en rebeldía contra la educación progresista que le dieron sus padres. «Mi hermana es como mi madre», explica Mauro, «siempre está dispuesta a batirse en duelo por sus ideas. Pero en casa no había muchas discusiones políticas, no es algo que haya enturbiado la vida familiar, de la que siguen disfrutando a pesar la trágica muerte de su madre en 2021 con tan solo 61 años.. Mauro aún se sigue emocionando cuando recuerda las inesperadas y numerosas manifestaciones de cariño que tantos lectores demostraron aquellos días y los multitudinarios homenajes que recibió su madre. Y confiesa que le sigue impresionando ver el nombre de Almudena Grandes en la estación del AVE de Atocha o encontrar su tumba llena de flores cada vez que visita el cementerio. Por eso, no oculta su apellido y está convencido que le va a ayudar siempre, tanto si alguien lo utiliza para atacarle como si lo hacen para ensalzarle.. Aún está un poco abrumado por la promoción de esta primera entrega de la saga, que le llevará a estar presente en la Feria del Libro del parque del Retiro de Madrid durante todo este fin de semana y varias veces más en los próximos días. Pero confiesa que ya tiene bastante avanzada la segunda y última parte de las aventuras del detective Kendarian, porque, asegura, que la suya no será una de esas sagas interminables de diez o doce libros y miles de páginas.. Lector empedernido, con predilección por la novela negra y la literatura de espías, Mauro Caffaratto ha tenido la suerte de poder disfrutar de la magnífica biblioteca que fueron formando sus padres y que ocupa gran parte de la casa. En el amplio salón de esta, ha sido testigo de numerosos encuentros con escritores y artistas, entre los que recuerda con gran cariño al poeta Ángel González, cuya poesía le gustó desde que la leyó siendo adolescente, «una persona verdaderamente luminosa», afirma, «con un sentido del humor muy particular y que llenaba la habitación cada vez que aparecía. Pero te diré que el encuentro más memorable que hubo en esta casa fue una especie de concierto improvisado que dio un día Quique González en un cumpleaños de mi madre. Y esos dos son los recuerdos que más atesoro de todos los que he visto ene esta casa».
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