El escritor italiano, que trabaja como médico, debuta con una hermosa y cruda novela sobre la pérdida, el dolor y la esperanza que ha sido un éxito en Italia: «No confío en la literatura que sobreexplica las emociones» Leer
El escritor italiano, que trabaja como médico, debuta con una hermosa y cruda novela sobre la pérdida, el dolor y la esperanza que ha sido un éxito en Italia: «No confío en la literatura que sobreexplica las emociones» Leer
La medicina no tiene respuesta para ciertas preguntas y la literatura tampoco. Pero sí puede acercarnos a ellas, hacernos sentir que no somos los únicos que nos las hacemos, que alguien antes que nosotros ya atravesó ese mismo dolor, esa misma incertidumbre». Michele Ruol (Chicago, 1986) habla despacio, con la misma contención con la que escribe. Quizá porque lleva años conviviendo con el sufrimiento desde dos lugares aparentemente incompatibles. Por un lado, como anestesista en un hospital de Padua, donde vive desde niño. Por otro, como escritor que ha convertido el dolor, la memoria y la fragilidad de los vínculos en el centro de un debut literario que nadie esperaba que acabara convirtiéndose en uno de los fenómenos editoriales de 2025 en Italia.Ese debut, Inventario de lo que queda cuando el bosque arde (Siruela) nació lejos de cualquier cálculo. Ruol llevaba años escribiendo cuentos y teatro mientras ejercía la medicina, y publicar con la pequeña editorial TerraRossa ya le parecía una meta suficiente. Después llegaron el Premio Giuseppe Berto, la candidatura al Strega, las traducciones y un inesperado boca a boca que convirtió aquella primera novela en una de las sorpresas del año. «Fue una experiencia completamente inesperada. Yo ya era feliz porque una editorial tan cuidadosa con su catálogo hubiera confiado en esta historia, y nunca imaginé que llegarían los premios o las entrevistas internacionales. Me siento muy afortunado y agradecido», recalca.Su historia arranca cuando un incendio doméstico acaba con la vida de los dos hijos de un matrimonio. A partir de ahí, la novela se construye mediante un dispositivo narrativo tan sencillo como original. 99 objetos -unas botas, una taza, una fotografía, un juguete o una manta- articulan un inventario sentimental desde el que los padres reconstruyen, cada uno a su manera, la vida anterior a la tragedia y el lento aprendizaje de la supervivencia. Cada capítulo adopta el punto de vista de uno de ellos y convierte esos objetos cotidianos en puertas hacia una memoria que nunca permanece inmóvil. El incendio ocupa apenas unas páginas. La verdadera historia comienza cuando sólo quedan las cenizas.Quizá por eso, pese a partir de una tragedia devastadora, la novela nunca busca convertir el sufrimiento en espectáculo. Ni siquiera cree Ruol que sea, en realidad, una novela sobre el duelo. «Para mí no lo es. Es, sencillamente, una historia de amor. La historia de una pareja que atraviesa un incendio que jamás habría imaginado encontrar en su vida». El duelo está ahí, naturalmente, pero como una fuerza que transforma a los personajes. Lo que le interesa es observar qué ocurre después, cuando el acontecimiento ha pasado y sólo quedan sus consecuencias.No es casual que el título apunte precisamente en esa dirección. No habla del incendio, sino de lo que permanece cuando el fuego ya se ha extinguido. «Creo que es ahí donde nace la literatura, cuando el fuego ya se
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