La gigantesca Cruz de Lorena, tótem sagrado de los franceses que resistieron a la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial, asoma al final de la carretera que atraviesa campos de trigo y viñedos en Champagne. Al fondo, la pequeña Colombey Deux-Églises, 700 habitantes a 260 kilómetros de París, la diminuta patria del inmenso general Charles De Gaulle (1890-1970), la única capaz de rivalizar con su obsesivo e incondicional amor a Francia. Seguir leyendo
La gigantesca Cruz de Lorena, tótem sagrado de los franceses que resistieron a la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial, asoma al final de la carretera que atraviesa campos de trigo y viñedos en Champagne. Al fondo, la pequeña Colombey Deux-Églises, 700 habitantes a 260 kilómetros de París, la diminuta patria del inmenso general Charles De Gaulle (1890-1970), la única capaz de rivalizar con su obsesivo e incondicional amor a Francia. Seguir leyendo
La gigantesca Cruz de Lorena, tótem sagrado de los franceses que resistieron a la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial, asoma al final de la carretera que atraviesa campos de trigo y viñedos en Champagne. Al fondo, la pequeña Colombey Deux-Églises, 700 habitantes a 260 kilómetros de París, la diminuta patria del inmenso general Charles De Gaulle (1890-1970), la única capaz de rivalizar con su obsesivo e incondicional amor a Francia. La Cruz de Lorena, monumento a la memoria del general Charles de Gaulle, en la celebración del 50 aniversario de la llamada a la resistencia ante la invasión alemana el 18 de junio de 1940. turpin jean michel (Sygma via Getty Images)La Boisserie, de estancias pequeñas y algo lúgubres, fue construida en una antigua brasserie cuandoel joven militar intuyó que le destinarían a los cuarteles de la región del Grand Est. Necesitaba un lugar tranquilo para criar a su hija Anne, nacida con síndrome de Down y enterrada hoy con sus padres y bajo una lápida blanca en el pequeño cementerio del pueblo, junto a los otros vecinos difuntos. “Incluso en eso tuvo una premonición”, señala Freddy, el guía que atiende cada día un flujo de turistas atraídos por el magnetismo creciente de la figura del padre de la Francia moderna. Todavía más ahora, tras el estreno en Francia de La batalla De Gaulle, el monumental díptico cinematográfico dirigido por Antonin Baudry y convertido en inesperado éxito de taquilla. Esta semana se ha proyectado en el Atlàntida Film Festival de Mallorca, pero aún no tiene fecha prevista de estreno en las salas españolas. Fotograma de ‘La batalla De Gaulle: La edad de hierro’ (2026) con los actores Simon Abkarian, Simon Russell Beale, y Mila Michael. IMDBEl fundador de la V República, el régimen constitucional sobre el que gravita hoy toda la política francesa a través de esa suerte de monarquía laica, es uno de los pocos asuntos que genera unanimidad en un país profundamente fracturado. “En una época de desilusión con la política, existe una necesidad de auténticos héroes que vuelvan a despertar el entusiasmo por nuestra visión del mundo”, apunta Julian Jackson, autor de Una cierta idea de Francia, la biografía publicada en 2018 —nunca traducida al español— en la que se basa la cinta de Baudry. “Y, aunque el contexto de las películas es distinto del actual, la historia que cuentan, especialmente la segunda, sobre la necesidad de permanecer vigilantes en la defensa de los intereses de la nación resulta muy pertinente en el contexto de la relación franco-estadounidense de hoy”.La audacia, visión de futuro, resistencia y liderazgo de De Gaulle son reivindicados por todos los partidos políticos. Incluso por la extrema derecha, que durante años lo consideró su bestia negra e intentó asesinarlo a través del atentando perpetrado por el teniente coronel Jean-Marie Bastien-Thiry el 8 de septiembre de 1961 cuando se dirigía, precisamente, a
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