Cineasta, escritor, periodista, amigo de Sam Peckinpah, hijastro de Helenio Herrera, boxeador ocasional e impenitente creador de mundos, deja obras imprescindibles como Parranda, Remando al viento, Don Juan de los infiernos o novelas únicas como Trece veces trece o Rocabruno bate a Ditirambo Leer
Cineasta, escritor, periodista, amigo de Sam Peckinpah, hijastro de Helenio Herrera, boxeador ocasional e impenitente creador de mundos, deja obras imprescindibles como Parranda, Remando al viento, Don Juan de los infiernos o novelas únicas como Trece veces trece o Rocabruno bate a Ditirambo Leer
El cineasta y escritor Gonzalo Suárez (Oviedo, 1934) ha muerto a los 92 años, siete meses después de recibir el Goya de Honor de la Academia del Cine en Barcelona. Aquel premio festeja una carrera tardía y burlona que empezó en el arte y ensayo y que subvirtió géneros y esquemas.Suárez estrenó entre 1966 27 películas, incluidas Remando al viento, El lado oscuro, El detective y la muerte, Epílogo y La Regenta. En 2007 dejó su último filme, Oviedo Express.. Suárez fue también guionista, periodista deportivo y ojeador de futbolistas y dejó casi 20 libros de narrativa y memorias. «Escribir es estar sentado, estar ante ti mismo. El cine es acción, es conocer gente», conto Suárez en una entrevista en EL MUNDO en 2025, cuando se dio a conocer su Goya de Honor. «Rodando siempre me he sentido en casa. No recuerdo ni un solo rodaje en el que no haya estado absolutamente a gusto. He tenido algún pequeño conflicto con algún actor del que no conseguía la interpretación exacta, pero han sido cosas menores… Dirigir es darle una expresión real a la imaginación y eso me entusiasma. Sé que eso tendía a lo teatral y yo quería eludir lo teatral. El reto era aceptar que lo teatral era inevtable y encontrar resquicios, llevarlo a un paisaje más amplio»,.. Suárez fue también guionista, periodista deportivo y ojeador de futbolistas y dejó casi 20 libros de narrativa y memorias. «Escribir es estar sentado, estar ante ti mismo. El cine es acción, es conocer gente», conto Suárez en una entrevista en EL MUNDO en 2025, cuando se dio a conocer su Goya de Honor. «Rodando siempre me he sentido en casa. No recuerdo ni un solo rodaje en el que no haya estado absolutamente a gusto. He tenido algún pequeño conflicto con algún actor del que no conseguía la interpretación exacta, pero han sido cosas menores… Dirigir es darle una expresión real a la imaginación y eso me entusiasma. Sé que eso tendía a lo teatral y yo quería eludir lo teatral. El reto era aceptar que lo teatral era inevtable y encontrar resquicios, llevarlo a un paisaje más amplio»,.. En su intervención tras recibir el premio, Suárez realizó un alegato en favor del cine que, en cierta manera, según explicó, le remitía al «primer bisonte que nuestros ancestros pintaron en las cavernas. Estoy absolutamente orgulloso de comprobar que el cine ha sobrevivido a las redes y a las cavernas. Pero me veo obligado a reconocer que en este momento el bisonte soy yo», añadió.. Suárez fue también un personaje diferente en el cine español, abierto al mundo, zumbón y bromista: «Mis planes iniciales eran inventar el cine. Como no sabía hacer cine, quería inventarlo», dijo en EL MUNDO. «En Aoom, por ejemplo, pensé en hacer cine como cuadros impresionistas. Quería que la pincelada importara tanto como el tema. La película fue mal recibida en el Festival de San Sebastián, pero me llevó a conocer a Sam Peckinpah. Me gustaba mucho el cine de Ingmar Bergman. Puede que hoy no sintiese la misma pasión. Y la serie negra de Bacall y Bogart me influyó en el tono de El detective y la muerte. Pero siempre navegué como un explorador, no como un viajero que se dirigiese a un destino concreto».. Unos años antes, en 2019, un curso dedicado a la carrera literaria de Suárez en la Universidad de Verano de El Escorial, Suárez explicó su carrera como escritor. Aquel verano, Juan Bonilla se fijó en su libro Trece veces trece (1964), para explicar su importancia: «Hay dos maneras de leerlo: una, atendiendo a la fecha de publicación y otra, sin que eso importe. De las dos maneras sale vivo y deslumbrante, pero con la primera fecha en mente -época de realismo social en España, Barral no quiso publicar el libro porque le sonaba a húngaro- uno no puede sino quedar francamente alucinado porque entiende que Gonzalo Suárez era la modernidad. Mezcla alta cultura y cultura pulp con total normalidad, parodia los géneros baratos -terror, novela policíaca, apocalipsis-, monta auténticas fiestas del absurdo ateniéndose al puro raciocinio. Y juega, no deja de jugar en todo el libro. A pesar de que en la segunda edición (en 1970) se citaban los nombres de Poe y de Lovecraft como sus maestros, en realidad el libro tiene mucho más que ver con una tradición nuestra que la Guerra Civil interrumpió: la encabezada por Gómez de la Serna, que es el único autor español al que se cita en las 13 citas del libro».’
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