Hay días en los que la televisión deja de ser televisión. Días en los que las preguntas se atascan, las palabras no salen y ni siquiera quienes están acostumbrados a contar las peores tragedias son capaces de contener la emoción. Este miércoles ha sido uno de esos días para todos los presentadores, colaboradores, redactores y periodistas. Pero si hay uno de ellos que no ha podido más, ese ha sido Nacho Abad.
La emoción ha desbordado al presentador de Cuatro después de una mañana marcada por los testimonios de los supervivientes, la angustia de las familias y el estremecedor relato del arquitecto Joaquín Torres
Hay días en los que la televisión deja de ser televisión. Días en los que las preguntas se atascan, las palabras no salen y ni siquiera quienes están acostumbrados a contar las peores tragedias son capaces de contener la emoción. Este miércoles ha sido uno de esos días para todos los presentadores, colaboradores, redactores y periodistas. Pero si hay uno de ellos que no ha podido más, ese ha sido Nacho Abad.. El presentador de En boca de todos, en Cuatro, ha terminado completamente roto después de varias horas narrando en directo el terrible accidente ferroviario de Toledo. Había intentado contener las lágrimas en varias ocasiones, pero al llegar el final del programa ya no ha podido más.. Las imágenes de la despedida muestran a un Nacho Abad visiblemente afectado, con la mirada baja, llevándose la mano al rostro e intentando recomponerse ante las cámaras. Al otro lado de la pantalla, las imágenes aéreas de los vagones destrozados por la colisión entre un AVE y un tren de Iryo a la altura de Urda (Toledo). En la parte inferior, un rótulo estremecedor: «La cifra de muertos asciende a 64». Eran prácticamente las dos de la tarde y el presentador llevaba toda la mañana escuchando historias que resultaban cada vez más difíciles de soportar.. No había sido un derrumbe repentino. La emoción llevaba horas acumulándose. Desde que se conoció la magnitud del accidente, En boca de todos había dado paso a supervivientes, familiares desesperados por localizar a sus seres queridos y testigos que todavía intentaban comprender cómo habían logrado salir con vida.. Uno de los momentos más duros se produjo durante la intervención del arquitecto Joaquín Torres, que viajaba en el quinto vagón del AVE accidentado. Su testimonio fue tan desgarrador que el propio presentador terminó pidiéndole que se cuidara y que dejaran la conversación para el día siguiente. No era momento de seguir preguntando a alguien que acababa de vivir semejante horror.. Torres había contado que el impacto le sorprendió cuando se encontraba en el baño del tren. Logró sujetarse a las agarraderas mientras todo se movía a su alrededor y quedaba completamente a oscuras. Pero lo peor llegó después, cuando salió y descubrió el escenario de destrucción. El arquitecto relató que había intentado auxiliar a una mujer que tenía frío, que le había dejado su chaqueta y que aquella pasajera había terminado falleciendo entre sus brazos.. «Se me ha muerto una mujer en los brazos», contó, incapaz de ocultar su conmoción.. El presentador también se había emocionado al escuchar a otro testigo describir el choque como una explosión. «Imagínate la gente que está llamando a sus familiares», llegó a expresar Abad, sobrecogido por la incertidumbre de quienes todavía no sabían nada de sus allegados.. Además, durante el programa ha repetido en varias ocasiones estar «bloqueadísimo», incapaz de poder seguir con la emisión en distintos momentos, que el presentador ha parado para recuperarse y continuar.. Esa angustia también había atravesado el programa durante una conexión con Susana Díaz, cuando Abad desveló la preocupación que existía desde primera hora de la mañana por una persona cercana a la que no conseguían localizar. El accidente dejaba así de ser únicamente una sucesión de cifras, imágenes y testimonios para adquirir una dimensión mucho más próxima.. Y, mientras avanzaban las horas, llegaban nuevas noticias, nuevas llamadas y nuevas historias. Familiares que buscaban a pasajeros desaparecidos, supervivientes que describían escenas imposibles de olvidar y una cifra de fallecidos que no dejaba de aumentar.. Hasta que llegó la despedida. Nacho Abad, acostumbrado a relatar sucesos, crímenes y tragedias, no consiguió mantener esta vez la distancia emocional que exige el directo. La voz, los gestos y las lágrimas terminaron contando aquello para lo que ya no encontraba palabras.. No fue una escena preparada ni un momento de espectáculo. Fue la imagen de un presentador desbordado por la dimensión de una tragedia que, durante toda la mañana, había entrado en los hogares españoles a través de la televisión. Y la demostración de que, por mucho que uno esté acostumbrado a contar el dolor de los demás, hay días en los que ese dolor acaba por romper también a quien lo cuenta.
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