Durante años, Pablo G. Batista vivió sumergido en la actualidad política. Primero en Caiga quien caiga y después en Todo es mentira, junto a Risto Mejide, donde las polémicas, las declaraciones de los políticos y las tertulias formaban parte de su día a día. Ahora ha cambiado el barro por la cultura, las broncas por las conversaciones y el ruido por un programa que él mismo define como un «remanso de paz». Y no parece tener ninguna intención de volver atrás.
El presentador de Sukha reivindica una televisión cultural alejada del ruido político, defiende las tertulias sobre arte y artistas y confiesa por qué prefiere no mirar las audiencias: «No somos imprescindibles, pero sí un poco necesarios»
Durante años, Pablo G. Batista vivió sumergido en la actualidad política. Primero en Caiga quien caiga y después en Todo es mentira, junto a Risto Mejide, donde las polémicas, las declaraciones de los políticos y las tertulias formaban parte de su día a día. Ahora ha cambiado el barro por la cultura, las broncas por las conversaciones y el ruido por un programa que él mismo define como un «remanso de paz». Y no parece tener ninguna intención de volver atrás.. «He vivido con la cara metida en el barro político mucho tiempo y no lo echo de menos», confiesa. Eso no significa que haya perdido el interés por lo que ocurre en el país. Simplemente, ha descubierto que hay otras maneras de mirar la actualidad. «Tengo un pie en el barro, pero la cabeza fuera, mirando más lejos», afirma.. Ese lugar desde el que ahora contempla la televisión se llama Sukha, el programa cultural de La 2 que presenta junto a Susana Castañón y que hace unas pocas semanas estrenó su segunda temporada. Llegó a la cadena pública como un «fichaje de invierno», utilizando el símil futbolístico del propio Batista, pero en apenas unos meses consiguió hacerse un hueco en las tardes de TVE. Ahora, con una temporada completa por delante, el objetivo es consolidar una propuesta que se atreve a hacer algo poco habitual en la televisión actual: hablar de cultura todos los días y hacerlo sin solemnidad.. «Si aceptamos tertulias de política o de fútbol, ¿por qué no de arte y artistas?». «Queremos ser la alternativa para quien a las 19.40 horas ya ha tenido suficiente tertulia política», explica el presentador. Y ahí está buena parte de la filosofía de Sukha. Frente a una televisión en la que los debates políticos ocupan cada vez más horas de programación, Batista reivindica otro tipo de tertulia: «Si aceptamos tertulias de política o de fútbol, ¿por qué no de arte y artistas?».. Pero que nadie confunda tranquilidad con aburrimiento. «Somos un remanso en el tono y en la mirada, pero no un programa para dormirse. Hay contenido, profundidad, ritmo, incluso frenesí. No somos melifluos», advierte. Tampoco pretenden esquivar los asuntos incómodos. «No escondemos debates, siempre que conecten cultura y vida», asegura.. De hecho, ni siquiera descarta sentar a políticos en el plató. Eso sí, con una condición: que no vayan a hablar de lo mismo que hablan en todas partes. «No me importaría que vinieran políticos a hablar de su relación con la cultura. Muchos ya usan la cultura para acercarse a la ciudadanía. Sería interesante sacarles del barro y verles desde otro ángulo».. El cambio de registro no ha sido únicamente profesional. Batista reconoce que su manera de relacionarse con la actualidad también se ha transformado. Si antes vivía pendiente de la política, ahora consume cultura casi compulsivamente. Lee, escucha música, va al teatro, ve cine y continúa vinculado a Cachitos de hierro y cromo, el programa de La 2 para el que trabaja como guionista en su especial de Nochevieja.. Pablo G. Batista y Susana Castañón, en Sukha.RTVE. «Antes era un obseso de la política; ahora soy un obseso de la cultura. Cuando no trabajo, parece que trabajo», reconoce entre risas.. Esa curiosidad permanente encaja con un programa que todavía está descubriendo hasta dónde puede llegar. Su primera temporada fue relativamente corta, pero suficiente para comprobar que había público para la propuesta. Sukha fue creciendo en audiencia y llegó a duplicar en algunas entregas los registros de sus comienzos.. Batista, sin embargo, prefiere hablar de algo menos cuantificable: la identidad. «Ya sabemos quiénes somos y ya intuimos a quién se parece el niño», bromea sobre esta segunda etapa. «Tenemos margen para seguir buscando, improvisando, experimentando y definiendo quién queremos ser de mayores», añade.. El presentador compara ese proceso con su experiencia en formatos mucho más asentados: «A diferencia de programas como Todo es mentira, aquí estamos construyendo identidad. Y esa experimentación me encanta, porque conecta con el tema del programa: mirar la cultura desde un lugar creativo y distinto».. La primera temporada también sirvió para ajustar la maquinaria. El equipo, formado por profesionales con sensibilidades diferentes, tuvo que aprender a trabajar con una misma dirección. «Poco a poco hemos encontrado ese punto en el que todos remamos en la misma dirección».. Y si algo echó de menos fue más música. Una reivindicación que, en su caso, tiene bastante de deformación profesional. «Como guionista de Cachitos de hierro y cromo, siento casi un deber que en Sukha salga música para que luego yo tenga que rotularla en Nochevieja», ironiza.. La segunda temporada ha llegado con incorporaciones como Joaquín Reyes, Sheila Blanco, Adrienne Chaballe y Raúl Pérez, nombres que refuerzan esa mezcla de humor, música y divulgación cultural que caracteriza al espacio.. Batista está especialmente intrigado por descubrir qué puede aportar el imitador. «Raúl Pérez me genera mucha curiosidad, es el mejor imitador de España, pero no sé cuáles son sus inquietudes culturales. Me apetece descubrirlo». De Reyes y Blanco destaca su capacidad para aportar humor, música y una mirada diferente.. Eso sí, tiene muy claro quién sostiene realmente el programa. Y vuelve a recurrir a una metáfora para explicarlo: «Los que sostienen los remos son directores, editores, montadores, redactores, guionistas. Los colaboradores viajan en cubierta, mirando el horizonte y dejando que el viento les acaricie el cabello…».. Además, Sukha tiene una particularidad: los propios invitados pueden terminar convirtiéndose en colaboradores. Ocurrió con Goyo Jiménez y con Miriam Méndez, cuya primera visita dejó tan buen sabor de boca que el equipo decidió recuperarla. «Fue un terremoto», recuerda Batista.. El directo facilita esa espontaneidad. «La gente se siente cómoda muy rápido porque las charlas se parecen a la vida real. Por eso muchos quieren volver». Y no descarta que, a medida que avance la temporada, aparezcan nuevas caras recurrentes que ahora ni siquiera imaginan.. «Cuando se recupere la historia cultural de este país, muchas veces se recurrirá a Sukha. No somos imprescindibles, pero sí un poco necesarios». Más allá de los colaboradores, Batista reivindica algo que considera fundamental: el valor de hacer televisión cultural en una cadena pública. Y hacerlo, además, en una franja diaria.. «Somos servicio público y debemos aspirar a llegar a cuanta más gente mejor. Estamos en La 2, en un área que los periódicos y telediarios suelen poner al final, y nosotros la ponemos cada día delante de la gente».. Por eso agradece a la dirección de RTVE que mantenga su apuesta por un formato que no está concebido para competir con los grandes programas de entretenimiento, pero que sí puede hacerlo en contenidos, invitados, documentación y vocación de permanencia.. «Trabajamos para el archivo de TVE y para RTVE Play. Cuando se recupere la historia cultural de este país, muchas veces se recurrirá a Sukha. No somos imprescindibles, pero sí un poco necesarios».. Esa relación con la memoria televisiva adquirirá especial protagonismo esta temporada, coincidiendo con los 70 años de TVE y los 60 de La 2. El programa prepara especiales y contenidos que recuperarán algunos de los grandes momentos culturales de la televisión pública.. El archivo ya está presente en el espacio a través de fragmentos y voces históricas como las de Gloria Fuertes o Lola Flores. «Todos tenemos una memoria emocional ligada a la tele, especialmente quienes crecieron solo con La 1 y La 2», señala.. Y ese patrimonio audiovisual, sostiene, tiene un valor difícil de calcular. «Habrá programas especiales y espacios dedicados a la historia de TVE adaptados a nuestra mirada. Ese archivo es infinito e incalculable en valor».. La audiencia, mientras tanto, sigue siendo una preocupación inevitable, aunque Batista ha decidido protegerse de ella. Prefiere no consultar los datos diarios porque conoce demasiado bien sus consecuencias. «Si lo haces, acabas en una rutina poco sana: te levantas, miras el dato y tu estado de ánimo depende de él».. No significa que renuncie a crecer. Al contrario. Pero cree que el éxito de un programa como Sukha no puede medirse únicamente por su cuota de pantalla. También importa a quién da voz, qué historias recupera y qué huella deja.. Fuera del plató, la vida de Batista tampoco se parece demasiado a ese remanso de paz que defiende en televisión. Tiene su propia productora, Dollhouse, donde comienza a trabajar a las ocho y media de la mañana antes de desplazarse a TVE para preparar Sukha. Su jornada termina muchas horas después.. «Salgo de casa a las ocho de la mañana y vuelvo a las nueve de la noche para pasear a mi perro. Soy enfermizo rellenando tiempo», admite.. Entre medias intenta encontrar huecos para leer, tocar la guitarra —»muy mal», precisa—, ir al cine o al teatro. Su problema no es encontrar cosas que le interesen, sino aprender a parar.. Para eso tiene una furgoneta camper que, de momento, está en el taller después de que se la estrellaran. Cuando la recupere, espera volver a escaparse algún fin de semana con su perro, sus libros y su música. Dos días en el campo, lejos del trabajo y de las pantallas.. «Mi punto flaco es dedicarme tiempo a mí mismo», confiesa.. Quizá por eso Sukha se ha convertido en algo más que un nuevo proyecto profesional. Después de tantos años pendiente de la última bronca política, Batista ha encontrado un lugar desde el que seguir mirando el mundo sin necesidad de meterse todos los días en el barro.. Y lo resume con una frase que tiene mucho de declaración de intenciones: «No solo hacemos tele, hacemos algo bonito y útil para la cultura. Abrimos una ventana a gente creativa que no siempre tiene acceso a la tele. Mi buena acción del día, como buen ex Boy Scout, es presentar Sukha».
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