Quiero imaginar que ya nadie amenaza a los niños que atraviesan momentos díscolos, o con dificultades para dormirse, o que han cometido una travesura, o cuyo sistema nervioso anda alterado, o que les ofrecen una mano de hostias, o que pagan el malhumor de sus progenitores o presuntos educadores, con amenazas como: “Voy a llamar al hombre del saco” o “Esta noche va a venir el sacamantecas”. Esos personajes terroríficos y fantasmales pertenecen a mi remota época de infancia. Y acojonaban. Esos seres diabólicos y abstractos podían aparecer en las pesadillas.. Seguir leyendo
David Pérez Sañudo resucita, en una historia bien contada, a aquel personaje salvajemente legendario y lamentablemente real
Quiero imaginar que ya nadie amenaza a los niños que atraviesan momentos díscolos, o con dificultades para dormirse, o que han cometido una travesura, o cuyo sistema nervioso anda alterado, o que les ofrecen una mano de hostias, o que pagan el malhumor de sus progenitores o presuntos educadores, con amenazas como: “Voy a llamar al hombre del saco” o “Esta noche va a venir el sacamantecas”. Esos personajes terroríficos y fantasmales pertenecen a mi remota época de infancia. Y acojonaban. Esos seres diabólicos y abstractos podían aparecer en las pesadillas.. Seguir leyendo
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