En 1953, escalar el Everest era un asunto tan incierto como alcanzar la Luna. Nadie conocía las verdaderas dificultades de la empresa, pero esta se había convertido en un asunto de prestigio nacional. Los occidentales temían los efectos devastadores de la hipoxia y los locales temían la furia de los dioses. Ser los primeros en alcanzar la cima se convirtió en una prioridad para el entonces llamado Imperio británico, en pleno proceso de descolonización. También para un niño, pastor de yaks en la meseta tibetana, criado en un lugar tan inhóspito como privilegiado: creció admirando la cara norte del Everest. Dicen que es más fácil desear, incluso amar, aquello que contemplamos a diario. La montaña posee esta cualidad, por mucho que también cause indiferencia.. Seguir leyendo
Ni la impecable fotografía ni las cuidadas secuencias de escalada evitan echar de menos una mayor profundidad en el retrato de Tenzing Norgay, el hombre que conquistó el techo del mundo junto a Edmund Hillary en 1953
En 1953, escalar el Everest era un asunto tan incierto como alcanzar la Luna. Nadie conocía las verdaderas dificultades de la empresa, pero esta se había convertido en un asunto de prestigio nacional. Los occidentales temían los efectos devastadores de la hipoxia y los locales temían la furia de los dioses. Ser los primeros en alcanzar la cima se convirtió en una prioridad para el entonces llamado Imperio británico, en pleno proceso de descolonización. También para un niño, pastor de yaks en la meseta tibetana, criado en un lugar tan inhóspito como privilegiado: creció admirando la cara norte del Everest. Dicen que es más fácil desear, incluso amar, aquello que contemplamos a diario. La montaña posee esta cualidad, por mucho que también cause indiferencia.. Desde 1921, los británicos buscaban de forma desesperada plantar su bandera en la cima más elevada del planeta, Chomolungma para los tibetanos, Sagarmatha para los nepalíes y monte Everest para el resto del mundo. Apple TV estrena ahora Tenzing, un biopic sobre Tenzing Norgay, uno de los dos alpinistas que conquistaron la codiciada cima mano a mano con Edmund Hillary el 29 de mayo de 1953. Desde esa fecha, los sherpas reclaman la propiedad de la montaña e Inglaterra la autoría moral de la efeméride. Irónicamente, ni Tenzing pertenecía a la etnia sherpa, ni Hillary era inglés, sino neozelandés. El Everest tampoco es ya el territorio virgen y prístino que evoca la película; más bien es un inmenso negocio controlado por una etnia sherpa empoderada en un escenario convertido en pasarela de Instagram.. Edmund Hillary y Tenzing, antes de iniciar la ascensión a la cumbre del Everest en 1953.. Tenzing presenta el ascenso de un niño miserable hasta la cima del planeta, una historia tan real como improbable y ciertamente maquillada para todos los públicos. La película, dirigida por Jennifer Peedom, resulta convencional en su estructura y plana a la hora de presentar los conflictos entre los miembros de la expedición y los porteadores de altura, aunque sobre todo a la hora de ahondar en la personalidad compleja de Tenzing Norgay. Alcanzar la cumbre del planeta le concedió fama mundial y una posición acomodada; también le cambió para siempre y no necesariamente para bien. En la cima del mundo, no encontró nada que no fuese la obligación de regresar con vida y seguir afrontando su existencia. Nadie huye de sí mismo por muy alto que llegue, por mucho que escale. Lo saben muchos alpinistas. Lo entendió también Tenzing, quien siempre trató de apartar a su numerosa descendencia (cuatro hijos y tres hijas) de la tentación del Everest. Lo logró a medias, puesto que en 1996 su hijo Jamling alcanzó a su vez el techo del globo.. La cordada final al Everest en ‘Tenzing’, con Willem Dafoe como el jefe de expedición John Hurt, Tom Hiddleston como Edmund Hillary y Genden Phuntsok como Tenzing Norgay.. No obstante, la fotografía, las imágenes espectaculares de la montaña o las secuencias de escalada filmadas por Peedom son de enorme calidad, así como un par de secuencias cargadas de autenticidad. El momento en el que el niño Tenzing se calza las botas claveteadas de George Mallory, el héroe desaparecido en la cara norte del Everest en 1924, resume perfectamente un gesto que cambia una existencia. A veces, basta con tocar una cuerda, un piolet o ponerse unas botas técnicas para convertirse en alpinista y dedicar la vida a escalar montañas sin que nadie pueda explicar la causa, así como no trata de hacerlo Peedom.. La fascinación dibujada en el rostro del niño lo ilumina todo. Sin embargo, poco después, la directora cede a la tentación y sí explica con elegancia las motivaciones de Ed Hillary para correr al encuentro de las cimas: sencillamente porque allí arriba es “feliz” y “libre”. Ni la gloria ni las motivaciones nacionalistas movieron a este apicultor que pasó el resto de su vida tratando de devolver el ascensor al pueblo sherpa, recaudando fondos para crear hospitales y escuelas en el valle del Khumbu.. Tenzing se permite resolver uno de los pequeños misterios de la primera ascensión del Everest. A saber: quién de los dos protagonistas alcanzó primero la cima. Hillary escaló en cabeza el escalón que porta su nombre, un escollo vertical de una docena de metros de alto, última y enorme dificultad a escasos pasos de la cima. La única foto de cima existente muestra a Tenzing, piolet en alto, con cuatro banderas ondeando desde su mango: la de Nepal, la del Reino Unido, la de Naciones Unidas y la de la India, donde residía. Fue un gesto generoso por parte de Hillary, decidido a borrarse de una imagen icónica, empeñado en reconocer la aportación inestimable de su compañero. Ninguno de los dos protagonistas quiso revelar el orden en el que alcanzaron la cima, seguramente porque ambos entendían que una cordada se compone de dos personas que forman un cuerpo único. Jamling, el hijo de Tenzing, se lo preguntó varias veces: su padre se negó obstinadamente a ofrecerle una respuesta. La película, por supuesto, resuelve que ambos alcanzaron la gloria al unísono.. Hillary y Tenzing, en el Everest.. Ciertamente, la figura de Tenzing Norgay merecía un retrato mucho más profundo, al menos uno que reflejase la complejidad de una vida de éxito que no contribuyó a regalarle la felicidad que merecía. Murió ahogando en alcohol la desilusión que siempre le persiguió tras dejar atrás la cima del mundo y descender hacia una vida quizá desprovista de sueños.
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