¡No nos han clasificado X por nada, baby! Es la frase promocional con la que se lanzó en 1972 El gato Fritz, la revolucionaria película de Ralph Bakshi que Filmin incluirá el próximo mes en su catálogo. Una X por sí misma no sería demasiado sorprendente: la calificación que restringía la entrada a menores de edad llevaba en funcionamiento cuatro años por aquel entonces y ya la habían recibido Cowboy de medianoche y La naranja mecánica. Lo que lo hace peculiar es que en este caso se trataba de una cinta de animación, territorio por entonces muy alejado del cine para adultos y en el que reinaban Disney y sus producciones bienintencionadas. El film de Bakshi también estaba protagonizado por un animal parlante, pero no por uno emparentado con el adorable Dumbo o el cándido Bambi, sino por un minino antropomórfico —o sea, con características humanas—, sexual, deslenguado e irreverente.. Seguir leyendo
Filmin recupera un clásico de la animación y el descaro setentero para su catálogo en un momento en el que los dibujos animados subidos de tono viven una nueva edad de oro gracias a series como ‘Temporada de celo’
¡No nos han clasificado X por nada, baby! Es la frase promocional con la que se lanzó en 1972El gato Fritz, la revolucionaria película de Ralph Bakshi que Filmin incluirá el próximo mes en su catálogo. Una X por sí misma no sería demasiado sorprendente: la calificación que restringía la entrada a menores de edad llevaba en funcionamiento cuatro años por aquel entonces y ya la habían recibido Cowboy de medianoche y La naranja mecánica. Lo que lo hace peculiar es que en este caso se trataba de una cinta de animación, territorio por entonces muy alejado del cine para adultos y en el que reinaban Disney y sus producciones bienintencionadas. El film de Bakshi también estaba protagonizado por un animal parlante, pero no por uno emparentado con el adorable Dumbo o el cándido Bambi, sino por un minino antropomórfico —o sea, con características humanas—, sexual, deslenguado e irreverente.. Su llegada a Filmin coincide con el éxito de series como Temporada de celo en Netflix, que tal vez demuestran que la animación para adultos, en su sentido más literal (con animalitos picantes), está de moda. Y Fritz es el padre de todas ellas. El gato caliente, como la película se llamó en España, suponía el reverso de los animalitos Disney. “Fritz está muy lejos de ser Disney”, escribió Vincent Carnby en The New York Times, y a lo largo de los 80 minutos del film lo confirmamos. Tampoco se parece demasiado a otros felinos animados como Tom, Felix o Silvestre. Es un personaje hedonista, cuyos únicos intereses son fumar marihuana y tener la mayor cantidad posible de sexo. Al principio del film abandona la Universidad de Nueva York y emprende un viaje hacia San Francisco, durante el que se acaba viendo inmerso en diversas aventuras. Participa en una orgía en una bañera —que la web Vulture incluyó entre las cien escenas más relevantes del cine de animación—, provoca sin querer un disturbio racial y termina mezclándose con una banda de motoristas nazis que pretenden volar una central eléctrica.. En la película hay violencia, sexo y desnudez. Ninguna religión sale bien parada y se consume droga a mansalva, lo que ahuyentó a los grandes estudios que se habían interesado por el proyecto. Atenta contra todos los estamentos: la policía está representada por cerdos incompetentes y el ejército bombardea Harlem. Nadie se salva, ni los conservadores ni los liberales, ni los hippies ni los intelectuales, ni las clases altas ni las bajas; todos están retratados como oportunistas e hipócritas. Por eso su carácter animado fue un shock: “En Estados Unidos, la animación se consideraba exclusivamente para niños, y Fritz juega con la incongruencia de ver sexo explícito, desnudez, palabrotas y violencia en un medio conocido por su inocencia, sentimentalismo y su ausencia de posturas ideológicas deliberadas”, explicó Noel Brown, profesor titular de cine en la Universidad Liverpool Hope, a BBC Culture.. La película ‘El gato Fritz’ durante su proyección en el London Pavilion en el verano de 1974.Evening Standard (Getty Images). Rodada con un presupuesto de un millón de dólares, la cinta recaudó 90, un éxito extraordinario que la sitúa como una de las películas independientes más rentables de la historia. Recibió el aplauso de la mayoría de la crítica y allanó el camino a Duckman, South Park, Bojack Horseman o Los Simpson, que serían inconcebibles sin ella. El gato Fritz es hija de su tiempo; apareció justo cuando los ideales de los sesenta de paz y amor empezaban a sonar desfasados y surgía el desencanto de los setenta; el cine independiente estaba en auge y la censura en declive. La Legión Nacional de la Decencia, un grupo católico dedicado a identificar películas moralmente reprobables, y el Código Hays, que durante décadas había ejercido de censor con brazo de hierro, habían sido sustituidos en 1968 por un sistema de clasificación oficial y su inclusión en la categoría X funcionó como una espléndida campaña publicitaria gratuita para un público ávido de sensaciones nuevas.. “Recibirla era sinónimo de ser considerado un pornógrafo. Al principio me puse furioso, pero luego entendí que podía ser bueno”, confesó Bakshi a EL PAÍS en el cincuenta aniversario de la controvertida clasificación. “Yo quería demostrar que El gato Fritz no era como el resto de dibujos animados y recibir la X permitió que fuera vista como algo aparte. Fue casi una bendición”.. Escena de ‘El gato Fritz’ (1972).United Archives (FilmPublicityArchive/United Arch). Tras El gato Fritz hay dos mentes prodigiosas: la de su creador, Robert Crumb, mito viviente del cómic underground y una de las principales figuras de la contracultura de los sesenta y setenta, y Ralph Bakshi, dibujante forjado en el estudio de animación Terrytoons, la casa madre de Super Ratón y Las urracas parlanchinas, que años después firmaría la primera versión de El señor de los anillos, una obra maestra que sentó las bases para la trilogía de Peter Jackson. Ambos genios tuvieron una asociación turbulenta que terminó en demandas e insultos. “¿Creo que es un hijo de puta? Sí”, declaró Bakshi sobre Crumb a Black Book Mag. La lucha de egos entre ambos artistas es tan fascinante como el propio film.. Antes de ser el animal salaz que conocimos, Fritz fue el gato real de la familia Crumb sobre el que el dibujante inventaba historias para su hermana pequeña. Era un gato normal, pero Crumb no tardó en ponerlo de pie, vestirlo y crearle una personalidad propia que, según quienes le conocían, era la que le gustaría tener a él. “Fritz era la realización de sus deseos”, sentenció Marty Pahls, amigo de la infancia y cuñado de Crumb. “A través de él, Robert podía realizar grandes hazañas, vivir aventuras salvajes y experimentar diversas vivencias sexuales de las que él se sentía incapaz. Fritz era audaz, sereno y tenía un don con las mujeres; todos atributos que Robert anhelaba, pero que sentía que no poseía”. Tal vez por eso le trastornaron tanto los cambios que sufrió su creación en su salto a la pantalla.. Póster de ‘El gato Fritz’ (1972). En él se puede leer «¡No nos clasifican X por nada, cariño!».LMPC (LMPC via Getty Images). La versión cinematográfica era mucho más oscura y violenta que las historias originales de Crumb. Según Bakshi, estos cambios eran necesarios para aportar profundidad argumental a la película, más sustancia. Añadió, por ejemplo, a los cerdos policías y una reyerta en una sinagoga para incrementar la tensión religiosa, algo que puso furioso al dibujante. Crumb, muy progresista consideraba que la sátira de los movimientos radicales era desmedida, que se estaba denigrando a los que sólo pretendían mejorar la sociedad. Los hippies de Crumb eran ingenuos; los de Bakshi, siniestros.. La lucha con el autor fue tan encarnizada como las negociaciones con los estudios. Warner Bros, el primero interesado, pidió que se rebajase el contenido sexual y que se incorporasen estrellas al doblaje. Bakshi se negó y el dinero desapareció. “Cuando tienes un presupuesto alto, la gente te presta demasiada atención. Los presupuestos bajos pueden ser una bendición para los directores. Además, con la cantidad de gente que pasa hambre en este planeta, es simplemente un error gastar ese tipo de dinero en películas”, reconoció en su entrevista con Black Book Mag. “Cuando no tienes dinero, nadie te mira, a nadie le importa. Creo en la visión de un director”. Frente a las pretensiones de los estudios de que contase con estrellas reconocibles para el doblaje, él optó por el “sonido encontrado” (o sea, sonidos cotidianos o ambientales que se usan para usar de fondo en una película). Especialmente porque era más barato, pero también porque aportaba credibilidad. “Cuando escuché el sonido natural, el tráfico de fondo y lo que decían, me encantó”.. Fritz es perseguido por tres gatas en una escena de ‘El gato Fritz’ (1972).MGM Studios (Getty Images). Tan solo hubo un par de actores profesionales, dos estrellas televisivas de los setenta, Skip Hinnant y Rosetta LeNoire. El resto de las voces son grabaciones casuales en la calle, amigos e incluso el propio Bakshi. Para realizar los dibujos contrató a sus antiguos compañeros en Terrytoons, pero no todos fueron capaces de integrarse en el proyecto. Según se recoge en Serious Business: The Art and Commerce of Animation in America, from Betty Boop to Toy Story, uno de los dibujantes se negó a dibujar un cuervo negro disparando a un policía cerdo y una animadora prefirió dejar el trabajo antes que dibujar pechos al aire.. El socio de Bakshi, el productor Steve Krantz, esposo de la novelista Judith Krantz y responsable de las adaptaciones televisivas de sus suntuosas novelas de lujo y pasiones, fue el encargado de conseguir que Crumb rubricase finalmente la cesión de sus derechos. Bakshi nunca dejó de considerarlo un codicioso. “¡Está en un castillo en Francia, bebiendo vino! ¡El señor Underground! ¿Creo que es un buen artista? Absolutamente. ¿Creo que tiene derecho a gritarme? Ni de broma”.. Escena de ‘El gato Fritz’ (1972).United Archives (FilmPublicityArchive/United Arch). La película sedujo al público, que llenó los cines, y también a la crítica. “El gato Fritz no es la película tan obscena que pretende ser, sino una inteligente sátira social. A diferencia de Wyatt y Billy, de Easy Rider, que salieron en busca de América y descubrieron que no existía, Fritz sí que encuentra América, y sobrevive a ella ejerciendo sus dotes priápicas con un entusiasmo que, por desgracia, solo es posible en los personajes de dibujos animados”, publicó The New York Times. Crumb, sin embargo, la detestó. Quedó tan decepcionado con la película que tomó medidas drásticas para impedir que se repitiera. En el cómic Fritz the Cat. Superstar, Fritz se ha convertido en una estrella insoportable que hace negocios con Bakshi y Krantz, que no salen muy bien parados, y acaba siendo asesinado con un picahielos. “Mató a Fritz para vengarse de mí, y le contó a todo el mundo que soy un estafador, que soy un bocazas, que no sé dibujar y todas esas tonterías”, lamentó Bakshi. Pero con una taquilla tan suculenta era inevitable que se rodase una segunda parte, la poco exitosa Las nueve vidas de Fritz el gato, ya sin Bakshi al frente.. Bakshi siguió revolucionando el cine de animación con películas como Heavy Traffic (1973), Coonskin (1975) y Los hechiceros de la guerra (1977). Dio a Brad Pitt una de sus primeras oportunidades en la mezcla de cine real y de animación, Cool World (Una rubia entre dos mundos) (1992), y se convirtió en un referente para directores como Tarantino, Spike Lee, Peter Jackson y Matt Groening. Crumb, por su parte, fundó la revista Weirdo y se retiró al sur de Francia con su segunda mujer, la también autora de cómic Aline Kominsky-Crumb. En 1994, el tímido autor se abrió al mundo en Crumb, un documental en el que el dibujante, además de hablar de su trabajo, revelaba los problemas de salud mental de su familia y gracias a un acceso casi total a su entorno descubríamos desde su pasión por los discos de pizarra y las mujeres rotundas, algo que sabe cualquier lector de su obra, a pormenores íntimos como el tamaño de sus genitales. “Tiene el pene más grande del mundo”, revelaba una de sus ex. El resultado final, firmado por el también dibujante Terry Zwigoff y producido por David Lynch, es tan perturbador que hace que, esta vez sí, El gato Fritz parezca Garfield.
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