El escritor argentino, cuya obra es un sistema literario en sí misma, construye en ‘La Sala’ un relato sorprendente y estrafalario ambientado en un estrambótico cine parisino Leer
El escritor argentino, cuya obra es un sistema literario en sí misma, construye en ‘La Sala’ un relato sorprendente y estrafalario ambientado en un estrambótico cine parisino Leer
La aparición de un nuevo libro de César Aira (Coronel Pringles, Argentina, 1949) es una alegría que los lectores de lengua española vivimos con feliz frecuencia, a razón de tres veces cada dos años, más o menos. Hace mucho que se perdió la cuenta del número exacto de libros que ha publicado, y además varios de ellos aparecen en sitios deliberadamente imposibles, pero esa abundancia y esa confusión son naturales en un proyecto literario que me parece que las contendría aunque estuviese formado por apenas cuatro o cinco títulos.. La literatura no se desarrolla tanto a lo largo o hacia lo ancho como hacia lo hondo o hacia lo alto, y, por cronológico que obviamente tenga que ser, es un proceso más vertical que horizontal.. Random House. 96 páginas. 17 € Ebook: 9,99 €. Quiero decir que la obra de Aira no es sólo fecunda sino que cada uno de los libros, de apariencia y vocación ligera muchas veces, están como apretados, en el sentido de que comprimen un montón de información, carnaval y talento, aparte de un humor singularísimo volcado en historias disparatadas que pudieron ser reales o en historias muy cotidianas que pueden llegar a resultar delirantes.. Si la anterior novela publicada en España trataba sobre un ilustre arqueólogo georgiano jubilado, en La Sala asume el protagonismo un electricista parisino que languidece en el desempleo, asediado por las exigencias económicas de su exmujer y sumergido no tanto en la astenia como en la anhedonia. Pero de repente descubre un pequeño cine en el que proyectan sin cesar cine coreano en el que sólo aparecen lápidas, sin personajes ni narración, y por frecuentar esas ceremoniosas filmaciones cae en una trama loquísima de mercaderes, adúlteras, flautistas e inmigrantes.. Como tantas veces en el caso del autor, el planteamiento es adorable, estimulante, pero el desarrollo es de repente complejo, enrevesado, multiplicativo, dichosamente confuso, a pesar de la extrema brevedad del texto: «Qué importaba que ahora para mí todo fuera anormal y excéntrico: me lo había buscado, y más me valía asumirlo».. Los libros de Aira, y también éste, están llenos de apuntes, detalles, notas y pequeñas digresiones que lo convierten en alguien único, reconocible y a la vez sorprendente y estrafalario, fácil y difícil a un tiempo, cercano e inasible. La obra de Aira es un sistema literario en sí misma, y no por su extensión sino por su propia naturaleza, tan distinta, tan certera, tantas veces genial.
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