La obra de la autora mexicana es brillante. Tiene hallazgos y momentos espectaculares y muestra a una escritura al acecho, que no se conforma con la cómoda repetición, sino que se arriesga con nuevas formas para las historias de siempre Leer
La obra de la autora mexicana es brillante. Tiene hallazgos y momentos espectaculares y muestra a una escritura al acecho, que no se conforma con la cómoda repetición, sino que se arriesga con nuevas formas para las historias de siempre Leer
Han pasado más de seis años desde que Valeria Luiselli (Ciudad de México, 1983) publicara Desierto sonoro (Sexto Piso, 2019), una novela deslumbrante y audaz, que contaba la descomposición de un matrimonio cuyos integrantes se habían conocido registrando sonidos. Era un viaje por el desierto y en la novela irrumpía la realidad en forma de caravana de niños migrantes; asunto que Luiselli trató en el ensayo-crónica periodística Los niños perdidos (Sexto Piso, 2016). Algunos de los hilos de Desierto sonoro reaparece en la nueva novela de Luiselli, Principio, medio, fin, que publica en Feltrinelli (el sello italiano acaba de abrir dependencia en España de la mano de Anagrama); de hecho, hay pistas sutiles que permiten leer Principio, medio, fin como una continuación de Desierto sonoro.. Feltrinelli. 360 páginas. 21,90 € Ebook: 11,99 €. Hay continuidad en los personajes (una madre y una hija, antes parte de una familia en la que había un marido, padrastro de la hija, con su hijo; como en Desierto sonoro), pero lo que toma Luiselli de su anterior novela tiene que ver también con la forma: la fragmentariedad del texto que se va casi señalizando con epígrafes que, en general, no tienen mucho que ver con lo que se cuenta en ellos, o dicho de otro modo, establecen con el texto una relación más bien metafórica. El idilio que Luiselli inició con el sonido en Desierto sonoro también sigue activo en Principio, medio, fin, aunque por otros medios: no es tanto el registro y traducción literaria de los sonidos como la plasmación de la novela en audiolibro con sus sonidos para ambientación grabados, nada de generaciones por ordenador.. Principio, medio, fin tiene tres partes y una cuarta, casi una adenda; cada sección lleva el nombre de un viento: Levante, Ponente, Scirocco y Maestrale. La narradora de Principio, medio, fin es una escritora que «llevaba un rato buscando algo así como un nuevo comienzo», en la vida pero también para un libro: «Lo único que tenía que hacer, o eso creía entonces, era responder a una pregunta: ¿cómo lo reinvento todo: nuestra historia, nuestras vidas cotidianas, nuestra forma de estar en el mundo? Por ahora íbamos a ser solo ella y yo». Aprovechando la gira europea de la promoción de su novela, decide llevarse a la hija y ver cómo reempezar. Para empezar de nuevo, en los cuentos y leyendas, siempre hay que ir al origen: la abuela de la narradora, Nanna, llegó a México, naufragando, desde Sicilia, desde un pueblo mínimo y de nombre prometedor, Philosophiana, donde la Nanna se hizo pasar por hombre para trabajar, primero como campesina, después como mano de obra de arqueólogos. Cuando descubrieron que era una mujer, la echaron. «[…] decidió migrar a las Américas, aprendió a leer y escribir a bordo del barco y fue una lectora voraz el resto de su vida, sobrevivió a un naufragio cerca de Veracruz, jugaba al ajedrez, era inconvenientemente guapa […] Perdió la memoria a los setenta y algo. Murió en un asilo para enfermos de la mente en la Ciudad de Méico en los años ochenta». Madre e hija acuden a pasar un verano en Catania.. La novela de Luiselli es un trenzado de temas y motivos; por un lado, está la madre que quiere hacerlo bien, cuidar a la niña bien, y escribir, porque es lo que ella es, escritora («lo único que me hace sentir que soy quien soy, lo único que me hace sentir que tengo ganas de estar, de seguir estando, de seguir adelante con la vida, es estar escribiendo algo que no puedo no escribir»). La narradora necesita recomponerse después de ese divorcio cuyas causas no explica ni a su hija. Por otro lado, está la relación de la madre y la hija, y de la madre con su propia madre: la sombra de la enfermedad de la Nanna aterra a la narradora y los mensajes que su madre le envía desde México no sirven del todo para despejar dudas: los textos, a veces un poco crípticos, que recibe pueden ser indicio de deterioro o expresión genuina de su excéntrico carácter. La narradora ha empezado una novela sobre una mujer que teme que su madre esté perdiendo la memoria y para que siga ejercitando su cerebro le encarga que traduzca lo que ella le vaya mandando. Hay alguna subtrama de enredo amoroso, la madre y «el turista», que no es turista, sino pianista y en cuya casa se alojan madre e hija solas unos días antes de que llegue él.. La madre y la hija no vuelven solo al origen de su estirpe de mujeres, vuelven también al origen de las historias, o de la literatura: entre Homero y Plinio (el Viejo o el Joven, aunque prefieren el Viejo), eligen a Plinio y su Historia natural, aunque nunca descartan los mitos; de hecho, el de Proteo sirve como guía narrativa de parte de la novela. «La primera cualidad de la trama, dice Aristóteles, es su completud: una trama es un todo. Y un todo, dice en la Poética, es simplemente algo que tiene un principio, un medio y un fin. Define el medio, la mitad, simplemente como aquello que está entre el principio y el final. De algún modo relega la parte de en medio a una existencia secundaria, a un lugar definido en virtud de lo que no es.», recuerda la narradora hablando de historias, pero se presta a proyectar esa mitad en ella misma, entre su madre y su hija, una mediadora o médium. Llego a esa interpretación empujada también por que en la tercera parte quien habla ya no es la narradora, sino su hija. La novela puede leerse también como una reescritura de la estructura mítica del viaje del héroe, solo que aquí es una heroína, o dos en realidad: madre e hija pasan por aventuras, tienen ayudantes y enemigos, hay objetos mágicos y el viaje que emprenden es también interior.. Luiselli pone en palabras de la narradora preguntas, reflexiones, temores y dudas sobre la relación de la ficción con la realidad: si se escribe a partir de la experiencia, deformándola, ¿qué recordaremos: lo escrito o lo que sucedió? Es decir, se pregunta por la contaminación literaria de la memoria. La literatura es plantear preguntas y señalar misterios más que resolverlos: la última parte («Proteo: prima materia (Maestrale)») añade una pieza más a ese rompecabezas al incorporar tanto las postales que la hija escribe y no manda como las polaroids, obra también de la hija. Es algo así como mostrar la «materia prima», el bruto de la realidad, de la que se partió para construir la ficción. Principio, medio, fin es un libro brillante, al modo en que Luiselli nos tiene acostumbrados, tiene hallazgos y momentos espectaculares, y sobre todo muestra a una escritora al acecho, que no se conforma y no la cómoda repetición, sino que arriesga y trata de dar con nuevas formas para las historias de siempre.
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